Luis García Montero: “El español no pertenece a un académico; pertenece a sus hablantes”

  • 28/05/2026 00:00
En esta entrevista con ‘La Estrella de Panamá’, el director del Instituto Cervantes reflexiona sobre el futuro de la lengua, el impacto de figuras como Rubén Blades y Bad Bunny, y sostiene que el español “pertenece a sus hablantes y no a los académicos”

El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente transformación. Sobre esa idea gira buena parte de la visión que defiende el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, quien visitó Panamá en el contexto del festival literario Centroamérica Cuenta de la entrega del legado del cantautor panameño Rubén Blades a la Caja de las Letras de la institución.

En conversación con La Estrella de Panamá, reflexionó sobre el crecimiento global del español, la importancia de respetar la diversidad lingüística, el impacto de la cultura popular en la expansión del idioma y los desafíos que enfrenta la lengua en tiempos de inteligencia artificial, globalización, cambios tecnológicos, además del papel que tendrá Panamá como sede del próximo Congreso de la Lengua en 2028.

¿Para quiénes no lo saben, qué es el Instituto Cervantes?

El Instituto Cervantes se fundó en 1991. Si se compara con otras instituciones europeas, el instituto es joven. La Alianza Francesa empezó a finales del siglo XIX, el British Council a principios del siglo XX, y a mediados del siglo XX el Dante Alighieri de Italia o el Instituto Goethe en Alemania.

Cuento esto para responder a tu pregunta desde la conciencia de que el instituto empezó muy tarde. ¿Por qué? Porque durante años en España había una dictadura, y defender el español se encauzaba en los criterios imperiales de la dictadura, como si estuviesen hablando de Hernán Cortés, de la conquista, y como si el idioma fuese un patrimonio exclusivo de los españoles; un patrimonio, además, desolador y borrador de todo lo demás.

La democracia tomó conciencia de la importancia del idioma y se creó el Instituto Cervantes para divulgar la cultura española y la cultura en español. ¿Eso qué significa? Que la cultura española no es solo la que se habla en español, sino que hay otras lenguas como el catalán, el gallego y el euskera, y el compromiso es con todas las tradiciones de la diversidad española.

Por otra parte, la cultura en español significa la toma de conciencia de que los españoles somos apenas el 9% de un idioma. Nos acercamos a 50 millones de hablantes en España, pero el español tiene más de 530 millones de hablantes nativos, y hay además otros 100 millones que lo han aprendido como segundo idioma. Es decir, tenemos un idioma en el que se entienden más de 600 millones de personas.

¿Y eso qué significa? Significa que el Instituto Cervantes trabaja sintiendo que forma parte de una comunidad muy amplia donde la cooperación y el respeto a la diversidad son necesarios. No se puede mantener un idioma como el español si no se respeta la diversidad de cómo se habla en Panamá, en Bogotá, en México, en Buenos Aires, o en ciudades españolas como Sevilla, Barcelona o Salamanca. Esa es la tarea del instituto y por eso nos gusta defender un idioma que ocupa un papel fundamental en el horizonte internacional y, por tanto, en la defensa de la multiculturalidad, del diálogo entre civilizaciones y de los derechos humanos que deben ordenar la convivencia.

Teniendo en cuenta que la cultura es capaz de tender puentes, ¿qué es lo que cree usted que hace que un japonés o un marroquí se interese en el español?

Hay motivos culturales evidentes: el español tiene una cultura muy importante, son 600 millones de personas que hablan la lengua en la que escribió Cervantes, Mario Vargas Llosa, Rosario Castellanos o en la que escriben ahora muchos jóvenes escritores de todo el mundo.

Pero al mismo tiempo hay otros elementos. No solo está la cultura de las universidades y la necesidad de investigar en la ciencia o en la tecnología; está también la cultura popular. Resulta que en español hay un cine que interesa, unas telenovelas que interesan y una música popular que interesa. De pronto te enteras de que hay gente que ha querido estudiar español porque ha oído a Joan Manuel Serrat o a Rubén Blades. Eso hay que aprovecharlo.

Añado un dato más: la economía es global. Hay grandes compañías en China que están invirtiendo en América Latina en grandes obras de infraestructura, y les interesa formar ejecutivos que hablen español para que, cuando lleguen a Costa Rica o a Perú, dominen el idioma porque eso facilita sus operaciones.

O sea, que hay muchas razones de distintos tipos que nosotros analizamos en nuestros resúmenes anuales. Analizamos por qué han subido tanto los estudiantes de español en los centros Cervantes de Pekín y Shanghái, por qué hay tanto interés por la cultura española en Bucarest, o por qué de pronto en los Estados Unidos se disparan los jóvenes que quieren defender el español y que se identifican con Bad Bunny, incluso cuando ha habido contextos políticos donde se ha intentado borrar el español de las páginas web oficiales de la Casa Blanca.

Es un idioma que es el segundo del mundo por hablantes nativos después del chino mandarín. Es un idioma que se ha abierto a una comunidad formada por más de 20 países a lo largo del mundo. Por eso es tan importante tomarse en serio las palabras que se dicen en español.

¿Cuál es su punto de vista en torno al uso de los neologismos y los extranjerismos en el español?

Yo creo que es muy importante ejercer el sentido común, que es la mejor manera de respetar nuestro idioma. ¿Y qué te dice el sentido común? Que una lengua está en movimiento, que está en manos y en los labios de sus hablantes. Por lo tanto, que se vayan incorporando palabras nuevas es fruto de ese movimiento, y aceptar eso es de sentido común. El idioma no pertenece a un académico que te diga cómo tienes que hablar; pertenece a una comunidad materna donde se van unas palabras y llegan otras porque manda la comunicación y los contextos.

Pero también es de sentido común decir: si tenemos una palabra de nuestro idioma, de la tradición panameña, por ejemplo, para nombrar algo, ¿qué sentido tiene que incorporemos una palabra del inglés si ya tenemos la nuestra? Pues intentar, frente a los neologismos, usar nuestras palabras de siempre; eso también es sentido común.

Es sentido común también saber que tenemos un idioma tan fuerte que si llega una palabra de fuera y sirve para nombrar algo nuevo, se va a quedar. Pero si es solo una ocurrencia y no añade nada, en unos años esa moda va a desaparecer y se va a olvidar con la misma celeridad con la que se aceptó.

Yo, como profesor, he estudiado grandes reflexiones de filósofos y filólogos del siglo XVIII que decían: ‘El español está en peligro, se están utilizando muchas palabras en francés, que es la lengua imperial, y esto va a acabar mal’. El francés no acabó con el español, y el inglés tampoco va a acabar con el español. El español es un idioma vivo y lo que tenemos que pedir es sensatez para utilizarlo de una manera que respete la diversidad y que al mismo tiempo asegure la unidad. Por eso es sensato decir: vamos a mantener vivo el idioma, pero, por favor, que esa vida conduzca a seguir entendiéndonos entre tantos millones de personas.

Usted firmó un acuerdo con el Ministerio de Educación para celebrar el Congreso de la Lengua Española de 2028. ¿Cómo se llegó a esta decisión?

El Instituto Cervantes puso en marcha en 1997 los Congresos Internacionales de la Lengua Española porque nos parece muy importante celebrar la comunidad del idioma y analizar las situaciones en las que viven nuestras sociedades a través de él. Se puede analizar si hay más o menos hablantes, pero también qué palabras están de moda y qué significado le damos, por ejemplo, a la palabra libertad o a la palabra igualdad. Porque no es lo mismo la libertad que respeta la conciencia de la diversidad de todos que la libertad entendida como la ley del más fuerte para hacer lo que a uno le salga de las narices.

Esos debates son importantes, como también lo es plantearse qué pasa con el español en la ciencia, en la tecnología, en la inteligencia artificial y en el lenguaje de las máquinas. Todos esos temas se vienen analizando en congresos que se organizan cada tres años, donde se reúnen los distintos países que comparten la lengua. Estos congresos se hacen en relación con la Real Academia Española y con las academias latinoamericanas.

En el pasado congreso de Arequipa, el director de la Real Academia Española [Santiago Muñoz Machado] tuvo la ocurrencia de tomar la decisión por su cuenta de que el próximo se celebrara en Panamá. Nos llevamos una sorpresa tremenda. Como la Asociación de Academias de la Lengua Española no tiene una autonomía porque es una máscara de la Real Academia de la Lengua Española, apoyó ese proyecto y la sorpresa le llegó al Cervantes. El Cervantes es una institución de Estado y en ese momento tuvimos que decidir: ¿hacemos una guerra con la Real Academia Española o respetamos la decisión, porque nos merece todo el respeto que sea en Panamá, porque ya se ha anunciado, y nos merece respeto la Academia Panameña de la Lengua?

Junto con el Gobierno de España tomamos la decisión de manifestar nuestra queja por cómo se salió de contexto y las formas en las que el director de la Real Academia Española había realizado el anuncio, pero entendimos que lo importante era el respeto que nos merecía Panamá. Por eso hemos firmado con el Gobierno de Panamá que el próximo congreso en 2028 se celebrará aquí.

¿Y cómo es la relación entre la Real Academia Española y el Instituto Cervantes en este momento?

La relación institucional entre la Real Academia y el Instituto Cervantes es muy positiva. Fíjate que el Instituto Cervantes ha trabajado y ha homenajeado a muchos directores de la Academia. Se les ha hecho homenaje a los dos últimos directores, a Darío Villanueva y a Víctor García de la Concha, y a directores históricos como Manuel Alvar o Lázaro Carreter. En nuestra Caja de las Letras, donde ahora recibimos el legado de Rubén Blades, hay depositados los legados de muchos escritores académicos del pasado y del presente, así como de muchos filólogos del pasado y del presente. A nosotros nos interesa defender la cultura.

A nosotros nos interesa defender la cultura y en ese sentido hay muchos buenos escritores que no han sido académicos porque no han podido, no han querido y hay muchos escritores y filólogos importantes que sí han sido académicos. Nos importa valorar su talla y el aporte que le han hecho a la cultura española.

La distancia o el roce surgió no con la Real Academia Española como institución, sino con su actual director. A mí me preguntaron en una ocasión y dije, en unas declaraciones, que por amor a la Academia y a la lengua creía que lo sensato era que presidiera la RAE un especialista en el español, en la filología, en la cultura y en la literatura españolas. Y eso no le sentó bien a este señor, porque él es un catedrático de derecho administrativo que tiene despachos particulares para hacer negocios.

A partir de ahí, uno comprende el mundo en el que vive: todo está tan crispado y la pseudoprensa trabaja tanto, que cuando uno dice una sensatez resulta mucho más escandaloso que cuando se dice una barbaridad para tener impacto. Este señor se enfadó conmigo por decir que yo, como filólogo y como escritor, prefiero que la Real Academia Española esté dirigida por personas del perfil de don Fernando Lázaro Carretero o don Víctor García de la Concha, en lugar de un responsable de derecho administrativo.

Rubén Blades va a entregar su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. ¿Qué ha significado Blades para la música en español y la difusión de nuestro idioma alrededor del mundo?

A mí me parece que ha significado muchísimo: desde Panamá, pero también desde Nueva York y a lo largo de todo el mundo. Primero, porque es un gran compositor. Fue capaz de hacer canciones que están en la memoria de todos y que forman parte de nuestra educación sentimental. A mí me gusta pensar en ese mundo de sus canciones, donde quien va con una navaja para matar se lleva la sorpresa de que le pueden responder, que quien a hierro mata a hierro muere, y que los matones de esquina no son impunes. Viene muy bien hoy, que vivimos en un mundo donde la libertad se está confundiendo a veces con la impunidad del fuerte para hacer lo que le dé la gana.

Aparte de eso, en su trayectoria y en sus trabajos desde Nueva York, puso encima de nuestra cultura unos ritmos que establecen un diálogo maravilloso de la cultura popular con los niveles de la llamada “alta cultura”. Autores como Joaquín Sabina y otros creadores contemporáneos han demostrado su admiración y su deuda con Rubén Blades. Si un artista es capaz de hacer canciones que son un himno que nos reúne en una patria común, yo creo que todo eso justifica el homenaje.

En la Caja de las Letras solemos decir que la mejor riqueza de un país y de una comunidad es su cultura, y que saber recibir las herencias del pasado nos compromete con el futuro. Me parece estupendo que en nuestra Caja de las Letras, con el legado que él ha preparado y que sabemos que incluirá objetos muy simbólicos, Rubén Blades esté con nosotros.

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