Cuento

Entre el rico sumai y una sopa de fideos

En medio de un sumai oriental, se enciende la tradición china. Son notas de madera las que percibe mi paladar, al recordar a aquella chinita con sus fideos. Quizás, aquella dama oriental, cautivo con su templanza y carisma, al ofrecer panecillos. Una muestra de lo cerca que se encuentra el mundo occidental con aquel té de jengibre. Este mundo de hoy dibuja nuestras culturas con sabor afrodisiaco.

Al llegar la tarde el arroz frito, en medio de una sopa de fideos, es el inicio de un mosaico de tradiciones. Son notas perfectas que se combinan con la chinita de la lavandería. Notas que dejan huellas, en el trabajo, con sandalias curtidas por el calor. Es el sueño de un caminante el que las panderetas y el rebuznar del caballo traigan prosperidad a ambas naciones.

Una que anhela el confort de ambas culturas. Un sueño que saborea el rico sumai y los mafas hechos con cariño. En aquel mundo paralelo el soborno, con la llamada ñapa, convierte las granizadas en tormentas de arena. Es una canción desesperada ver el desprecio por trabajar con empeño, a pesar de compartir juegos de antaño. Hoy China y Panamá comparten, más que sabores, tradiciones.

Llega la noche y en Panamá los juegos de azar conquistan el mundo oriental. Al recordar a la chinita alta, mi corazón se transporta a la muralla china. Un sueño que vivo entre abarroterías y electrónicas. Un mundo sin complejos es el añorado, con la chinita, que ofrece amabilidad y tradición. Aquel que pasa largas horas, con cartas sin membretar, a una diplomacia sin ataduras.

El viaje a medianoche inicia con la canasta de golosinas. Un despertar casi profano es ver esculturas y callejuelas destruidas. Mi alma de bardo siente entre arroyuelos, de agua viva, correr la historia milenaria de cientos de trabajadores. Una historia plagada de vicios, pero que merece reconocer a los hijos del tigre. Una noche que se completa al imaginar la tarde de té y porcelana.

Esta alma de niño siente volar cometas, a lo largo de los himalayas. Una historia primitiva que recuerda los nexos de China con Europa. Esta globalización inicial envuelve en esa red a América. Viajes que recuerdan el sacrificio por la plata y la codicia por oro. Cientos de personas migraron por el ferrocarril transistmico y por la búsqueda de trabajo en el istmo. Hoy, el té diplomático, tiene un fuerte sabor a hojas de mostaza.

Dumas Alberto Myrie Sánchez

Especialidad: Geografía Regional de Panamá. Licenciatura en Geografía e Historia. Maestría en Geografía Regional de Panamá. Docente en el Ministerio de Educacióny en instituciones de educación superior. Artículos de opinión en El Panamá América, La Estrella de Panamá y revista cultural Lotería. Autor de los libros “Memorias de un bardo” y “Escritos de un sobreviviente”.

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