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02 de Jun de 2020

Cultura

Una decisión difícil

H ace un par de años recibí en mi clínica privada el caso de un joven transexual. Llegó acompañado de sus padres. Y, uno de los problema...

H ace un par de años recibí en mi clínica privada el caso de un joven transexual. Llegó acompañado de sus padres. Y, uno de los problemas que más afectaba a mi paciente y a sus padres era precisamente la comunicación entre ellos.

Por una parte la decisión del muchacho en el cambio de su sexo ya que decía que se encontraba atrapado en el cuerpo de un hombre pero con el cerebro de una mujer.

A las finales sus padres intentaron comprender la situación pero con mucho esfuerzo.

El muchacho actualmente reside en España en la espera de una operación que le resulte efectiva para su satisfacción personal y sexual.

Generalmente el grave problema que confronta la familia es la falta de comunicación entre padres e hijos.

Cuando ambos padres trabajan fuera de casa, la calidad de vida de la familia se afecta.

Y esto sucede, sobre todo, cuando los padres le restan importancia a las demandas de sus hijos.

En el caso de mi paciente transexual era doble el problema. Uno, la falta de comunicación y de que sus padres aceptaran su cambio de sexo.

Joel (nombre ficticio) mi paciente, llega a la adolescencia, etapa del despertar de la sexualidad evitando comunicar a sus padres este problema lo que originó que buscara información de fuentes que tenía a su alcance.

Estas fuentes desafortunadamente no siempre le fueron fiables con concepciones erróneas que posteriormente le condicionaron el desarrollo normal de su vida sexual y afectándole su rendimiento escolar y relaciones con sus compañeros de escuela.

Sin miedos ni temores, el adulto debe abordar estos temas con toda la naturalidad posible: sobre el despertar de su sexualidad, la masturbación, el erotismo, la paternidad responsable, etc.

Pero en muchos casos los padres se rehúsan hacerlo esperando que sean los muchachos que se acerquen a ellos para luego ofrecerles la información requerida.

Esto muchas veces no es posible si no se creó desde antes la confianza entre padres e hijos.

Los adultos no debemos olvidar que los adolescentes son personas en desarrollo y que necesitan límites para encontrar su sitio en el mundo, pero una excesiva rigidez o un exceso de libertad son contraproducentes, ya que pueden sentirse asfixiados por las normas impuestas o abandonados por la carencia de las mismas.

Por último los padres deben estar preparados para aceptar las elecciones ideológicas, culturales y sexuales de sus hijos, pero ello no quiere decir que le nieguen su orientación y apoyo un elemento sumamente importante para la felicidad de todos.

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