El alcalde colonense denunció que una mayoría del Consejo municipal echó abajo estructuras de desarrollo humano
- 30/11/2025 00:00
Música, exhibiciones, presentaciones artísticas, venta de productos artesanales, niños divirtiéndose en una zona de juegos. El mercado San Felipe Neri bulle de actividad un sábado en la mañana y este en particular (22 de noviembre) por el cierre del programa ‘Vamos al mercado’, impulsado por el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)´, la representación en Panamá de la FAO, la Alcaldía de Panamá y una variedad de socios estratégicos, con el fin de comprender el ciclo de vida de los productos del mercado, incluyendo sus residuos para entonces encontrar maneras de reducir la cantidad de estos desechos que llegan a los vertederos de la ciudad. Esto implica no solo la creación de programas ambientales, sino el involucramiento de los actores del mercado (locatarios y sus familias, clientes, proveedores) , la única forma de hacer un programa sostenible en el tiempo.
Uno de estos socios estratégicos es Open Arts PTY, empresa de consultoría y diseño de proyectos culturales cuyo objetivo fue, a través de la cultura, generar una comunidad que asumiese experimentos en temas de uso de residuos, los continuase y se apropiara de ellos.
“El proyecto empezó el mes de febrero de este año como la continuación de un programa piloto anterior que se llamó ‘Transformación Sostenible de los mercados municipales’”, informa Lyann Leguizamo, directora de Open Arts PTY.
Y es que el mercado San Felipe Neri produce 2.5 toneladas diarias de desechos tanto orgánicos como inorgánicos. En gran mayoría, orgánicos. Desechos que, de alguna manera pueden ser aprovechados y así, disminuir el problema ambiental que esta situación desata.
“Se diseñó una estrategia tomando en cuenta por qué la gente conecta con los mercados, por qué la gente a través del mercado puede tomar decisiones que son ambientalmente más conscientes”, explica Leguizamo.
De por sí, los mercados locales tienen el potencial de convertir al consumidor en uno que está realmente más cerca del productor y esto ayuda a disminuir la huella de carbono de la ciudad en general, pero había que sacarle más provecho. Los mercados son tradicionalmente un punto de encuentro entre cualquier comunidad. Pero “el proyecto busca cómo hacer que esa comunidad quiera ser más más sostenible, más circular”, propone Leguizamo.
Lo primero fue trabajar con las personas que día a día laboran en el mercado; sus arrendatarios, así como con los administradores, la Dirección del mercado y el Municipio. Y, a partir de eso, el PNUD armó un equipo de varias empresas para acometer las diferentes dimensiones de este proyecto: la dimensión ambiental, que es la más importante, pero también una dimensión social y cultural.
A través de giras y actividades programadas, también se involucró al público en general para que utilice el mercado como un espacio cultural, porque el mercado no es solo un lugar donde se compra. El mercado se convierte en un punto de encuentro donde se desarrollan muchas actividades.
“El contexto cultural destaca la historia y el patrimonio que este espacio representa, porque aunque este no sea el sitio exacto donde se estableció el mercado público (el área del terraplén) , este ha venido evolucionando desde hace 148 años”, cuenta.
Y la gente relacionada con él, lo acompañan desde su antigua sede y han pertenecido por generaciones. “Algunos de los puestos han pertenecido a la misma familia por cuatro generaciones y ellos tienen una memoria de las recetas y tipos de producto que han vendido se venden. Conocen cómo ha ido cambiando con el tiempo, saben cuáles son las comidas que ya no se comen, saben qué busca la gente”, asegura.
“La gente viene a aprender, no solamente a comprar, porque preguntan incluso algo tan sencillo como cuál es el aguacate que me puedo comer hoy. La persona que te atiende, el locatario, él sabe todo esto. ‘El te transmite su conocimiento cada vez que lo hace. Es un lugar de relaciones muy complejas, pero que son educativas”. Explica Lyann.
Se está haciendo giras con niños eh para que ellos conozcan cómo funcionan los mercados, cómo funciona la transformación de la merma del mercado en abono. Y se hace una invitación a la población en general a que utilice los mercados como espacio cultural como, por ejemplo, un lugar donde se puede ver una exhibición de arte.
Mientras el público va a hacer la compra del día, o de la semana, corren dos exhibiciones: la del Museo de la Mola, y la del Biomuseo, esta última, cuenta la historia del picante.
Experimentos ambientales
En el patio del Mercado San Felipe Neri se exhibieron algunos de los experimentos realizados por los socios estratégicos:
Abono orgánico a través de la mosca soldado: experimento realizado con el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI). La ‘mosca soldado’ transforma el desecho, sobre todo de las carnes del mercado que por su contenido en grasa y otros componentes es muy difícil de descomponer. Las moscas están encargadas en, en ambientes controlados, consumir estos desechos que se transforman en abono.
Fundación Rescate de Alimentos: utiliza la merma del mercado, sobre todo, los productos vegetales para hacer comidas, utilizando proceso de conservación. Los productos que preparan son donados a comedores en todo el país. Se ofrecieron algunos talleres para enseñar al público algunos procesos de conservación. Los alimentos que no son aptos para el consumo humano son aprovechados para los animales del zoológico del Parque Summit.
Bliss Panamá: la empresa, dedicada al manejo sostenible de residuos sólidos, procesa los productos que ya no son utilizables por la Fundación Rescate de Alimentos y a través de un biodigestor produce en poco tiempo, abonos tanto líquidos como sólidos. Este abono es utilizado por la dirección de ambiente del Municipio en sus viveros del parque Summit.
Un experimento en el contexto social es el de ‘place making’. La terraza del mercado San Felipe Neri se ha convertido en un espacio de juego para los niños. Esto permite que las nuevas generaciones (tanto de locatarios como clientes) se mantengan en contacto con el mercado y no lo vean como algo aburrido o lejano y participen en las actividades que allí se ofrecen.
“Es una forma de sacarle provecho al mercado como un espacio público. A veces se nos olvida que el mercado es un espacio público”, comenta Leguizamo.
Se han instalado estructuras para estacionar bicicletas, que reducen la huella de carbono y disminuye el congestionamiento vehicular. También favorece la visita de turistas en bicicletas alquiladas que parten de los sitios turísticos del área.
Con los estudiantes de biotecnología de alimentos de la Udelas se realizaron activaciones utilizando los productos del mercado para realizar innovadoras comidas preparadas.
“El proyecto ya termina, pero la Alcaldía de Panamá está adoptando esos experimentos que se hicieron. Confiamos que este programa va a ser un catalizador para que otros mercados y otras instituciones se inspiren y puedan generar soluciones innovadoras y desarrollen sus propios programas. Ellos se quedan con todo este conocimiento para poder activar los mercados como espacios vivos”.
Cierre del programa
El programa ‘Vamos al mercado’ fue impulsado por El laboratorio de aceleración del PNUD Panamá en conjunto con la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura a través del fondo SDG (Objetivos de Desarrollo Sostenible, por sus siglas en inglés), fondo especial de las Naciones Unidas para lograr los objetivos más críticos relacionados con el hambre, el ambiente y el cambio climático.
Ana Graca, coordinadora residente del sistema de Naciones Unidas en Panamá dijo en la ceremonia de cierre que con este programa “quisimos demostrar que cuando hablamos de desperdicio, de reciclaje, de compostaje, de reutilización y de rescate de alimentos, hablamos también de algo profundamente humano, que es la solidaridad y la sostenibilidad y eso fue algo que se logró demostrar al largo de este año con estas alianzas tan fuertes”.
Estas alianzas, sostiene la coordinadora, “queremos que se sostengan y que se entienda que en cada mercado, en todas las provincias en Chiriquí, en Azuero, en Panamá pueden ser ese hub logístico verde y azul, que tanto necesitamos para una transformación y un desarrollo más sostenible del país. Por tanto, creemos que este es el momento de escalar, de llevar ese modelo a toda la red nacional”.
Jorge Ulises González representante asistente de programas en FAO-Panamá aseguró que para este organismo, la frase ‘Vamos al mercado’ significa la integración y la colaboración y el aporte de nuestra Agencia para la transformación de los sistemas agroalimentarios tan necesarios en las ciudades urbanas”.
“Nuestro compromiso desde la oficina subregional, también en nombre del señor Adoniram Sanches, nuestro representante de país y y subregional ese compromiso con Panamá y con Ciudad de Panamá en seguir apoyando este tipo de ejercicio”, agrega.
“Aquí se prueba cómo la economía circular puede cobrar vida a través de acciones concretas, desde el rescate de alimentos y la transformación de productos hacia la gestión responsable de los residuos. Pero, sobre todo, aquí se demuestra que el cambio comienza cuando las personas se organizan, se escuchan y actúan juntas”, reconoció Bettina Woll, representante residente del PNUD en Panamá. “El compromiso de PNUD es seguir acompañando a esos procesos, procesos que nacen desde la comunidad, los que innovan con propósito y los que nos invitan a imaginar un mejor futuro”, concluyó.