La búsqueda del significado en la obra de Gabriela Esplá

La joven artista panameña presenta su segunda muestra individual denominada 'Interpretaciones' en la que el espectador tiene la oportunidad de nombrar cada uno de los cuadros exhibidos
La búsqueda del significado en la obra de Gabriela Esplá

La galería Mateo Sariel exhibe en sus paredes una serie de obras con diversos coloridos en gran formato. Quien procede a recorrer la muestra se encuentra con un pedestal donde reposan varios lápices y algunas hojas de papel. Al lado de cada uno de los cuadros, en lugar de una cédula se ubica un sobre. La intención es que el visitante ponga nombre a cada una de las obras de la exposición que la artista plástica Gabriela Esplá ha denominado Interpretaciones.

“Es una reflexión tautológica de lectura de imágenes, de las múltiples lecturas que puede tener una sola imagen”, comenta la artista.

En su experiencia como pintora, Gabriela nombraba una obra, sin embargo, alguien podía decirle “ pero yo veo otra cosa, ..”. “A raíz de todas las lecturas que mi obra ha tenido anteriormente, decidí hacer al público partícipe y que ellos interpretaran y me dijeran cómo se llama”, cuenta la artista.

La búsqueda del significado en la obra de Gabriela Esplá

Como resultado, en la noche de la inauguración de Interpretaciones, Espla se llevó una grata sorpresa. “Vi a los invitados de verdad detallando cada una de las obras . Tenía 240 papelitos y se acabaron. Me toco ir a buscar más” , dice.

El día de la entrevista en la galería la artista aprovechó para revisar los nombres propuestos de cada obra para hacer un listado.

“Hay cosas chistosísimas, pero también he visto que mucha gente coincide en su mirada y eso me llama mucho la atención”, afirma.

Las obras

Interpretaciones es la segunda muestra individual de Gabriela Esplá. La primera se presentó hace dos años y desde entonces, con la galería de arte había programado el siguiente trabajo. “Tenía algo más o menos planeado y mandé a hacer dos telas, pero no avanzaba mucho en ellas, quería hacer algo diferente”, reflexiona. Sus trabajos anteriores tenían más visos de paisaje. “Todas tenían una línea horizontal y en estas quería que se movieran un poco, que no fueran tan estáticas”, destaca.

Y en el camino fueron ocurriendo algunas cosa que poco a poco marcaron el camino, como una donación de 10 bastidores en gran formato, de un tamaño similar al que había empezado a pintar. Luego empezó a reflexionar sobre el color.

“Al principio la exposición iba a ser algo así como un retrato psicológico, de los estados de ánimo. Creo que hay algo muy humano en sentirse con mucha energía en un momento y luego sentirse muy deprimido y me interesaba el espacio entre una y otra situación”, detalla.

Y es que para la artista los colores están ligados al 100% con las emociones. “Me resultaba muy difícil pintar de verde y me puse a investigar y el verde está ligado a la melancolía y a la nostalgia mucha melancolía, mientras que el rojo me da vida, es muy vibrante”, analiza. Y al ir viendo el avance del trabajo, “me di cuenta de que hasta lo malo —expresado con oscuridad— tenía sus luces y que intentando hacer algo muy alegre tenía también detalles oscuros y decidí simplemente pintar”.

Sin embargo una de las obras ha sido un poco más meditada: un cuadro con tonalidades muy claras. “Trabajo con mucho color y quería darme el reto de hacer algo mucho más blanco y tengo como referente a Armando Reverón, un pintor venezolano que se fue a una playa y pintó en las madrugadas los resplandores del amanecer, una luz muy fuerte y sus paisajes de playa son muy blancos. Investigando resulta que Reverón nació el mismo día que yo y me dije ' es una señal', tengo que hacer este cuadro”, dice con una sonrisa.

Esplá ha identificado en una de sus obras un resumen de lo que ocurre en toda la serie.

Las imágenes, algunas como la inspirada en Reverón, muy blanca y otras bastante densas tienen algo en común. “Definitvamente parten de la selva”.

No fue hasta que Gabriela viajó a Bogotá a estudiar que se percató del hecho de que Panamá es una ciudad costeña y que además de haberse establecido en la costa, nuestra ciudad ha crecido en medio de la selva y esta, reclama sus espacios. “No nos vemos como costeños y esto tiene que ver con la negación de la bahía, que no nos bañamos en las costas de la ciudad, que nos alejamos de ese mar cerrando las ventanas y encendiendo el aire acondicionado”, medita. “Me preguntaban allá si yo era costeña y yo decía que no, hasta que me di cuenta que no soy costeña sino muy costeña porque además del Pacífico, estamos tan cerca del Caribe...”, recuerda.

En cuanto a la selva, pues vivimos en ella. “Siempre he encontrado como un confort en la naturaleza, en las plantas y me resulta tan interesante que unas plantas que en pueden ser tan bonitas y tiernas a la vez pueden ser muy fuertes. “Me di cuenta de que hay una invasión de la ciudad en la selva y la selva ofrece su resistencia. Mi pintura, por eso, se ha tornado más agresiva”, reconoce.

Por otra parte, no se puede negar la influencia que la obra de Ignacio Esplá, su padre, ha ejercido en ella.

“El trabajo que hizo mi papá lo tengo inmerso; la selva que él descubre cuando vienen a Panamá. Verla tanto y desde pequeña ha influido un montón en lo que hago”, asegura.

Y efectivamente muchos de los nombres escritos en los papelitos están relacionados con plantas, vegetación y selva, aunque también se nombran algunas emociones, además de atorrancias y chistes.

Nombre y significado

Gabriela Esplá tiene la hipótesis de que una obra no está terminada hasta que no esté nombrada. Aun así, colgó todos los cuadros sin identificarlos.

“Me encantan los juegos y pienso que el error del adulto es que deja de jugar y por ello tal vez estamos llenos de ansiedades”, asevera.

“Cada obra es el resultado de algo que tengo a dentro y aunque no los nombré formalmente, todos tienen una razón de ser. Pero al ponerle un nombre le cierro las posibilidades”, detalla.

Esplá quiere, de esta manera, explorar la búsqueda de significados de ciertas cosas que a primera vista no comprendemos y salir de la arbitrariedad del autor al guiar el pensamiento del espectador con una identificación.

“Quiero ser muy flexible con esto de los nombres, pero en el marco de un juego siempre se espera un premio y quienes hayan participado con los nombres querrán saber cual es el ganador. No creo que haya un título ganador”, dice. Eso sí, quien adquiera una obra se llevará también su lista de nombres.

Es probablemente lo más divertido de este juego, que las posibilidades son infinitas, a diferencia de lo que ocurre con el arte el día de hoy. “No buscamos nombrarlo; al revés, buscamos instrucciones de qué ver, cómo ver”. Así plantea Paula Kupfer en una reflexión sobre la obra que nos ofrece Gabriela Esplá.

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