Los guajiros llegaron a Panamá

  • 04/09/2015 02:00
Hoy se proyecta el primer largometraje del director Sebastián Labaronne, presentado por él mismo

Cuando Sebastián Labaronne llegó a La Habana, lo único que parecía inquietarlo era la calma de un grupo de campesinos ancianos.

Vivían en el interior, y llegó a ellos en su segunda visita a la isla, con un croquis que le había dibujado el sobrino nieto de aquellos veteranos. ‘Llegué sin que ellos supieran que yo llegaba, simplemente entré y les dije que era amigo de David', recuerda el realizador visual. ‘¡Ah, pasa, pasa, vamos a comer!', le respondieron. ‘Ya, ya está, ya era uno más de la familia', añade.

Empezó a convivir con ellos y producto de esa convivencia surgió Guajiros , su primer largometraje, que se proyecta hoy a las 7:00 pm en el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), y que el autor presentará. ‘Básicamente es un retrato de unos cinco, seis, abuelos, que son la mayoría como hermanos, que andan entre los 80 y 90 años y son afrodescendientes', explica el director.

EL LADO INEXPLORADO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA

El hecho de que los guajiros —como se les llama a los campesinos en Cuba— sean de ascendencia africana, ‘aporta otra perspectiva a la revolución cubana', según Labaronne. ‘Cómo la revolución cubana se queda con el ‘fuera los gringos', ‘fuera toda la dictadura', ‘igualdad para todos'; y, en esa igualdad para todos, es donde los afrodescendientes empiezan a cobrar sentido, porque un lado que no se habla nunca de la revolución cubana es que los afrodescendientes prácticamente seguían siendo esclavos antes de la revolución', esboza el cineasta.

En paralelo, se exhibe la documentación sobre cómo es el proceso del tabaco, cómo lo siembran, cómo lo cosechan, cómo lo riegan, cómo y a quién lo venden.

Otro de los hilos que surgen del planteamiento cinematográfico es la crítica a la ciudad. ‘La gente de Volcán me ha hablado pestes de los que viven en la ciudad de Panamá, y en la Argentina todos te van a hablar más de la gente de Buenos Aires. Esa rivalidad también s e aplica a Cuba, entonces, ellos, que son del interior, también hacen como ese descargo sobre los que viven en La Habana', señala Labaronne.

Esta mirada de los protagonistas se fija en conceptos como la alimentación de la ciudad, en aquel ‘lo comes sin saber de dónde viene', una especie de reclamo por ser quienes le están dando de comer a la urbe.

El director percibe en esas palabras quizás no resentimiento, pero sí un ‘sesgo de bronca' de que esa sea la realidad que les toca vivir.

LO MÁS DIFÍCIL DE UN DOCUMENTAL, EN CUBA

Cuando su amigo dibujaba el croquis de la casa de los ‘guajiros', solo le pidió un favor a Sebastián Labaronne. ‘Te autorizo que vayas siempre y cuando los cuides'.

¿De qué habría que cuidar a seis ancianos que viven trabajando la tierra? ‘Que los cuide quiere decir que no empiece a hacer preguntas que a más de uno se le antojaría hacer, como cómo sobreviven con eso, cómo es el tema de la doble moneda; digamos, meterse a hablar de la revolución como metiéndose a pinchar a ver qué', comenta el realizador.

Este es un punto donde se encuentran la realidad de los hechos, el estilo cinematográfico del autor y la edición, los cortes. Si en el documental los protagonistas hubiesen salido hablando mal del Estado, su sustento hubiese corrido peligro. ‘En el campo, las tierras son del Estado, y el Estado te las cede a cambio que vos las trabajes. El modelo no me disgusta, pero sí, si vos hablás mal del Estado, dependiendo de las características del Estado, puede ser que te las quiten'.

Para el director, quien estará hoy dialogando en torno a la proyección de su documental, más que difícil, se trataba de un reto el cómo poder mostrar ciertas contradicciones sin que los guajiros las dijeran. ‘O, a partir de una frasecita que uno pudiera decir, buscar la forma de que se pudiera ver sin que sea de manera violenta, sin que sea como en contra de la revolución, que tampoco era mi idea, pero sí la idea es buscar una cuestión que no idealice la revolución', dice el cineasta.

‘Yo amo a Fidel y a Dios', expresa una campesina veterana. Los guajiros manifiestan lo que son ,y uno puede entender la postura, pero tomando cierta distancia, explica Labaronne. Se trata de hacer algunas reflexiones a través de ciertos agujeros que se abren en las imágenes, como ver a un campesino entre 80 y 90 años aún trabajando, la imposibilidad de poder comprar un vehículo motorizado, lo escaso de sus recursos. ‘El reto fue buscar la forma de mostrar ciertas cosas sin lastimarlos a ellos, en el caso de que el documental tuviera cierto vuelo en Cuba', apunta el director.

No obstante, la única repercusión que el autor sabe que ha habido, es la que hubo en la familia de guajiros veteranos con los que convivió. ‘Uno de esos abuelos murió, entonces fue como toda una experiencia para ellos, que no están acostumbrados ni a la foto ni al cine, de repente, ver a su hermano que murió hace un mes, verlo en el video, hablando, tan vivo...'.

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