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09 de Apr de 2020

Cultura

La voz de los derrotados

E n la columna del día de hoy analizaremos la obra “El pozo”, la primera novela del sobresaliente escritor existencialista Juan Carlos O...

E n la columna del día de hoy analizaremos la obra “El pozo”, la primera novela del sobresaliente escritor existencialista Juan Carlos Onetti (Montevideo, primero de julio de 1909). En el año de 1980 recibió el Premio Cervantes de Literatura. Novelista de la decadencia, voz del nihilismo, escritor comprometido con la izquierda, fue exiliado en España, donde falleció en la ciudad de Madrid, el 30 de mayo de 1994.

“Conocí mucha gente, obreros, gente de los frigoríficos, aporreada con la vida, perseguida por la desgracias de manera implacable, elevándose sobre la propia miseria de sus vidas para pensar y actuar en relación a todos los pobres del mundo”, escribió el autor.

En 1962 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Uruguay. A principios de la década de los setentas fue elegido el mejor narrador uruguayo de los últimos 50 años.

Juan Carlos Onetti fue un escritor de la angustia. Su anti-novela “El pozo”, publicada en 1939, retrata la miseria humana, exhibe lo absurdo de la existencia, el misterio de la fragilidad de la vida.

Sus personajes son seres fracasados, enfrascados en diálogos introspectivos. Su estilo nace entre prostíbulos, personajes sórdidos, derrotados, sin esperanzas. Prevalece el tema de la soledad, el fracaso existencial, la desintegración de los sueños en su asombroso universo.

Su tema unificador fue la progresiva descomposición social contemporánea y sus extraños efectos en la conducta, el vacío existencial, la nada. Influido enormemente por el filósofo francés Jean-Paúl Sartre, Fydor Dostoiesvki y William Faulkner.

En “El pozo”, el escritor exhibe la farsa social. Detestaba a la clase media a la que pertenecía. Solía decir que “todos los vicios de que pueden despojarse las demás clases son recogidos por ella, la pequeña burguesía”.

“El pozo” narra la nostálgica vida de Eladio Linacero, él arquetipo del clásico anti-héroe ontettiano, prototipo rioplatense. “Mi vida no es mas que el paso de fracciones de tiempo, todo en la vida es mierda” llegó a señalar este personaje, un periodista mediocre, fumador, solitario, arruinado. La novela es la suma de sus amores, soledades y silencios.

Su amigo Lázaro le llama fracasado. Cordes, poeta y filósofo lee unos versos suyos que le mortificaban, en los que retrata la vida de las mujeres gordas, grasientas, sucias. Toda una oda al absurdo.