La música, “soundtrack” del aprendizaje

  • 14/02/2016 01:01
La música es uno de los mayores logros de la creatividad humana, nos llena el espíritu y va directo a las emociones

Para quienes trabajamos escuchando música y estudiamos con los audífonos puestos y a un volumen cuestionable -en especial para nuestros padres- resulta genial que la neurociencia nos dé una palmadita en la espalda.

La música es una manifestación que ha existido desde los orígenes de la humanidad. Inicialmente sirvió para expresar emociones, llegando a considerarse como posible precursora del habla. Su evolución va ligada a la del ser humano y numerosos estudiosos demuestran sus efectos positivos en cualquier ámbito de la vida, especialmente en el terreno de la adquisición de aprendizajes integrales, en los que intervienen los dos hemisferios del cerebro.

Desde el siglo pasado, la comunidad científica ha realizado innumerables investigaciones que validan y expanden nuestros conocimientos sobre la música y sus efectos, comprobando cómo estimula diferentes áreas del cerebro e influye en muchos aspectos biológicos, fisiológicos, intelectuales, sociales, espirituales y de comportamiento del ser humano.

‘Existe suficiente evidencia científica para sustentar que la experiencia y el entrenamiento musical cambian nuestro cerebro', afirma el doctor Charles Limb de la Universidad de John Hopkins. De acuerdo a sus investigaciones, además de los efectos que ejerce en aquellos que la estudian y que tocan algún instrumento, escuchar música entrena y mejora funciones cerebrales como la concentración, la memoria, el aprendizaje, la atención, la intuición y la creatividad.

‘La estructura, los intervalos, la calidad y el timbre armoniosos de la música y los patrones espaciales temporales de largo plazo son reconocidos por nuestro hemisferio no-dominante (en la mayoría de nosotros el hemisferio derecho). Por otro lado, el volumen que cambia rápidamente, la trayectoria exacta y rápida del tono, el tempo y la letra son reconocidos por el hemisferio dominante (en la mayoría de nosotros el izquierdo)', sostiene el psicólogo Manfred Clynes en su libro La música, la mente y el cerebro .

CUANDO NOS SENTIMOS MEJOR, RENDIMOS MÁS

‘La música mejora la calidad de vida, y favorece la relajación y el autocontrol. Además reduce el estrés, fortalece la vitalidad y el sistema nervioso y madura la comunicación personal e interpersonal al favorecer la apertura emocional', afirma la doctora Begoña Ibarrola, psicóloga, terapeuta infantil y profesora de musicoterapia de la Universidad Autónoma de Madrid. Escuchar música antes de estudiar o de tomar un examen ayuda a combatir el estrés, favoreciendo que se capte mejor la información y se rinda más.

Cuando se realizan tareas repetitivas, la música ayuda a que el proceso sea más placentero. Por otro lado, en un ambiente ruidoso, la música es un escape. Estudios realizados por la doctora Teresa Lesiuk (University of Windsor, Canadá) han comprobado que, quienes escuchan música mientras trabajan, completan sus tareas con mayor rapidez y aportan mejores ideas.

La injerencia de la música en el estado de ánimo es incuestionable. Se aprende más fácil y rápidamente en un estado de relajación y concentración profunda; se actúa más cuando se está estresado, pero se asimilan mejor los conceptos al estar relajado.

CONCENTRACIÓN Y APRENDIZAJE

‘El proceso de escuchar música podría ser la forma en la que el cerebro agudiza su habilidad de anticipar eventos y sostener la atención', afirma el doctor Jonathan Berger de Stanford University.

Al escuchar música, se activa la zona del lóbulo pre-frontal, encargada de mejorar la capacidad de concentración. Además, se estimulan las zonas del lóbulo temporal, elevando las habilidades matemáticas y del lenguaje.

Los estudios indican que es preferible escuchar música que nos sea familiar, en especial cuando se necesita mayor concentración para realizar un trabajo. En cambio, para proyectos creativos, sí podemos aventurarnos con música nueva. Nuestro cerebro es una enorme máquina de anticipar y de predicciones: la música novedosa nos sorprende y, por ende, exige más atención de nuestra parte.

La música instrumental –de clásica a electrónica- es ideal para las funciones cognitivas: exige menos atención, sobre todo cuando necesitamos concentrarnos en tareas verbales. La música con letras puede distraer demasiado, en especial si se requiere concentración absoluta.

LA BUENA FAMA DE LA MÚSICA CLÁSICA

Numerosos estudios comprueban las ventajas de escuchar música clásica, particularmente la música instrumental barroca. ‘La música barroca, como la compuesta por Bach, Handel o Telemann, de 50 a 80 compases por minuto, crea una atmósfera de enfoque que lleva a los estudiantes a una profunda concentración en el estado de ondas cerebrales alfa. Aprender vocabulario, memorizar hechos o leer con esta música es altamente efectivo', afirma Chris Boyd Brewer en sus estudios sobre música y aprendizaje. Algunos sostienen que la música barroca es particularmente efectiva porque sus compases son cónsonos con los latidos del corazón humano e inducen una sensación de estabilidad, orden y previsibilidad, generando un entorno apropiado para el estudio o el trabajo.

La música de Mozart, Haydn, u otros músicos del periodo clásico, con una estructura precisa, mejora la concentración, la memoria y la percepción espacial. Si bien no es del todo cierto aquello de que la música clásica nos hace más inteligentes, como sostenían las hipótesis detrás del ‘Efecto Mozart', sí proporciona al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales que permiten estar más alerta, concentrarnos y mejorar los procesos de aprendizaje.

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‘La música es ese terreno en el cual el espíritu vive, piensa e inventa',

LUDWIG VAN BEETHOVEN

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