Las emociones mueven al mundo

La ciencia demuestra que no decidimos solo con la razón. Las emociones guían el consumo, la conducta, la política y las relaciones humanas, influyendo incluso en la salud mental y la vida cotidiana

Es entendible que un hombre como Trump diga, y cito: “no siento pena por él” al referirse al cáncer avanzado del expresidente Biden, en especial, porque más de 30 expertos en psiquiatría alrededor del mundo lo tienen bien tipificado como psicópata; o sea, una persona que carece de empatía, humanidad y conexión emocional con un alto grado de manipulación y narcisismo.

Ya lo decía Vincent Van Gogh: “las emociones son las capitanas de nuestra vida y las seguimos sin darnos cuenta”. Hoy, hasta el mundo del neuromarketing tiene clarísimo que compramos de forma emocional y no racional en la gran mayoría de los casos. Día a día muchas de nuestras decisiones las tomamos gracias a nuestros estados anímicos.

Si bien existen dos condiciones en el mundo que pueden ser (por ahora) las únicas que impiden conectarnos a las emociones; una es la alexitimia (dificultad para identificar y expresar emociones) y la otra, la psicopatía (tendencia a la manipulación, con una altísima falta de empatía) no hay razón alguna para que una especie en este planeta, le sea imposible conectarse a sus emociones internas o a las de otro, más aún, teniendo un cerebro triuno.

¿Qué es el cerebro triuno? preguntará usted amigo lector. Bueno, la teoría del cerebro triuno de Paul MacLean, propone que nuestro cerebro está compuesto por tres “áreas” que se desarrollaron en distintas etapas evolutivas: el cerebro reptiliano (aquí están los instintos básicos de supervivencia), el sistema límbico (donde habitan las emociones y vínculos) y la neocorteza (donde se desarrolla el pensamiento racional y lenguaje).

Todas nuestras emociones tienen múltiples canales para expresarse, desde el rostro, pasando por el cuerpo y llegando a los pies o manos. El rostro, de hecho, es uno de los canales más evidentes de las emociones y, aunque no lo crea, es el más complejo de comprender pues desde chicos, aprendimos a crear máscaras que ocultan nuestras emociones.

A menos que usted parezca de una condición llamada Moebius, o síndrome de Moebius, la cual es una afección congénita poco frecuente que causa la parálisis de ciertos nervios craneales, principalmente el séptimo (facial) y el sexto (abducens), lo que resulta en la incapacidad de mover los músculos faciales, lo que impide, por ejemplo, sonreír o parpadear o, que haya tenido un accidente cerebro vascular, el rostro es el mapa más accesible para conocer los estados emocionales.

Sigmund Freud decías que las emociones no expresadas nunca mueren y que están enterradas vivas pues, tarde o temprano, suelen aparecer de maneras desagradables. Dicho de otra manera, ese volcán que hemos contenido ante situaciones extremas o tensa, siempre explotará cuando menos lo esperamos.

Todo lo que ha leído, ¿es nuevo? ¡No! Charles Darwin fue, en 1872, el pionero en el estudio de las emociones a través de su obra “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, y ahí argumentó que las expresiones emocionales son adaptaciones evolutivas universales, compartidas por humanos y animales, que sirven para comunicar estados internos y han tenido valor adaptativo a lo largo de la historia. Su investigación sentó las bases para la etología y la psicología evolutiva, demostrando la existencia de patrones de expresión emocional innatos y la conexión entre el comportamiento animal y humano.

El Dr. Paul Ekman, estudiando tribus y pacientes de hospitales psiquiátricos descubrió las microexpresiones o sea, pequeños rasgos del rostro que delatan las siete emociones primarias como: felicidad, ira, asco, desprecio, miedo, sorpresa y tristeza.

Gracias a todos estos estudios, el FBI creó la unidad de análisis conductual para perfilación criminal, también se ha mejorado las tecnologías que leen nuestros rostros, temperaturas, movimientos corporales y hasta la dilatación de la pupila en aeropuertos y ciudades.

Las empresas como Disney y Google lucran con las emociones y crean contenidos o programas que influyen directamente en ellas, ¿cuál cree usted que es la base científica para los algoritmos de Google Analitics? Otras empresas como Yahoo, Apple, Toyota, Netflix, Spotify y muchas más que marchan entre las industrias de comida y consumo, estudian las emociones de sus usuarios y crean productos para satisfacer deseos y necesidades.

Empresas que se toman realmente en serio el servicio al cliente, dentro de sus departamentos de Recursos humanos, están contratando a personas como yo, expertos en lenguaje corporal, microexpresiones faciales, detección de mentiras y análisis conductual para perfilación, para asesorías en comunicación y para crear cursos de servicio al cliente, talleres de ventas o manejos de crisis para sus colaboradores.

Las empresas que, si buscan un cambio positivo en su servicio, entienden que con la alegría se facilita la integración e interacción, con el enojo, al incrementarse la adrenalina, frecuencia cardiaca e irrigación muscular, mejoramos la concentración y focalización ocular y nos permite actuar intensa e inmediatamente. Con el miedo, por ejemplo, estamos alertas y nos activa un radar interno para estar más activos o pasivos.

Con la tristeza, la cual tampoco es grata como el miedo o la ira, se dan acciones como el aislamiento y nos permite pensar para buscar una salida mejor. Mientras que, con la sorpresa se genera una mayor apertura de ojos lo que nos permite explorar mejor el entorno y, con el asco, nos mantenemos alejados del peligro... ¿aun duda que las emociones no nos controlan?

Ya ni hablemos de la relación directa que tienen las emociones con nuestra salud mental, con el burnout (síndrome de desgaste profesional), con el bullying en los colegios, universidades y empresas y con nuestra vida misma, sea personal o profesional. Entonces amigo lector, ¡sí! las emociones mueven al mundo, en especial, SU mundo, así que le recomiendo tomar un taller para su crecimiento diario.

Lo Nuevo