18 de Ago de 2022

Cultura

La estética de la colaboración de Humberto Vélez

¿ Cuál es la relación del "autor" y su "obra"? ¿Del público con las puestas en escena? ¿Qué papel juegan las instituciones como canaliza...

¿ Cuál es la relación del "autor" y su "obra"? ¿Del público con las puestas en escena? ¿Qué papel juegan las instituciones como canalizadoras y marco de las obras de arte?

Este es un vasto campo de análisis que ha querido ser resuelto a través de las teorías de la recepción, de la intertextualidad y el postestructuralismo, teorías que han enriquecido sin duda alguna nuestras formas de lectura del arte y de la literatura.

Pero, con Humberto Vélez, como ha demostrado en sus diversos trabajos de performance en Londres, Canadá, Cuba, París, Panamá, etc, hay una lectura práctica – no teórica – del arte contemporáneo, una propuesta que abarca el amplio campo cultural donde se cruza la gente, el artista y las instituciones.

Con su concepto de la estética de la colaboración no se encierra un corsé ideológico artístico- político que rápidamente agotaría sus límites de representación, sino que introduce un concepto dinámico, abierto y flexibe de toma y daca entre los "actores" que participan en la composición de una"obra de arte", una composición donde el artista apenas interviene y, mucho menos, impone, porque tiene la certeza de que el grupo elegido, ya sean boxeadores, indígenas y jóvenes nadadores tienen la capacidad de crear estéticas a partir de sus propias experiencias de vida y representación.

Es decir, no se trata de con-vivencia, que remite a espacios delimitados, pero sí de co-laboración que implica un proceso transformativo y generativo de propuestas, que lo diferencia de otros artistas contemporáneos que también trabajan con grupos de personas como Peter Minshal y Spencer Tunick que, con sus enormes performances de masas, parecen no romper la relación tradicional del "artista" con sus "actores".

Con este artista panameño nacido en 1965, que desde muy joven ejerció la abogacía como profesión y que estudió en la prestigiosa escuela de cine en Cuba, tenemos un caso ejemplar de un artista "periférico" en el "centro" de la producción de arte internacional, un artista cuya propuesta básica – tan sencilla como parezca – introduce un elemento de sorpresa performativa para todos los participantes, mismos para los propios "actores" que se representan a sí mismos.

En efecto, una de las condiciones del trabajo de Humberto Vélez no es sencillamente ir más allá de las instituciones de arte, sino introducir sus propuestas con sus "actores" tradicionalmente excluidos de la representación de arte, como en el caso de los cien boxeadores en la Tate Modern de Londres para re-plantear las exclusiones de clase y de raza, y, además, para hacernos una vez más conscientes de que no solo tenemos derecho al arte y a la educación, sino que todos podemos estar envueltos en un proceso colectivo e individual de colaborar en un proyecto estético, donde definitivamente se borre la frontera del arte de élite y popular o de masas.

Señora ministra de Cultura tome nota de esto, por favor.