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28 de Nov de 2020

Cultura

Retorna el héroe rudo y parco

S i hay algo que realmente sigue sorprendiendo de Clint Eastwood, próximo a cumplir ochenta años, es su actividad insaciable en la indus...

S i hay algo que realmente sigue sorprendiendo de Clint Eastwood, próximo a cumplir ochenta años, es su actividad insaciable en la industria del cine. En su filmografía encontramos trabajos magníficos que tocan las más profundas fibras del espectador.

Este realizador es caracterizado por su tacto tan natural y fino expuesto en cada plano gracias a su impecable dirección de películas como la reciente “Changeling”, o la ganadora del Óscar “Million Dollar Baby”, como también la profunda y desgarradora “Mystic River”, y a las que se suma ahora la sencilla pero no menos espectacular “Gran Torino”.

Con esta cinta Eastwood se ratifica una vez más como un icono del séptimo arte, dejándonos posiblemente con ello, su retrato característico en un personaje que nació en los sesenta, cuando el “Spaghetti Western” y el director italiano Sergio Leone moldearon aquel “cowboy” anónimo, parco, con su particular poncho y cigarro recortado, que imponía su propia ley con un acertado tiro de su pistola.

Y es que nuestro apreciado Eastwood no necesitaba una mueca o sonrisa para fascinar al público, tan sólo su duro carácter y un humor cínico fueron la fórmula para evolucionar esa personalidad que aparecería luego en los setenta con el obtuso e impulsivo detective Harry Callahan y sus violentos métodos de combatir el crimen en “Dirty Harry”.

Este tipo de personaje, es el que en definitiva Eastwood ha adoptado después de cuarenta años y demarcado como el arquetipo cultural del norteamericano innato.

Sin embargo, su recorrido como director le ha permitido revisarlo y replantearlo, en una manera de adopción y crianza, adquiriendo diversos matices y evoluciones que vemos en sus películas, hasta llegar a la actualidad con esta nueva encarnación en “Gran Torino”.

Su nombre, Walt Kowalski, un viejo solitario y gruñón que acaba de enviudar, pero se resiste a abandonar la casa del suburbio en la que transcurrió su vida. Veterano condecorado de la guerra de Corea, que pasa sus días sentado en el porche de su casa tomando cerveza bajo la sombra de la bandera estadounidense que ondea sobre su cabeza, va maldiciendo a cuanto lo rodea, en especial a los inmigrantes, la mayoría orientales, que han “invadido” ese pequeño rincón de Detroit, permitiendo revelar el carácter racista y xenófobo de Kowalski, que se aferra a su sentido de patriotismo reflejado en el cuidado y pasión de su Ford Gran Torino del 72, símbolo de su pasado remoto, y que defiende enérgicamente ante la amenaza de las pandillas de los barrios bajos.

Eastwood se encarga de enmarcarse a si mismo en encuadres precisos y sencillos, y sus escenas son cortas y eficaces, en un montaje destacable que definen a un cineasta clásico con este tipo de propuestas.

Su narración nos puede llevar desde el humor intrínseco, pasando por giros dramáticos hasta un clímax trágico que le permite a su personaje obtener una redención de si mismo a través de la “adopción” casual de su joven vecino asiático, en una reflexión a la intolerancia y una critica a la violencia y la descomposición social de su entorno multicultural, que se antepone al nacionalismo establecido por las generaciones que construyeron una nación poderosa, y que en la actualidad se desmorona en su propia decadencia.

Aunque Eastwood continua orquestando detrás de cámara con un nuevo proyecto que posiblemente veremos a finales de este año, con su “Gran Torino” se despide de la actuación, dejando en el cine un testamento interpretativo de una figura clásica que se ha intentado copiar en diferentes contextos, como el tipo rudo y tosco, que impone su propia justicia, una marca personal que se ha solidificado y regenerado con los años y que ahora, con el personaje de Kowalski, se manifiesta naturalmente en un estado de redención, invitando a superar todos los prejuicios culturales que los masivos movimientos migratorios están generando en la actualidad.