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- 18/01/2015 01:00
Un gallinazo aletea en descenso y se posa sobre una ventana de la Catedral Metropolitana. El buitre asoma la cabeza colándose por un agujero entre las persianas, pero se ahorra la entrada al templo. Desde hace seis meses, la iglesia recibe visitas de locales y turistas, además de servir como lugar para eventos especiales, misas ‘Te Deum’ y conciertos del INAC; pero hasta un día antes del ‘maquillaje’ que hoy exhibe —una breve limpieza previa a la restauración—, el polvo, las aves y alimañas, hacían estragos en uno de los patrimonios históricos y religiosos más importante del país.
A primera vista la fachada de la Catedral no reclama nada. Un residente, a paso ágil por la Plaza Mayor, no podría darse cuenta de las ventanillas centrales con vidrios rotos, los marcos destartalados, el cúmulo de cables que se colan detrás de la torre diestra, o de la simbólica maleza que brota en la humedad de la cúspide de esta misma columna, acercándose cada vez más a la cruz de un bronce resignado.
Por la Iglesia Catedral Santa María la Antigua no pasa una restauración desde 2004, año en el que se restituyó el diseño original de las puertas, una donación de la embajada alemana. Hoy, esas puertas no sirven ni pa’ leña.
Así las describe el presidente del Comité Amigos Iglesias Casco Antiguo (CAICA), Ricardo Gago, agregando que la reparación que se le hizo hace 11 años fue mal hecha, una restauración de muy mala calidad. El grupo al que pertenece, viene recolectando fondos para los arreglos de las cinco iglesias ubicadas en el emplazamiento histórico, labor que ha hecho posible la actual restauración del templo San Francisco de Asís.
La fachada de la Catedral Metropolitana parece, más bien, un catálogo de tonalidades de piedra, con bloques que van desde un claro color hueso hasta un gris lúgubre. En las fotos postales y en las imágenes captadas por viajeros, fotógrafos y moradores, tal vez nadie perciba que falta la estatua de uno de los apóstoles, o peor aún, la del propio Jesús, en cuyo espacio usualmente retozan palomas. Pero aquí el mayor pecado no parece ser contra la religión, sino en contra del patrimonio histórico.
El turista de visita única, por ejemplo, tampoco tendría forma de darse cuenta que el reloj de la torre izquierda no marca el tiempo, sino que sus agujas se congelaron marcando las 3:10 de alguna tarde, o tal vez alguna madrugada.
En lo que es ya una escena común, los visitantes suben la escalera de la única entrada —la principal—, siete gradas que simbolizan la clasificación de los vicios que enseña el cristianismo: los siete pecados capitales. Generalmente nadie se asoma a las partes laterales, donde en la diestra reposa un andamio, restos de escombros, algo de basura y desperdicios de bombitas de las fiestas que cerraron el año.
Al entrar a la capilla mayor, las visitas son recibidas por la humedad y dos personas designadas por el INAC. A mano izquierda, aún se encuentra una exhibición de la réplica de la Sábana Santa, mientras a la derecha descansan los restos del General Tomás Herrera. A lo largo del piso de este templo, que ha sido recientemente elevado a la categoría de Basílica Menor (título que como requisito sugiere la restauración del edificio), se emplazan una serie de lápidas de difuntos y familias completas enterradas, como dictaba una añeja costumbre, aunque algunos de los nombres están cubiertos por las bancas donde se sientan los fieles.
A la derecha del altar, están las rejillas de las catacumbas, de donde se desprende un olor a descompuesto, tal vez un felino de los que suelen escabullirse en este edificio. Hacia el otro lado se encuentran los restos de los obispos que han custodiado la gran iglesia, mientras que en la nave izquierda cuelgan dos urnas con los huesos de San Aurelio y San Getulio. En el techo del altar, reza una frase en latín: ‘Y las puertas del infierno no prevalecerán’.
PERSIGUIENDO EL PASADO
Durante un concierto de navidad que resonaba en la Catedral Metropolitana de Panamá, el año pasado el presidente Juan Carlos Varela anunciaría que la edificación sería restaurada bajo licitación. Las propuestas serán aceptadas hasta el 15 de abril y el presupuesto tope es 11 millones de balboas.
‘Para este trabajo de restauración se van a utilizar todos los planos y todas las investigaciones anteriores —aseguró a Facetas el arquitecto Wilhelm Franqueza, director nacional de Patrimonio Histórico—. Existen planos del 96, y del año 2000 que hizo el arquitecto Tarcisio Valdés con el arquitecto Domingo Varela’.
Sobre los planos de investigación de la Catedral ‘perdidos’ que realizó el arquitecto colombiano Pedro Rafael Tono Lemaitre, quien también participó en la elaboración del Plan Maestro, leyes y normas para restaurar el Casco Antiguo, en el 2000, Franqueza asevera poseer una ‘copia escaneada’. ‘¿Qué pasó con los planos (originales)? Nadie sabe. Ella (María Eugenia Herrera, ex directora del INAC) dice que dejó los planos en el despacho’, agrega.
El actual director de Patrimonio Histórico detalló que de este último documento se utilizarán los estudios previos, como de patología y levantamiento, ya que lo referente a electricidad, plomería y demás sistemas, se van a hacer de otra forma. ‘Realmente el trabajo de restauración de la Catedral en sí no es tan complicado, pero como es un edificio grande va a demorar 22 meses —dilucida Franqueza—. Pero digamos que las actividades más complicadas serían las restauraciones de los retablos y de los vitrales’.
El director detalla que se van a restaurar los existentes y los que han desaparecido habrá que reponerlos. ‘Esa reposición se hace en base a investigaciones históricas, digamos fotografías antiguas, y se trata de replicar. En el caso de que no hayan fotografías, entonces se van a usar los retablos de la época, del siglo XVIII’, añade.
Entretanto, el arquitecto Carmelo Bustamante, miembro de la Asociación de Conservadores y Restauradores de Panamá (ACRP), advierte que con respecto a la Catedral se tiene que aplicar cuidadosamente el concepto de conservación, lo que lleva a mantener la originalidad del conjunto sin cambiar el núcleo de la estructura. Con él concuerda José Ángel Escartín, miembro de la junta directiva de dicha asociación, para quien es fundamental mantener la esencia de los bienes patrimoniales. ‘Sino, quedamos como (la iglesia colonial) San Francisco de la Montaña. Muy bonito restaurado, pero tú le metes el dedo al artesonado y se te va el dedo, todo está podrido. Eso nada más tiene un cascarón, y no podemos caer en eso’.
Un ejemplo dentro de la misma capital podrían ser las dos torres de la fachada, las cuales están repelladas y pintadas de blanco, cuando originalmente eran de piedra, al igual que el resto del frente. No obstante, dentro de los planes de restauración no se tiene planeado quitarle el repello. ‘Se ha analizado la fachada y no vamos a volver a la torres viejas porque en la memoria de la comunidad actual, éstas han sido blancas siempre. Lo que se va a hacer únicamente es dejar las molduras de las torres en piedra vista, y el resto de las torres blanco’, enuncia Franqueza.
Los especialistas de la ACRP concuerdan que cuando un bien patrimonial está muy deteriorado, debería ser reemplazado. Gago, por su parte, señala que las seis campanas actuales –que no son las originales, puesto que éstas se derritieron durante el incendio de 1737– se bajarán y formarán parte de un museo de la gran iglesia.
De hecho, el pliego de cargos para la licitación confirma las declaraciones del director del CAICA. En este documento se especifican las áreas a restaurar, como el coro de la Catedral, que se retiró en 1962, además de la reapertura de la puerta que lleva hacia éste.
El pliego indica que se rescatarán las bóvedas que fueron derribadas en el siglo XX, cuyas cámaras serán condicionadas para colocar las instalaciones de iluminación, megafonía y seguridad, además de un sistema de ultrasonido para ahuyentar aves.
Asimismo, se vaciará el atrio para instalar el sistema de climatización, cuadros eléctricos y recogidas de lluvia, incluyendo un baño y una zona de visitantes con museo y tienda. En este último, se colocarán todas las piezas de la edificación que no puedan ser restaurados.
El documento menciona también la recuperación de la piedra original del murete de afuera, quitándole la pintura gris; la restauración de las escalinatas laterales, la instalación de un baldaquino basilical, la réplica de las esculturas faltantes –Jesús y un Apóstol– talladas en la misma clase de piedra que el resto, la colocación de un nuevo órgano tubular de aproximadamente 9 metros de alto, seis de ancho y dos de fondo.
En lo concerniente a las criptas, cuya restauración integral estima el documento en 190 mil balboas, se hará una entrada con nuevas escaleras desde la iglesia (detrás del retablo mayor) y otras desde la entrada interior del retablo a la cripta, se repararán las tumbas; y se revisará el pavimento reponiendo las losetas faltantes, por mencionar algunas modificaciones.
La restauración también contempla la iluminación del sitio, en la que se estará gastando aproximadamente 980 mil balboas. Es el rubro en que más se gastará, seguido por las fachadas exteriores (960 mil balboas) y la climatización (910 mil balboas). Frente a esto último, el arquitecto Gilberto Farrugia declara que se deben buscar soluciones que no perjudiquen el patrimonio, sin perforar paredes, ya que esto devaluaría los activos culturales.
A finales de abril, la comisión evaluadora de las propuestas para la licitación de la Catedral dará a conocer aquella con el mejor valor técnico. El ganador tendrá 30 días para empezar el trabajo, que contará con dos consultores internacionales —un arquitecto y un restaurador— designados por la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico del INAC; mientras que, por el lado nacional estará el apoyo técnico del INAC y de la Arquidiócesis de Panamá, con la ayuda del CAICA, según detalla el pliego de cargos.