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08 de Apr de 2020

Cultura

Valor y retos

La semana pasada César Barría tuvo a todo el país en vilo, pendiente de las corrientes en el Canal de la Mancha y viendo, con el alma en...

La semana pasada César Barría tuvo a todo el país en vilo, pendiente de las corrientes en el Canal de la Mancha y viendo, con el alma en un puño, cómo era arrastrado cada vez más lejos de su ruta y al final, a la vista ya de la costa francesa, cómo tuvo de abandonar la lucha.

Como dijo un rey español hace unos cuantos siglos: ‘Yo no envié a mi Armada a luchar contra los elementos’ Y si la Armada Invencible fue derrotada por el clima, precisamente en esa zona, no hay que asombrarse de que nuestro valiente compatriota no haya podido lograrlo a la primera. A raíz de ver ese reto me he estado haciendo unas cuantas reflexiones.

A todos nos asombra el esfuerzo y la dedicación que un hombre con una sola pierna demuestra y nos enorgullece su tesón y su arrojo. Pero digo yo, ¿él es más valiente que todos los demás discapacitados que día a día luchan anónimamente en este país?

Párense a pensar un momento, una ciudad sin aceras en la mayor parte de sus calles, donde las que hay están trufadas de postes de luz, señales de tráfico y semáforos. Además de que la mitad de la acera, en muchos casos, está ocupada por un potrero que en algún momento trató de ser una línea de césped y que ahora lo único que sirve es para convertirse en un lodazal cuando llueve y que es una trampa para sillas de ruedas y muletas que quedan atrapadas en el barro.

El escaso cemento que resta está lleno de huecos, de alcantarillas sin tapa o de desniveles, porque cualquier hijo de vecino con un negocio cree que tiene todo el derecho del mundo a usar la acera para poner cualquier cosa que se le ocurra.

Eso, sin contar con los desaprensivos que aparcan su carro encima de la acera, obligando a los peatones a rodearlo por el medio de la calzada.

Si caminar simplemente, en línea recta, con dos pies y la vista perfecta ya es un martirio, ¿alguien puede, por favor, tratar de imaginarse lo que es intentar desplazarse a ciegas, con un simple bastón? ¿o tratar de moverse con muletas? ¿o en silla de ruedas sin tener detrás de ti a Hulk para que te empuje?.....

En alguna ocasión aullé que las rampas que surgieron como hongos bajo la anterior administración estaban hechas sin ton ni son y sin planificación. Los negocios creen que con pintar un aparcamiento de azul cumplen con la normativa, sin pararse a pensar que el espacio de estacionamiento debe ser más ancho porque una persona con movilidad reducida no puede retorcerse para entrar o salir de su carro.

Las rampas con un ángulo demasiado pronunciado son peligrosas. ¿Y los pasillos en los supermercados y los comercios? ¡Já! traten de hacer la compra a ciegas por pasillos estrechos, que terminan en un expositor de productos en el medio del paso, que hoy está y mañana no, o con una joven ofreciendo degustaciones.

A ver cómo maniobran ustedes, aunque vayan en uno de los carritos especiales, que precisamente por ser especiales son mucho más grandes, ¿dan marcha atrás? ¿Atropellan a la joven? ¿Se echan a llorar de la impotencia?

Me parece excelente que haya gente valiente que se lance a la mar y trate de superar obstáculos insalvables, pero me parecen mucho más valientes aquellos que día a día tratan de sobrevivir y superar los obstáculos en una ciudad tan hostil y salvaje como ésta con los que no tienen tanta suerte como nosotros, los supuestos ‘capacitados’.

Esas personas, las que enfrentan el reto de cruzar, ya no el Canal de la Mancha sino vía España en hora punta por el medio de la calle porque el paso elevado solo tiene escaleras, ésas me hacen sentir más orgullosa.