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27 de May de 2020

Cultura

El patriarca del Seguro

“ Esconde el carnet de periodista”, nos conmina Eladio al pasar frente a un guardia de seguridad en la entrada de la Policlínica Preside...

“ Esconde el carnet de periodista”, nos conmina Eladio al pasar frente a un guardia de seguridad en la entrada de la Policlínica Presidente Remón de la Caja del Seguro Social. Sin pensarlo dos veces, nos subimos la cremallera del jacket hasta el cuello, ocultando así nuestra afiliación periodística. En esta oportunidad, avanzamos sin contratiempos hasta el ascensor. Cuando las puertas del mismo se abren en el tercer piso, entramos en una sala de espera donde un grupo de jubilados recibe a Eladio con aclamaciones y aplausos. Al menos en este piso, el ex guardaespaldas de los presidentes Roberto Chiari y Marco Aurelio Robles es recibido como si fuese un patriarca.

Cuando arribamos al cuartel general de la Asociación Nacional de Jubilados Independientes, Eladio se sienta en un escritorio flanqueado por una bandera panameña. En una mesa cercana, reposa el altoparlante que emplea durante los cierres de calle o marchas hacia la presidencia que realiza junto a sus compañeros de lucha. “Cuando nosotros cerramos la calle se dice que estamos violando los derechos de terceros. El primer derecho del hombre es el derecho a a la alimentación. Éso se nos niega con una pensión de esclavos”, justifica.

La forja de un líder

Las originales protestas callejeras en las que, además de obstaculizar el tráfico y paralizar a la capital, Eladio y sus seguidores cocinan y bailan, tienen como objetivo poner de manifiesto una realidad que muchos prefieren obviar: que en un denominado país “emergente” como Panamá la riqueza no se reparte de una manera equitativa. “Cuando un tipo en un Mercedes Benz, en un Cadillac o un BMW nos toca la bocina en la avenida, viene bien comido y lleva 100 dólares en el bolsillo, mientras que los que están ahí parados no han ni desayunado. Por eso cocinábamos huesos de sopa con ñame, para que vean lo que comen los pobres”, argumenta el dirigente, con sus pesados párpados ocultando unos ojos vidriosos.

Y es que en el caso del único jubilado que ha concursado para el cargo de director de la CSS, cada movimiento pareciera estar calculado de antemano. A pesar de sus 83 años de edad mantiene una claridad de propósito con la que quisieran contar muchos jóvenes. Asegura que su capacidad mental se ha mantenido intacta a pesar del paso del tiempo, desde los años en que formó parte de “un grupo de inteligencia” en el Departamento Nacional de Investigaciones (DENI). Tampoco es casualidad que haya estudiado derecho, después de que “salió huyendo de la policía secreta por que el sueldo era muy bajo”. Nunca pudo terminar la carrera por los problemas que tuvo con un profesor y porque tuvo que sacrificarse para que dos de sus hijos (de los 14 que ha engendrado, tanto dentro como fuera del matrimonio) pudieran conseguir sus diplomas de abogado. “Me los encontré en la universidad, éramos compañeros de clase. Yo tuve que salirme porque todos no podíamos asistir. Bueno, mis hijos podían haber sido mejores estudiantes que yo, pero en la casa yo era el jefe”, recalca quien asegura conocerse la constitución de la República “al dedillo”.

El título que sí obtuvo fue el de la carrera de Relaciones Internacionales, a los 68 años de edad. El hecho de haberse graduado en la “materia por excelencia donde se aprende a negociar” lo ha convertido en un contrincante de mucho cuidado en cualquier tipo de debate. Es más, considera que “la facultad y facilidad de mi verbo” es una de las claves de su popularidad entre las masas.

“Cuando yo hablo no sufro de amnesia. Tampoco tengo ningún tipo de demencia senil, ni tengo vicios de semántica. Y poseo una excelente memoria”, reitera. Su nariz roma destaca en un rostro en el que todo pareciera alargarse: su boca cuando habla, sus orejas que los pliegues de la boina esconden, etc.

En cuanto a su capacidad para mantener su temple en medio de una discusión o protesta callejera, dice que es algo que aprendió en sus años de estudiante, cuando en el año de 1947 él y algunos de sus compañeros participaron en las protestas derivadas por la firma del convenio Filós Hines, el cual cedía a los Estados Unidos varios puntos de la geografía istmeña para el establecimiento de bases militares. Aquella sería su primera lucha. La segunda vendría 53 años después.

Una década de boinas y tranques

Todo comenzó en el año 2000, cuando Eladio comenzó involucrarse en la causa de los jubilados a través de una campaña radiofónica. Una vez la Asociación Nacional de Jubilados Independientes obtuvo su personería jurídica, Eladio se enfrentó a la presidenta de turno, Mireya Moscoso, “quien prometió darles 40 dólares y al final nada más dio 15”. Posteriormente, durante el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, el actual mandatario, Ricardo Martinelli, que en aquel momento se desempeñaba como director de la CSS, tuvo también la intención de procurarles 40 dólares, cifra que quedó reducida a 25 dólares. Si bien, en aquella oportunidad “’El Toro’ botó a Martinelli por querer ayudar a los jubilados”, la situación ha dado un giro dramático durante la gestión del actual presidente, “porque tiene año y medio de estar prometiendo y no nos ha dado absolutamente nada”.

Además de la victorias que ha conseguido en los últimos 10 años, el jubilado a quien la Universidad de La Paz en Bolivia le otorgó un doctorado honoris causa, ha tenido la oportunidad de ampliar su colección de boinas, una prenda de vestir que forma parte de su indumentaria desde 1942. Durante una de sus múltiples visitas a la Presidencia le regalaron una, una de color gris que lleva puesta durante la entrevista. No quiere revelar quien se la obsequió. Presentes semejantes vinieron de las manos de la ex ministra Balbina Herrera, quien le trajo boinas de Colombia y Estados Unidos. “Tengo una boina favorita, la que me regaló mi enemigo Guillermo Sáez-Llorens, que tiene la bandera panameña”, comenta dejando traslucir cierta ironía al referirse al actual director de la CSS, de quien dice que “sabe de administración pública lo que yo sé de teoría espacial”.

La enseñanza del General

A pesar de su probada capacidad para presionar a los gobernantes de turno, Eladio no se define a sí mismo como un revolucionario, sino como “un tipo de principios al que le gusta cumplir con su palabra”, alguien cuyo único vicio consiste en “ver las noticias y leer todos los periódicos” en la tranquilidad de su hogar ubicado en Altos de las Acacias, en el corregimiento Juan Díaz. Ahí vive con quien ha sido su esposa por más de 50 años, una jubilada quien trabajó por 23 años en el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), y con algunos de sus hijos, quienes se dedican a diferentes ocupaciones: dos son abogados, otros dos profesores, una de sus hijas es química, otra una tecnóloga que se graduó en Brasil; el más pequeño es un ex empleado del IDAAN que en la actualidad trabaja como marinero. En cuanto a los que han nacido fuera del matrimonio, señala que uno siguió sus pasos y llegó a trabajar en el Servicio de Protección Institucional (SPI).

Si bien ha tenido la oportunidad de conocer a varios personalidades de la política criolla, entre ellos a Belisario Porras, la figura del desaparecido Omar Torrijos Herrera es la que más ha marcado su vida. Tuvo la oportunidad de conocer al futuro general durante su infancia, en la casa de Eusebia Herrera, una tía de su madrasta. La relación persistió a través de los años y probó ser fructífera para Eladio y su familia, a quienes el militar ayudó en reiteradas ocasiones.

Lo recuerda como un “hombre mujeriego, parrandero y bonachón”, que “siempre andaba de mal humor y le decía la verdad a quien fuera”. “El general solía decir: 'Mi reivindicación y mi lucha son para mi pueblo. Y bien pendejos serán si se lo dejan quitar’. Es por su inspiración que yo sigo luchando, porque sin lucha no hay victoria”, afirma y en su boca se asoma una dentadura dispareja y amenazante.

Llevamos ya más de cuarenta minutos en las oficinas de la Asociación Nacional de Jubilados Independientes cuando nuestro interlocutor se excusa por que tiene que prepararse para un debate al que lo han invitado esa noche en RPC. Otra más de sus innumerables apariciones mediáticas. Aunque afirma que nunca se imaginó ser una celebridad, maneja esta situación con solvencia y hasta con cierto desenfado, como pone de manifiesto al responder con un saludo y una sonrisa las muestras de solidaridad que desde una esquina le brinda un grupo de “hormiguitas” cuando baja por la Calle 17. “¿Eladio y los pavos?”, pregunta una mujer desde un balcón de la acera de enfrente, haciendo referencia a un bono navideño que días atrás el ex estudiante del colegio Abel Bravo de Colón solicitó al presidente. Con estas manifestaciones de apoyo es comprensible que Eladio sueñe por estos días en fundar su propio partido, uno que represente a los cerca de 195 mil jubilados que registra la CSS y que esperan pasar sus últimos años con dignidad y sin carencias, y tal vez, por qué no, caminando con un paso tan orgulloso como el del individuo que en estos momentos se aleja despertando el afecto de la gente que transita por la avenida.