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- 26/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️La innovación mundial avanza a una velocidad sin precedentes, impulsada por la inteligencia artificial y la expansión del conocimiento, pero sus beneficios continúan concentrándose en pocos países, regiones y empresas.
Esa fue una de las conclusiones expuestas por la Dra. Lorena Rivera León, economista senior y coeditora del Índice Mundial de Innovación (GII) de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en una ponencia que brindó durante el Encuentro de la Red Latinoamericana de Agencias de Innovación (Relai) 2026, celebrado en Río de Janeiro, Brasil, este mes de junio, en el apoyo de Finep y el Banco Interamericano de Desarrollo.
“Vivimos una paradoja: hay más conocimiento que nunca, pero no necesariamente más innovación para todos”, señaló la especialista al presentar un diagnóstico sobre el desempeño innovador de América Latina y los desafíos que enfrenta la región para fortalecer sus ecosistemas de innovación.
Rivera León explicó que la economía mundial está experimentando una transformación profunda, en la que los activos intangibles -como el conocimiento, los datos, el software y la propiedad intelectual- crecen tres veces más rápido que los activos físicos tradicionales. Sin embargo, advirtió que la capacidad para generar y aprovechar innovación sigue altamente concentrada.
Mientras que Estados Unidos concentra gran parte del capital de riesgo asociado a la inteligencia artificial, América Latina enfrenta dificultades para traducir sus capacidades científicas y educativas en resultados económicos y tecnológicos.
“Muchas economías latinoamericanas cuentan con buenos insumos para innovar, pero tienen dificultades para cosechar resultados”, explicó.
La experta señaló que el problema no radica únicamente en la inversión, sino en la capacidad de los ecosistemas para transformar el conocimiento en productos, empresas, tecnologías y soluciones con impacto económico y social.
Entre los principales obstáculos identificó la débil vinculación entre universidades y empresas, la baja inversión privada en investigación y desarrollo, la fragmentación institucional y la limitada disponibilidad de financiamiento para escalar innovaciones.
En materia de inversión, destacó que Brasil sigue siendo el único país de América Latina que destina más del 1 % de su PIB a investigación y desarrollo, mientras que Brasil y Colombia lideran la inversión en I+D financiada por las empresas dentro de la región.
La especialista subrayó además que no existe un único modelo latinoamericano de innovación. Mientras Brasil cuenta con un sistema científico y tecnológico de gran escala, países como Chile y Uruguay presentan ecosistemas más consolidados; Colombia y Costa Rica emergen como polos dinámicos de emprendimiento, y naciones como Panamá, Perú y Argentina muestran fortalezas específicas en sectores estratégicos sobre las cuales pueden construir estrategias diferenciadas.
Ante este panorama, Rivera León propuso una agenda regional basada en cinco prioridades: fortalecer las capacidades tecnológicas de las empresas, mejorar la conexión universidad-empresa, utilizar estratégicamente la propiedad intelectual, desarrollar políticas públicas integradas de innovación y fomentar el aprendizaje entre agencias de innovación de la región.
En una entrevista a este medio, profundizó en la apuesta de la región en materia de innovación, realizó un diagnóstico de la situación de Panamá y analizó los desafíos que enfrenta América Latina para mejorar su competitividad.
“Algo que es muy común en todos los países de la región es que en los últimos años hemos visto un estancamiento relativo en donde no ha logrado mejorar en el eslabón de la innovación, y hemos visto cómo otros países de diferentes regiones, sobre todo del Sudeste Asiático, también nos han rebasado”, afirmó.
Según la economista, la principal debilidad regional radica en la capacidad de transformar la inversión en resultados tangibles. “La mayor debilidad de la región es justamente esta transformación entre inversión e innovación con los resultados de la innovación”, sostuvo.
Al referirse a los países que han mostrado avances, destacó el caso de Chile, que lideró la región en el Índice Mundial de Innovación 2025. “Hemos visto muchos programas de apoyo a la inversión en I&D desde las empresas. Estas políticas que incentivan la participación del sector privado en la innovación son ejemplos que deben resaltarse porque sí han generado un impacto muy concreto”, indicó.
Sobre Panamá, Rivera León consideró que el país cuenta con importantes fortalezas derivadas de su posición geográfica y su papel como centro logístico y comercial internacional. Sin embargo, advirtió que el principal desafío consiste en aprovechar mejor ese flujo de conocimiento y oportunidades.
“Panamá es un caso interesante porque tiene muchas características positivas en relación con los insumos, pero el reto principal es justamente la capacidad del ecosistema nacional de absorber todas las oportunidades que vienen con el comercio e intercambio internacionales”, explicó.
Añadió que una de las áreas de mejora se relaciona con la incorporación de conocimiento y tecnología en la actividad productiva nacional. “El reto es mejorar la absorción de las empresas y también la capacidad de poder utilizar la inversión de forma que el ecosistema nacional aproveche justamente ese conocimiento extranjero”, señaló.
La especialista también destacó que la productividad continúa siendo uno de los indicadores más relevantes para medir el impacto de la innovación. Aunque reconoció que América Latina presenta avances desiguales, enfatizó que los países con mejores resultados son aquellos que han apostado por inversiones en conocimiento y activos intangibles.
“Los países que han crecido más en productividad tienen una mayor inversión en intangibles, en conocimiento, en cosas que son un poco más soft, que no son tan tradicionales”, comentó.
Respecto al auge de la inteligencia artificial, advirtió que la región debe encontrar mecanismos para beneficiarse de esta revolución tecnológica sin descuidar otros sectores estratégicos.
“Los datos también nos enseñan que esta inversión está muy concentrada en muy pocos países, prácticamente América del Norte, Estados Unidos, y en muy pocas empresas”, afirmó.
Otro de los desafíos identificados es la transferencia de conocimiento desde las universidades y centros de investigación hacia el sector productivo.
“Mucha de la evidencia que nosotros hemos recopilado justamente nos habla de estos lazos que están rotos o no hay mucha comunicación que favorezca los lazos entre academia y el sector privado”, explicó. A su juicio, fortalecer esa conexión es fundamental para que la ciencia genere soluciones con impacto económico y social.
Finalmente, destacó el potencial de América Latina para impulsar innovación orientada a la sostenibilidad ambiental. En ese contexto, señaló que Panamá cuenta con ventajas importantes gracias a la prioridad que ha otorgado a los temas ambientales dentro de su agenda de desarrollo.
“La innovación no depende únicamente de cuánto se invierte, sino de la calidad de las conexiones, la coordinación de los actores y la capacidad de convertir conocimiento en impacto”, reflexiona.