Si me fuera posible vivir

Liminalidad, unipersonal de Ximena Eleta de Sierra se presentó el pasado 11 de febrero en Xielo. Una reflexión sobre el pasado, presente y futuro

Doy nombre a esta nota recordando el verso homónimo del título bajo el cual se protege el segundo poemario póstumo del gran poeta panameño Gustavo Batista Cedeño. ¿No somos acaso eso, una posibilidad? Y, cabalgando en ella, ¿la certidumbre de una entelequia, esa capacidad que tiene el ser de llegar a ser lo que va a ser, como lo consignó Aristóteles?

Si nos fuera posible vivir, recorreríamos una ruta aparentemente lineal que, dejada atrás, llamaríamos pasado y, proyectada hacia adelante, futuro. En eso creo que estamos casi todos de acuerdo. No es necesario hablar aquí de dimensiones temporales más complejas. Demos concreción a la parte dejada atrás en una cuerda horizontal clara, y a la que proyectamos en una soga elástica, también horizontal, teñida de un verde sombrío. Entre ambas se yergue, como partiéndolas, la línea vertical del presente, que crea el espacio-tiempo donde acontece la liminalidad; concepto este último que se entiende como “un estado de transición; un periodo intermedio entre dos etapas, situaciones o condiciones distintas; un umbral; un lugar entre dos realidades” —según la sinopsis del programa digital preparado por Cie. Gramo Danse para la nueva propuesta escénica de Ximena Eleta de Sierra. En esa función especial, la artista celebra su 60 cumpleaños y, al mismo tiempo, recauda fondos para la FUNDACIÓN GRAMO DANSE, organización sin fines de lucro que desde 1998 ofrece oportunidades de desarrollo a través de la educación, creación y promoción de la danza aérea y contemporánea en Panamá.

Son las ocho de la noche del 11 de febrero de 2016. Estamos en Xielo, el espacio alternativo por excelencia. Un pasillo demarcado con cintas adhesivas semi fluorescentes parte en dos al grupo de personas que nos hemos convocado allí con el fin de celebrar la vida, el “si me fuera posible vivir” de un ser humano fuera de serie, con una vocación artística que ya ha dejado su impronta en los escenarios panameños e internacionales, no solo como intérprete, sino también como productora, coreógrafa de sus propios unipersonales, así como cogestora de uno de los más reputados encuentros de danza de la región. La pieza, con una dramaturgia elocuente asesorada por Carlos Algecira, es la representación que prueba con suficiencia que “Todos experimentamos liminalidades a través de nuestras vidas. Esta es solo una liminalidad. La mía. La de hoy”.

Ximena ingresa apenas alumbrada por una luz de ventana que deja a sus espaldas, y nos comparte fragmentos de su intimidad vital, su biografía, revelando datos que, si bien muy suyos, generan eco y seguro vibran en la misma frecuencia de muchos de quienes hemos podido sumarnos a esta experiencia. La liminalidad no es solo una, ni es exclusiva de una sola persona. Es de todos, ya lo dice. Y, también, todos somos sujetos de vivir varias a lo largo de nuestra ruta en esta Tierra cuya gravedad nos llama no nada más para caminarla sino, ¿al final de los tiempos?, para mezclarnos con ella.

Rayuela, niñez. Una mirada hacia el pasado (soga clara, en fijación) y hacia el provenir (soga elástica, oscura, propiciando imantaciones, tensiones, resistencias). El vals de los XV años. La progresión de las horas. El caminar. El camino. La mirada hacia la horizontal del futuro. El apogeo del día a día. Del año a año. El afán que es velocidad a ratos vertiginosa, durante días y años. ¿Va Ximena, vamos nosotros al futuro por propia voluntad? ¿O lo jalamos para que él venga hacia nosotros? O ¿acaso lo queremos adelantar, rebasar para fisgonear más allá de su penumbra? ¿Acaso nos jala él? Son múltiples las preguntas, y las emociones, y las percepciones de límite; tantas como ojos miran, contemplan, transitan pegados a la corporalidad de la intérprete en su rol de sí misma. Y he ahí que la danza de los opuestos se instala: vida recorrida versus porvenir; el presente en medio, partiéndolos, ya se dijo. La cuerda clara como símbolo de lo acontecido, de lo que ya pisó la ruta, alumbra, y da testimonio de ella. La liana liada liminalmente tratando de atrapar; la liana elástica como tentáculo ante el cual el cuerpo biológico-espiritual se resiste: esa la línea verde del tiempo propiciando fricciones, jalando... hacia un lado, hacia el otro. Y, de pronto, la pausa, el cuerpo que deja de ser el enlace entre la cuerda clara (el ayer) y la verde (el mañana). La trama de una sola dirección y dos sentidos opuestos: la física dando sus lecciones de desplazamiento con el cuerpo animado y en debate, en frenesí. El goce y la inexorabilidad de respirar en la frontera, de tomar consciencia del límite, debajo del nudo, de la liaison de la sogas. Y una hermosa voz en off dando lectura al poema «Liminalidad», suscrito por Ximena, poeta también, de reciente y notable publicación:

“como arena arada por las olas / su piel está surcada por llantos y carcajadas / sus discos herniados por giros y riesgos / pero siguen en ella el viento y las olas / el deseo de abrazar el mar // entre mareas // cuando aún la madre duda si cumplió / llantos recién nacidos vuelven a reverberar / en sus pasillos / y ella hurga en su memoria / por las canciones de cuna // entre mareas // aunque la danza todavía mueve sus pies y sus neuronas / y sus personajes la habitan / ya se debate entre ser quien figure / y ser la figura detrás del quién / comienza a despedirse de las luces / para dirigirlas desde la oscuridad // entre mareas // mientras aún le brotan / deseos de alcanzar estrellas / la tierra la llama y se siente suya / e intenta grabar en sus córneas / hongos y helechos / mariposas y musgo // entre mareas // marea alta, marea baja / se mece con las olas / en un vaivén constante / desde su punto medio / donde toca suelo / pero alcanza a vislumbrar el mar allá”

Y cuelga ahora ella como de un cordón umbilical en el vientre del cosmos, y gira en gas, líquido amniótico, vacío. ¿Vuelve al origen? ¿Vuelve a la matriz? ¿Solo lo sueña, lo soñamos? ¿Anticipa el final que es un comienzo? ¿En el maR allá?

«Si me fuera posible vivir / esa vida no vivida / que son todos los sueños / que me faltan». Cito otra vez, y no sé del todo por qué, a Batista. Y apago la luz. Y me despido.

¡Feliz cumpleaños, Ximena!

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