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13 de Aug de 2020

Cultura

El valor y la dignidad del sexo

A lgunas personas piensan que como los tiempos han cambiado, hay que dar una visión más positiva de todo lo que se refiere al sexo y ens...

A lgunas personas piensan que como los tiempos han cambiado, hay que dar una visión más positiva de todo lo que se refiere al sexo y enseñar “todo lo que se puede hacer con él”, pues antes “nos enseñaban que era algo malo, dañino, vergonzoso, de lo que no se podía hablar, sino sólo lo indispensable”. Otros muchos sostienen que no se ha de poner freno a los instintos, que son “naturales”, sino dejar que sigan su curso y hacer lo que a cada uno en privado o público le siente bien a su cuerpo, sin inhibiciones y si no le hace “daño a nadie”, entonces “no tiene nada de malo”.

La sexualidad tiene un valor altísimo en la vida humana, porque es, entre otras cosas, causa de la expresión de un amor limpio, auténtico, pleno y comprometido. Defender esa dignidad hoy parece menos que imposible, porque los medios masivos de comunicación nos están mostrando obsesivamente otro tipo, deformado y muy parcial de lo que es “un cuerpo”, en el que se destaca lo que tiene de bello o de placentero a los sentidos, o lo que satisface sexualmente.

Y esto es un grave error: el cuerpo de una mujer como el de un hombre, tiene una belleza admirable, pero no es sólo materia, ni sólo carne. No es el estuche de alguien. No es una cosa que yo uso. El cuerpo “soy yo”, y por eso no se ha de manipular, como se maniobra un juguete, No es algo para someterlo al capricho, algo que se puede “usar y tirar”.

¿Será verdad que por exaltar tanto el sexo y soltar las riendas de sus impulsos, la sociedad ha recibido grandes beneficios? ¿Somos, por esta nueva cultura sexual sin límites, más auténticos? ¿hay más paz en la sociedad? A la vuelta de los años vemos todo lo contrario. Nunca como hoy se suman cada año cientos de miles de jóvenes, casi niñas, embarazadas y abandonadas; hay más violencia cobarde contra la mujer en las calles, más pornografía al alcance de todos los ojos y manos, a los precios más baratos.

Y, el otro lado de la moneda es que eso lo promueven unos cuantos que se enriquecen millonariamente con industrias de cuerpos desnudos, denigrados. Tienen clientes de por vida, con una mercadotecnia sofisticada y eficaz que llega a todos los domicilios: videos, teléfonos celulares, correo electrónico, y un número escalofriante de millones de páginas de Internet. El mismo producto, sin pasar de moda ni cansar está de oferta y también se regala por doquier.

En otro orden, también a una persona cualquiera le molestaría que a su madre, a su hermana o a su hija las miraran como objetos, o que ellas se desvistieran en público. No se entiende cómo un varón “le parece bien” que otras mujeres hagan lo que él mismo no toleraría nunca en las mujeres de su propia familia. El cuerpo humano tiene un gran valor y por eso se debe proteger y respetar. El sexo no es malo, porque es parte esencial de toda persona y con él se expresan los propios sentimientos.

Se dice que hay que liberar el sexo como dé lugar. De acuerdo. Comencemos porque conquiste la plenitud de sus derechos y el reconocimiento de todo lo que es.

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