Panamá La Vieja y un regreso en el tiempo

  • 11/04/2015 17:39
No todos asistieron a la cena de inauguración, pero el show de seguridad se mezcló con detalles elegantes en una jornada inolvidable

Corría el siglo XVII en Panamá, la ciudad de unos cientos de habitantes era dirigida por el gobernador Pedro Arias Dávila, la música medieval se escucha en el fondo mientras que vendedores de queso, chorizos, sandías y telas buscan colocar sus productos.

Anochese y los hombres siguen trabajando cargando las carretas, con sombreros de paja y sudando en labor y calor. A la luz de la luna, simulada por un juego de luces.

La escena antes descrita es una recreación como era la vida en Panamá, antes de que fuese atacada por el pirata inglés Henry Morgan. Al menos así lo entendieron a raíz de su investigación, el productor y director teatral Edwin Cedeño y su equipo, responsables de esta escenografía al aire libre. Con música del grupo saltimbanqui.

Un montaje especial realizado para la cena oficial de presidentes a propósito de la inauguración de la VII Cumbre de los Pueblos.


La solemnidad y la seguridad

La prensa estaba ubicada en su  sitio, una tarima mediana de tres escalones, desde allí nos ubicaron desde las 5 de la tarde frente al campanario de piedras que en su momento fue parte del convento.

¡Listos, ya! Era el grito de los tercios españoles: lanceros, rodeleros y arcabuceros cuando se acercaba una autoridad oficial.  Los 70 hombres, al mando del teniente David Blandón son parte de la Guardia presidencial. Ellos recreaban a la organización de gran supremacía en la España de hace siglos. Los Tercios fueron introducidos formalmente en el año 1534 y se convirtió en la unidad básica del ejército español. En su esencia integraba diferentes armas, con absoluta coordinación. Lo que se reflejó en la actuación de la noche.

Los primeros en llegar entre sirenas fueron las autoridades del gobierno panameño, como Roberto Roy, ministro del metro, Marcela Paredes, la ministra de educación panameña entre otros.

Así seguían sonando  las sirenas, los agentes de seguridad de distintos países revisaban los alrededores, siendo los primeros los estamentos estadounidenses que revisaron hasta abajo de las piedras, las mochilas y el podio de periodistas; y no conformes hubo un hombre con placa del FBI que giro constantemente durante 2 horas la tarima de periodistas.

En paralelo  continuaba el acto teatral que abrazaba la llegada de cientos de invitados. Seis hombres cargaban a la virgen María simulando una procesión encabezada por un monje vestido de blanco y de alguna forma emulando ese carácter cristiano que importó la colonia española.

En la alfombra roja la vicepresidenta Isabel De Saintmalo llegó de la mano de su esposo e hijos, con menos seguridad pero si escoltada por caballeros que observaban los alrededores. De SaintMalo eligió un vestido color negro y bordo satinado, sencillo, pero con elegancia característica y el cabello recogido.

El violín se escuchaba de fondo mientras que seguían llegando los invitados: los primeros en llegar fueron el presidente de México Enrique Peña Nieto, en su auto oficial, junto a una decena de guardaespaladas, él se mezclaba fácilmente entre ellos, por su tamaño y vestimenta. Él eligió un traje de sacó y corbata sencillo. Nada llamativo.

Las sirenas seguían sonando, en lo que parecía un tranque a lo panameño se armó frente a la alfombra roja. Un bus con sello de Cumbre de las Américas abrió su puerta dejándose ver varios mandatarios, quienes viajaron del Teatro Anayansi hasta Panamá La vieja en grupo.

Una de ellas fue Dilma Roussef quien con 8 guardaespaldas se bajo a paso rápido y dejando atrás a parte de sus agentes. Fiel a su estilo, la mandataria vistió un pantalón negro y una blusa de brillo con unos zapatos de tacón bajo. En su andar se veía cómoda y muy seria aunque saludo a las cámaras.

Desde su auto y rodeado de amigos empresarios estaban Stanley Motta, siguiéndole German Bern y su esposa. Quienes atravesaron la alfombra a paso rápido como la mayoría de los invitados.

El mandatario Juan Carlos Varela llegó elegante de la mano de la primera dama, Lorena Castillo, quien vestía un traje blanco hueso de encaje y mangas largas. Ella siempre sonriente, junto al mandatario panameño saludaron amablemente a los medios.

Pero mientras que los mandatarios que habían llegado se ubicaban para las fotos oficiales, se acercaba “La Bestia” y su señuelo, que transportaba al presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, rodeado de guardaespaldas  pero sin impedirle saludar a los medios y en un caminar confiado y sonriente.

Los que no se dejaron ver fueron los mandatarios Raúl Castro, de Cuba. No se vio pasar por la alfombra roja, pero según datos de personas que estuvieron en el sector de las mesas, donde la prensa no tenía acceso, el mandatario cubano si estuvo presente en la cena. 
Tampoco se vio al líder venezolano, Nicolás Maduro Moros, quien era esperado por la prensa pero no asistió.

La mandataria de la República Argentina no asistió a la invitación, ya que estaba en ese momento arribando a Panamá. Para la inauguración de la cumbre envió al canciller, Héctor Timerman.

Una de las primeras en retirarse fue Dilma Roussef, le siguió el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto y luego el mandatario Barack Obama. Para las 10 de la noche, Panamá La Vieja seguía sumida en el siglo XVII, en paz, con los 35 representantes de los países del continente. Abrazados por el pasado y en busca de un futuro común que nos rescate de nuestros problemas, más allá de fronteras. Como lo soñó simón Bolívar.

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