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22 de Jan de 2021

Cultura

Escenarios de creación del jazz

. ¿Cómo aprenden los músicos a tocar del modo en que lo hacen? ¿En qué piensan cuando tocan? ¿Cuáles son los lugares en los que se insp...

¿Cómo aprenden los músicos a tocar del modo en que lo hacen? ¿En qué piensan cuando tocan? ¿Cuáles son los lugares en los que se inspiran? ¿Qué sucede cuando dos, tres, cuatro, cinco o seis músicos se reúnen a tocar sobre un escenario y deben acordar los temas a interpretar? ¿Cómo negocian? ¿De qué manera improvisan? ¿Cuál es la fórmula para satisfacer al auditorio? ¿Cómo se arma un repertorio para la banda?

Son preguntas muy primarias que pueden plantearse desde cualquier escenario mundial. Cuestiones que llevaron a los músicos y sociólogos Robert Faulkner y Howard Becker a escribir El Jazz en Acción. Una obra que posa su mirada sobre intérpretes, muchas veces anónimos, que suelen animar en bares a la gente que se divierte con el viaje del ritmo de la improvisación y al público de eventos privados y clubes de jazz.

Tal vez porque no hay otro modo de referirse a la improvisación en el jazz, que no sea en primera persona, tal vez porque sólo aquél que improvisa puede decir algo sobre ese acto, y nadie más atento a recordar en qué consiste improvisar, que quien tiene la gimnasia de la investigación, Faulkner y Becker develan aquello que les permite a los músicos de jazz interactuar en un escenario, desnudando su vida social y las normas tácitas que regulan su creación: la colaboración entre el pianista y el trompetista, entre el bajista y el baterista, el conocimiento de sus lenguajes musicales individuales y el tejido de esos lenguajes en diversos escenarios, de las calles a los bares, hacen parte de esas reglas de creación del jazz. Ritmo en el que la dinámica de los músicos y los circuitos de realización social de sus pericias constituyen las bases de creación. Louis Armstrong, Earl Hines, Chet Baker, Paul Bley, Dizzy Gillespie y Clark Terry, son algunos de los nombres que recuerdan estas dinámicas interpretativas originadas entre las calles y bares de New Orleans, Chicago y New York, que hacen volar al oyente con la improvisación.

EL JAZZ EN PANAMÁ

El ir y venir de estadounidenses y afro-antillanos para la construcción del canal trajo el jazz desde las calles y bares de New Orleans hasta el istmo. La fiebre jazzística de los negros estadounidenses contagió a los músicos locales que se vieron reflejados en esta nueva propuesta musical. Bocatoreños, colonenses y panameños viajaron y se radicaron en New Orleans, Chicago, New York y otros estados construyendo así la cultura del jazz en Panamá. Hoy se extiende sobre el país una profunda estela dejada por los grandes jazzistas y se desarrolla una nueva generación comprometida a tomar en sus manos el género.

En este artículo invitamos a Carlos Ubarte, musico panameño director del cuarteto que lleva su nombre, para plantear las preguntas que llevaron a Faulkner y a Becker a escribir El Jazz en Acción, hilando las dinámicas de creación jazzística en los bares y clubes de este rincón del mundo.

ESPACIOS DE CREACIÓN

El cuarteto de Carlos Ubarte nació hace poco menos de un año, luego del encuentro que trascendió a los escenarios de improvisación musical panameña, entre el saxofonista Carlos Ubarte, el pianista Ibrahim Oscar Merel, el bajista Ariel Valdes y el baterista Luis Mitil, quienes después de reunirse sin otro compromiso que el de ensayar diversas melodías y compartir el gusto por el jazz, poco a poco fueron intercambiando sus lenguajes musicales: partituras, ritmos, videos y libros, trazando el camino creativo que los llevó a unirse y ‘encontrar un estilo’, como narra el director, Carlos Ubarte.

Al hablar de la improvisación y de cómo lograr conectarse entre músicos para crear las armonías jazzísticas y conectar también al público, Carlos dice que, al menos en su grupo, la experimentación hace parte esencial de ese lenguaje: ‘Si un tema es latin jazz, lo convertimos en ‘Bossa Nova’, ‘Funk’ o ‘Techno’, le cambiamos la velocidad, la forma de improvisar, al final lo que buscamos es divertirnos, porque si logramos compenetrarnos entre nosotros, lo lograremos con el público’. Por eso la interacción de cada uno de sus toques se traslada al escenario, logrando conectar en su viaje armónico a los oyentes.

Cada uno de los integrantes del cuarteto de Carlos Ubarte tiene la capacidad de tocar en el escenario música que nunca antes había tocado y esa misma característica deben tener los cantantes invitados. Se trata de la capacidad de explorar un tema en cualquier tono y envolver a los espectadores en el nuevo viaje musical. Por eso la preparación de cada músico debe ser alta: ‘esto me permite decir en medio de una canción que toquemos un tema diferente o cambiemos de estilo o inventemos una parte nueva y se la añadamos al tema que en ese momento estamos tocando’.

Otro aspecto importante en la creación jazzística lo constituyen los lugares, los escenarios, los espacios donde interactúan los músicos y el público, allí donde se crea la mágia de la improvisación.

Existen lugares que te permiten involucrarte con el público e intercambiar la energía. En otros lugares la música crea el ambiente, según Carlos: ‘si tocas en un restaurante, la música debe ser otro platillo que disfrute el cliente, tal vez un tema que le recuerde alguna película o un viaje, algo que inicie una amena conversación en la mesa. Si es un bar o pub, me gusta ver qué tipo de clientes hay esa noche y en base a esto elijo el repertorio. Si es un jazz club, pues el repertorio será de concierto, con temas más elaborados, más complejos y hasta con virtuosísmo’.

La creación musical va más allá de la música, en Panamá o en cualquier rincón del mundo. ‘Las notas, acordes, ritmos y demás, son simplemente conductores de energía, si piensas sólo en música no podrás transmitir tus emociones y sobre todo tu energía personal’. Por eso al tocar Carlos, el director del cuarteto que lleva su nombre, no piensa en la música, piensa en compartir su energía con sus compañeros y transmitir esa energía al público. Se trata del acto de entretejer los acordes con la vida: ‘el músico debe tener la capacidad de darse cuenta cuando toca para sí mismo y cuando lo hace para el público’.