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- 18/01/2026 00:00
En esta versión de Facetas conversamos con Luz Eliana Tabares Peláez, artista visual, y directora de investigación y postgrado, Universidad del Arte Ganexa, Panamá. Es Maestra en artes plásticas de la Universidad Nacional de Colombia y Magíster en Poéticas Visuales de la Universidad de Panamá. Ha sido docente universitaria en la Universidad de San Buenaventura, Medellín, en la Universidad Nacional de Colombia y ha sido profesora invitada en la Universidad de Panamá. Ha recibido el Premio de fotografía de la Escuela Nacional Sindical, Colombia, por su serie Ambulantes (1998) y del Noveno Festival Internacional de Corto Metraje de Panama, Hayah (2015), con su videoarte Paisaje en Obra. Y ha participado en varias exposiciones colectivas e individuales como con su trabajo Paisajes Cruzados (2017) en la Universidad de San Buenaventura, Colombia. Recientemente, ha sido artista invitada en varias exposiciones sobre el cartel en Panamá Gráfico.
Son 2.660 mts. sobre el nivel del mar para ser exactos. Estamos cerca a la altura del páramo; realmente vivo en constante movimiento entre el mar de Panamá y la alta montaña antioqueña, caracterizada por paisajes frondosos, muy verdes y nubosos gracias a la cercanía de los páramos, de hecho vivo cerca al páramo más pequeño del mundo conocido como el Páramo de las Baldías. Tengo mi finca construida en el interior de un bosque en la base de una montaña conocida como el Herrero, la montaña pertenece al altiplano llamado el “llano de ovejas”, aunque también esa región es conocida como “La suiza colombiana” por las temperaturas, bajas, el paisaje montañoso, los prados verdes y bosques circundantes; además de ser una región caracterizada por la producción lechera y sus derivados. Para mí, vivir en la montaña es aspiracional: la montaña te eleva, te exige y te sostiene, te envuelve en un bello silencio, profundo... es muy afín a mi espíritu.
El amor por el mar y su cercanía fue un regalo de la vida. Llegué al Istmo en el 2004 por azares del destino y desde entonces he cultivado un vínculo estrecho con este hermoso país, él me ha acogido y yo también lo acojo en mi sentir, de alguna manera me hice parte de este territorio, puente entre mares. La cercanía a los dos océanos complementa ese paisaje interior que me habita gracias a la montaña, el mar respira y moviliza, también induce la contemplación activa y profunda; contemplar el mar me permite recordar la montaña como una extensión ilimitada del territorio y contemplar la montaña me permite recordar que todo respira, que nada está estático o quieto como el mar.
“Confieso que me cuesta un poco hablar de la obra. Igual me sucede cuando hablo de mí ya que, normalmente, no suelo hacerlo; pienso que la obra en sí misma es autónoma en su existencia y expresión, y aunque es producto de mi experiencia particular también se convierte en el síntoma de una temporalidad y una visión de mundo que sobrepasa mi propia individualidad. Para mí el arte es testimonio de una humanidad que intenta hacerse presente en sus propios signos”.
“En mi obra el Paisaje es el motivo, el propósito y centro de mi interés, no era muy consciente de ello hasta el momento en que hago mis estudios de Maestría y tomo conciencia de las motivaciones de mi producción. No se debe confundir la concepción que se tiene de los entornos naturales con el concepto “paisaje”, ya que este último corresponde a una construcción cultural y antropológica que hacemos del entorno que habitamos. Un paisaje siempre será un marco desde el cual situamos nuestra mirada para contemplar lo exterior, sin embargo ese paisaje comienza en nuestros propios pies, en el lugar de nuestra corporeidad. Al revisar mi tránsito entre Colombia y Panamá durante más de 2 décadas, ambos paisajes constituyen mi memoria, los he respirado y contemplado con detalle, ellos me han sostenido, alimentado y albergado, han sido ampliamente recorridos y reconocidos, me atraviesan el alma, por eso me gusta caminar de forma contemplativa, es un hábito, me permite incorporar las sensaciones de los lugares y el efecto del tiempo en ellos, hacerlos presentes en mi conciencia a través del ensueño o la reminiscencia”.
“Cuando contemplo cualquier aspecto del paisaje me sumerjo en la experiencia de su propia existencia, deja de ser una representación y entonces el paisaje se convierte en un gran fractal, un ser compuesto de muchos seres que lo habitan y lo constituyen a la vez, por esta razón considero que el paisaje es el cuerpo extenso. Al hablar de los cruces en el paisaje me quiero referir a esa sutil paradoja de la vida: los seres son transitorios, impermanentes, dinámicos y cambiantes; el paisaje también lo es, pero aun así posee cierta estructura que le da forma y consistencia, es como nosotros, seres que evolucionamos con el tiempo pero también mantenemos ciertos rasgos que permanecen. El cruce de los paisajes es como el cruce de los cuerpos: se encuentran, se reconocen, se mezclan, se disuelven, también se diferencian. Frente a este concepto mi idea de territorialidad se desplaza con mi conciencia. Si bien nací en Colombia, en Panamá también he renacido de otra manera, hay aspectos del paisaje en Panamá que me recuerdan la montaña, y hay aspectos de la montaña que me recuerdan a Panamá. Entre uno y otro hay transferencias significativas, y el lugar de encuentro es mi corporeidad, cada uno se vuelve referente del otro sin jerarquías, sin imposiciones, es un flujo relacional con mi memoria y su plasticidad”.
“Entender esto me permitió profundizar en el concepto del paisaje como arquetipo del ensueño, y entender que su constitución es mucho más compleja que representar fenómenos naturales. Este paisaje fractalizado aparece con gran fuerza en el videoarte “Paisaje en Obra”, un motiongraphic que fue ganador en el 9no Festival de Cortometrajes del Hayah en el 2015, donde integro los 4 elementos constitutivos de toda concepción del paisaje, que son: un territorio, un horizonte, una atmósfera y un marco o ventana, que segmenta la perspectiva del contemplador; las imágenes y sonidos del motiongraphic son la integración de diversas producciones en fotografía, ilustración digital, pintura, dibujo, collage, bocetos, entre otros elementos presentes. En este motiongraphic hago una exploración del paisaje panameño y colombiano desde mi experiencia de vida, uno es origen del otro en un fractal que multiplica sus formas”.
“Mi obra no persigue conceptos morales o ideológicos. Lo que intento descubrir en las imágenes que produzco es su capacidad para integrar aspectos que hemos disociado. Nunca he sido una artista que sea reconocida por el manejo de un medio en particular, de hecho, mis intereses siempre mostraron una fuerte tendencia al “nomadismo” entre medios ya que mi estrategia es fragmentaria, a partir de un pedazo, una parte, un detalle; busco nuevas correlaciones entre las imágenes para reconstruir una “totalidad”, así como es la naturaleza, cada parte es una expresión del conjunto: la forma de la hoja guarda la memoria de un árbol, el mimetismo de un insecto muestra su relación con la madera, un pájaro comparte rasgos con la flor de la cual se alimenta y así, cada ser constitutivo del paisaje es en sí mismo un mundo relacional con su entorno”.
“Considero que mis imágenes más que sentencias son preguntas por la naturaleza humana, especialmente eso, una pregunta por aquello que denominamos “natural”. ¿Qué es lo natural en lo humano?, ¿Qué dice el entorno de nuestra humanidad?, ¿Qué memoria del paisaje habita en nosotros? Yo tomo fragmentos del paisaje en mis recorridos y con esos fragmentos vuelvo y recompongo una imagen global, así es como la naturaleza se comporta: diferenciando e integrando, vida, desarrollo y muerte; resurgimiento de lo mismo, pero diferente. El paisaje así entendido es un espejo del nivel de desarrollo de la conciencia humana, es lo que pienso y lo que busco en mis imágenes”.
“Mis años como profesora universitaria especialista en arte me han permitido mantener vitales mis preguntas. Encontré la docencia como una vocación que me ha permitido crecer, compartir y trabajar con almas afines, amantes del arte, curiosas y creativas; si bien en Panamá me conocen más por mi trayectoria académica, lo que sostiene dicha trayectoria ha sido mi producción artística. No suelo repetirme, trabajo concienzudamente buscando que mis imágenes sean únicas, persuasivas, novedosas; mis obras en esencia son preguntas y, al igual que la vida, cambian, se movilizan, buscan ampliar la comprensión de esta intrincada relación entre la contemplación, el lugar habitado y las imágenes que dialogan con nosotros, en la propia interioridad”.