Persas vs árabes en el Golfo

Irán es un país singular. Mezcla de Islam chiíta y civilización persa, es un pedazo de tierra que a úna todas las condiciones para ser i...

Irán es un país singular. Mezcla de Islam chiíta y civilización persa, es un pedazo de tierra que a úna todas las condiciones para ser importante a nivel regional. El académico estadounidense Francis Fukuyama escribió una vez que los persas siempre parecen estar un par de pasos por delante de los árabes, sus eternos vecinos. De hecho, hace más de 30 años que Irán vivió su propia revolución. En plena Guerra Fría, los persas derrocaron al célebre Shah y recibieron con brazos abiertos al Ayatollah Khomeini. Dicen que más de cinco millones de personas fueron a recibirlo en Teherán a su llegada de París, números que harían sonrojar a cualquiera de las revoluciones árabes ’made in Al-Jazeera’.

La revolución islámica obtuvo poco tiempo después el baño de sangre que suele consolidar a todas las revoluciones exitosas: la guerra con Irak. Al término de la misma, Irán empezó a desperezarse, a abrir sus alas, como manda la historia. Ya en plena guerra, Irán había parido a Hezbollah en el Líbano, y los años siguientes vieron el surgimiento de la alianza con Siria y el crecimiento de la influencia iraní en su periferia.

En 2003, Bush Jr. decidió arriesgarlo todo a una carta y destruyó el dique que contenía la marea iraní: el Iraq de Saddam Hussein. Los persas, pacientes, se dedicaron mientras a fortalecer a Hezbollah, a Hamás en Gaza, a amigarse con chinos, rusos, turcos, indios, y hasta a cruzar medio mundo para abrazarse con Chávez, Lula o Evo. El asunto nuclear ha sido sólo el último de los incidentes que muestran el balance de poder en la región. Por un lado está Irán. Por el otro, EEUU, Israel y...la mayoría de países árabes, especialmente Egipto y Arabia Saudita, que ya han pedido varias veces a Washington que ‘corte la cabeza de la serpiente’ persa. Ésta es la situación que ha definido la política de la región en las últimas décadas.

BAHREIN: PRIMERA BATALLA

La región entraba al 2011 con una situación ya de por sí complicada: EEUU en pleno proceso de retirada de Irak y Afganistán sin haber logrado establecer gobiernos fuertes y pro-americanos, dejando un vacío de poder que ya empieza a tomar forma. Encima, a los tunecinos les dio por ’prender el rancho’ e iniciar una ola de revueltas que pasó por Egipto, tiene a Libia en plena guerra civil, y ahora llegó a la región verdaderamente estratégica: el Golfo Pérsico, la gasolinera del mundo. En este contexto, no hay ninguna situación –ni siquiera la libia—más importante que la que se vive en Bahrein. Lo que a primera vista parece un país insignificante (una isla de 750 km2 y 1.2 millones de personas) es en realidad el primer campo de batalla entre los luchadores mencionados anteriormente (excepto Egipto, que está off por un rato).

Bahrein es un país árabe de mayoría chiíta. Por siglos estuvo dominado por los persas hasta que en 1783 empezó a ser gobernada por una monarquía sunita, los Al Khalifa. Las condiciones, entonces, llevan ahí muchísimo tiempo: los chiítas son más y viven peor; los sunitas son menos y se llevan todo el pastel. Así explotaron las protestas el 14 de febrero, y aún no han parado. En la actualidad, la oposición se encuentra dividida. Por un lado hay una ‘Coalición por la República’ que exige derrocar a la monarquía. Por otro, está el grupo opositor más grande, Al Wefaq, cuyas exigencias tienen un tono menos radical: la reforma política y económica que permita a los chiítas vivir mejor y sin discriminación. El gobierno y la oposición se encuentran en plena batalla y, por supuesto, tanto Irán como Arabia Saudita han recibido delegaciones bahreiníes para consultar la situación.

Es imposible predecir lo que va a suceder en Bahrein, pero sí sabemos porqué es importante lo que allí ocurra. Bahrein es sólo la primera batalla, pero detrás de ella están otros países del Golfo y, por encima de todo, Arabia Saudita. Los chiítas saudíes se encuentran predominantemente en el este del país, al lado de Bahrein y en una región que produce gran parte del petróleo saudí. No hay que ser un genio para entender lo que una revuelta chíta acarrearía para el reino saudí y, ésta vez con seguridad, para el resto del mundo.

ÁRABES Y PERSAS: AJEDREZ COMPLICADO

Arabia Saudita no ha sido inmune a los acontecimientos de su ’barrio’. ¿Cómo serlo, cuando Yemen, Omán y Bahrein están en llamas? A los saudíes, que cuentan con una población extremadamente jóven (50% tiene menos de 18 años), un 20% de desempleo y están en medio de una complicadísima transición generacional de poder, no les ha podido llegar esta ola de protestas en peor momento. El viernes hubo el primer ‘día de ira’. Seguramente no será el último.

Todo ésto nos trae de vuelta a Irán, en donde el establishment liderado por la dupla Khamenei-Ahmadinejad parece más fuerte que nunca. Ésta semana, sin ir más lejos, fue desbancado de la presidencia de la Asamblea de Expertos (que escoge al líder supremo) nada menos que Hashemi Rafsanjani, uno de los hombres más poderosos del país y archienemigo de Ahmadinejad. Huelga decir, además, que el débil movimiento reformista (con sus dos líderes en la cárcel) no supone ninguna amenaza inmediata para Teherán.

Así están las cosas. Pase lo que pase en la región, Irán se va a ver beneficiado, y EEUU, Israel, Arabia Saudita - y todas las élites del actual (o antiguo) orden regional-, perjudicados. Lo que está ocurriendo ahora en la región, especialmente en el Golfo, es una tensa partida de ajedrez, en la que los persas juegan para aumentar las ganancias y los saudíes-americanos-israelíes para minimizar daños. El antiguo orden regional (y, si la cosa se pone fea, energético global) va a cambiar, pero cuánto cambiará va a depender de cómo termine la partida. El rey –Abdullah—aún está a salvo, aunque el jaque mate puede llegar más pronto que tarde. Pero antes, hay que ir peón por peón. El primero es Bahrein.

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