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28 de Oct de 2020

Cultura

Otro ‘round’ con la vida

De corta estatura, cabello al rape y ásperas facciones, la legendaria entrenadora María ‘Toto’ Murillo agarra un palo de escoba color am...

De corta estatura, cabello al rape y ásperas facciones, la legendaria entrenadora María ‘Toto’ Murillo agarra un palo de escoba color amarillo que tiene un clavo al final del mismo. Con este rudimentario utensilio alcanza uno de los ganchos de ropa que cuelgan del techo de zinc del gimnasio José ‘Maco’ Arboleda. De esta forma baja un par de guantes rojos y procede a amarrárselos a Vicente ‘El Loco’ Mosquera, quien esta mañana ha llegado a entrenar vestido completamente de negro.

Los rostros de Roberto Durán, Luis ‘El Nica’ Concepción y otros pugilistas aparecen en recortes de periódicos pegados a las paredes. En el centro del local unas cuatro cuerdas marca Everlast encuadran una lona negra que cubre el piso de madera. Luego de ponerse los guantes y el cabezal, ‘El Loco’ ingresa al cuadrilátero. ‘Vicente, no me lo maltrates mucho, para mañana agarrarlo yo’, le solicita un hombre moreno sentado desde una sofá destartalado, al parecer preocupado por la suerte del sparring. ‘Ven, mamita, ¿ése es tu repertorio? Pura bulla...’, le espeta Mosquera a su contrincante, llamándolo a boxear. Durante una pausa en el entrenamiento, se acerca a una de las esquinas donde lo espera María ‘Toto’, una de sus entrenadoras, con un poco de agua fría.

‘Ahí, ahí, esto nada más lo hago yo, el maestro...’, señala ‘El Loco’, al tiempo que se enfrasca en un franco intercambio de golpes con su rival de turno. A pesar de las bravuconadas con que acompaña cada golpe, durante la práctica un derechazo lo alcanza en la nariz, haciéndolo sangrar.

ALEJADO DEL ‘RING’ Y DE ‘FACEBOOK’

‘Llevo como cinco meses sin meterme al ’Facebook’... Debo tener como una 500 invitaciones’, bromea el boxeador oriundo de Puerto Caimito, de donde también proceden otros íconos del deporte panameño, como lo son Mariano Rivera y José Luis ‘El pistolero’ Garcés. Mientras realiza sus ejercicios de sombra destaca la efectividad de las redes sociales para contactar a miembros del sexo opuesto. ‘Ahí encuentras mujeres de toda clase, gordas, flacas, etc’, añade quien obtuvo su título mundial en la categoría Superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) el 30 de abril del 2005 en el Madison Square Garden, Nueva York, venciendo por decisión unánime al tailandés Yodsanan Sor Nantachai.

Tal vez la renuencia a conectarse con más frecuencia al ’Facebook’ guarde relación con lo que Mosquera cataloga como su ‘renacer’ boxístico y humano tras pasar aproximadamente cuatro años apartado del cuadrilátero. Su separación del deporte que viene practicando desde los 16 años está directamente relacionada con un estilo de vida disoluto, y con el apodo que su primer apoderado, el doctor Roberto Grimaldo, le adjudicó cuando se iniciaba en los tinglados. ‘Él me puso así porque yo me perdía del gimnasio cuando era ’amateur’ y regresaba una dos semanas después... Entonces me decía que ’cómo iba a pelear sin entrenar, que yo ’taba loco’’, cuenta el pugilista de 31 años.

EL ÚLTIMO DOMINGO DE ANTONIO TREJOS

El carácter disipado de Mosquera le ha acarreado varios roces con la ley. Por lo menos en dos ocasiones ha estado enfrascado en altercados verbales con representantes del orden en la comunidad de Veracruz. Pero nada comparado con lo que acaeció el siete de septiembre del 2006 en su natal Puerto Caimito. Ese día Antonio Trejos fallecería a raíz de un disparo por la espalda, en lo que algunos medios de comunicación han calificado como una ‘riña tumultuaria’ en la localidad Chorrerana, en la que participaron más de 200 personas.

Dos figuras del boxeo panameño serían indagados por este asesinato: el clasificado mundial José ‘Maco’ Arboleda (quien falleció hace dos años) y Vicente Mosquera. Aproximadamente un mes antes, ‘El Loco’ había perdido su título de la AMB a manos del púgil venezolano Edwin Valero, en un combate en el que pagó caro por permanecer fiel a su estilo de ‘siempre ir a presionar en la pelea, de llevar el patrón’, desatendiendo así las instrucciones que procedían de su esquina. ‘La indisciplina es lo que lo lleva a uno a cometer errores en el ‘ring’, cuando tu esquina te manda a hacer un trabajo y tu sales a hacer otra cosa’, lamenta el ex campeón mundial.

A pesar de que su defensa argumentó que un menor de edad fue el responsable del disparo que terminó con la vida de Trejos, Mosquera tuvo que pasar tres años recluido en el Centro Penitenciario ‘El Renacer’, hasta que un jurado de conciencia lo declaró inocente. ‘No te puedo asegurar con absoluta claridad lo que sucedió ese día, pero pasó algo que no debió haber ocurrido- cancanea el boxeador mientras repasa los sucesos que tuvieron lugar hace aproximadamente cinco años- Lamento la muerte de Antonio Trejos pero no fui yo quien le quitó la vida’.

‘NOCAUT’ A LA INDISCIPLINA

Los años de reclusión en ‘El Renacer’ lo cambiarían para siempre. ‘Mi vida dio un giro en el momento en que me detuvieron. Ahora no me relaciona con las personas como lo hacía antes. No sé si es por el tiempo que estuve preso, pero ya no tengo esa confianza de conversar, de estrecharle la mano a alguien...’, expresa el boxeador, su semblante moreno perlado por el copioso sudor.

En prisión no sólo encontraría a una pareja, Ligia Elena, con quien se casó hace más de dos años, sino que también empezaría a asistir con mayor frecuencia a misa, buscando en la espiritualidad una manera de no recaer en los errores del pasado.

Del centro penitenciario saldría con la determinación de volver a ser campeón del mundo, de reconquistar el título que perdió en lo que no considera como su ‘peor momento’ sobre el cuadrilátero, sino como uno ‘de los mejores’ de su carrera, al permitirle ver con claridad como tenía que encaminar su vida. Cuando obtuvo la libertad tomó la decisión de retomar sus entrenamientos, después de tres años de inactividad.

En el hogar encontraría una aliada: Ligia Elena, quien lo ayudaría a mantener la dieta que le ha permitido bajar de 213 a 164 libras, su peso actual. Asegura que aún debe bajar 15 libras para su próximo combate, que tendrá lugar el 17 de junio, en la Arena Roberto Durán.

Además de las restricciones inherentes a toda régimen alimenticio, ‘El Loco’ ha tenido que hacer otros sacrificios en su regreso al boxeo, como es el caso de los estudios de marina mercante que cursaba en el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH), los cuales no ha podido terminar porque su rutina de entrenamiento lo deja ‘agotado’, dice.

EL GUERRERO DE SIEMPRE

Hasta el momento, lo que cataloga como su ‘nuevo estilo de vida, más serio, más estricto’ le ha sido favorable: desde que retornó al pugilismo lleva dos victorias al hilo. Asegura que atrás quedó aquel Vicente Mosquera a quien la indisciplina lo llevaba a errar el rumbo. Hoy en día, no pelea solamente para sentir nuevamente el contacto de un público que lo aclama, sino también para ‘sacar alguna ganancia’ que le permita asegurar el futuro de sus seis hijos, para que así no tengan que dedicarse a una profesión tan sacrificada como el boxeo.

La batalla de Mosquera por renacer dentro y fuera del ring no ha sido fácil. A pesar de la serenidad de su rostro, en sus ojos todavía llamea la fiereza de aquel rebelde que no se deja intimidar de nadie (ni siquiera de la autoridad). Tal vez por eso todavía no se ha cambiado el apodo de ‘El Loco’ por el de Vicente ‘Renacer’ Mosquera, como el mismo sugirió durante una entrevista que le hicieron cuando se encontraba próximo a salir de prisión. Sabe que cuando se encuentra en el ring y escucha los gritos de ‘Loco, Loco, Loco...’ no es al padre de familia responsable, al atleta disciplinado que entrena seis días a la semana a quien sus fanáticos reclaman de forma enardecida, sino al implacable guerrero que no sabe rehuir a su adversario, aunque ésto le cueste la victoria. Hoy en día, Mosquera apuesta a que saldrá victorioso de lo que será su asalto definitivo con la vida.