“¿Qué es lo que le impide venirse? ¡Que se venga! ¿Cuál es problema, pues? Lo que tienen es un show para ver cómo generan una campaña de intriga”, dijo...
- 20/06/2010 02:00
Generalmente detrás de estas palabras lo que venía era una cucharada de puré asqueroso, pero eso sí, muy bueno para tu crecimiento, (o eso te decían), que alguno de tus familiares, padres, abuelos o nanas te embutía hasta el fondo de la garganta. Después de varios vuelos de avioncitos, grúas o adminículos varios adecuados al cuento, solíamos aprendernos el truco y, en cuanto oíamos la frasecita y veíamos las circunvoluciones de la cuchara acercarse a nuestra área bucal, reaccionábamos en consecuencia, y según nuestro temperamento: o cerrábamos la boca tercamente o lanzábamos un directo a la bendita cuchara, regando papillita deliciosa por encima de lo que hubiera cerca. Generalmente los adultos, que suelen ser bastante tarados, pero se creen más listos que nadie, tardaban un poco más de tiempo y varias duchas en enterarse de que no queríamos ni el avioncito de morondanga ni lo que supuestamente nos traía. Pero miren ustedes por donde, años después, adultos nosotros a su vez, hechos y derechos, resulta que alguien nos trató de imbéciles con el cuento del avioncito... Metiéndonos a la fuerza una bazofia disfrazada de ley de aviación y pretendiendo que nadie se diera cuenta. ¡Qué ironía! Pero lo peor del caso es que ahora, en vez de dejarnos por lo menos el derecho al pataleo y permitirnos tratar de escupir el bodrio, nos han cerrado la boca como a los perros cuando quieres que se traguen la medicina. Y para rematar la humillación, encima tenemos que escuchar chulerías de unos y otros informándonos de que, a pesar de que nos manifestemos, la ley va porque va. O sea, ustedes piensan que tienen carta blanca estos cinco años para hacer y deshacer lo que les venga en gana. Lamento tener que decírselo, pero están muy equivocados, que otro gobierno haya sido peor no les da a ustedes gavela para ser malos. No convence a nadie eso de que, como el otro fue peor, me tienen que permitir a mí hacer lo que se me ocurra en mis sueños más delirantes. No señores, ¡ojalá los panameños no olviden los nombres de los responsables de esta tomadura de pelo!
Es triste imaginar a los señores que votan las leyes elucubrando cómo hacer para darnos gato por liebre. Olvidando completamente que ellos trabajan 'para' nosotros, porque por si no lo habían entendido, lo de servidores públicos se dice así porque 'sirven' o sea, que ustedes, por cinco años, están a nuestras órdenes, a las de todos los que con el sudor de nuestra frente cotizamos los impuestos que pagan su exorbitante sueldo y sus prebendas, sí señores, ustedes son asalariados nuestros, y si el niño no quiere tomarse la sopita no tienen que tratar de encontrar ninguna forma estúpida para hacernos tragar. No queremos y punto, el pueblo es soberano y puede decidir que no le da la soberana gana de tragarse la sopa de chorizo, de langosta o de fuselaje aeroespacial que están tratando de que cuele. ¡Venga ya señores! Ustedes están buscando que recordemos antiguas mañas y la sociedad en pleno les mande a volar su cucharada de bazofia. ¿Cuando van ustedes, señores políticos, a darse cuenta de que la sociedad panameña ya ha madurado? Que ya no se le pueden colar goles tan fácilmente. Que hemos aprendido a leer, a discernir y a protestar. Aprendan ustedes de una buena vez que las cosas no se hacen así, con personas inteligentes se razona y se argumenta, y si la sociedad en pleno les dice que no quiere deglutir su idea, den marcha atrás, recapitulen y preséntenla de nuevo. Pero esta vez no nos traten de meter el cuento del avioncito, ese ya nos los sabemos, porque vivos como ustedes ya hemos sufrido muchos. Y todos tienen el mismo sabor desagradable.