20 de Feb de 2020

Cultura

Las chicas vienen marchando

El 24 de enero el oficial canadiense Michael Sanguinetti disparó esto en el auditorio del Osgoode Hall Law School, en Toronto: ‘Yo no de...

El 24 de enero el oficial canadiense Michael Sanguinetti disparó esto en el auditorio del Osgoode Hall Law School, en Toronto: ‘Yo no debería decirles esto, pero las mujeres tendrían que evitar vestirse como putas si no quieren ser violadas’. Era un día blanco y helado de invierno. De esos en que la gente sale con pala en mano a remover la nieve que se acumula frente a las casas, ataviada con trajes super herméticos y bien preparados contra el frío. De esos en que la jornada termina a las cinco de la tarde, con algo caliente y en familia, en orden, silencio y con la prudencia de un país caracterizado por el orden y la puntualidad.

Un día de esos en que una conferencia sobre seguridad, solicitada por las autoridades de la universidad para alertar a las bien portadas estudiantes sobre los asaltos sexuales, el acoso y las violaciones, no era una opción tentadora. De todas maneras allí fueron las jóvenes a sentarse en las butacas del auditorio del Osgoode, con la nariz colorada y las manos escarchadas, frente a Sanguinetti y un compañero suyo, para escuchar eso que pegó más que el frío: ‘Las mujeres tendrían que evitar vestirse como putas si no quieren ser violadas’. Nadie dijo nada. Todo quedó en un silencio que se transformó después en ruido en las redes sociales, los medios y las calles. Sanguinetti pidió perdón: ‘Fui imprudente, me disculpo con las víctimas a las que sólo agregué dolor’, y etcétera, etcétera.

Ya era tarde. Las putas venían marchando.

A CAMINAR

La frase de Sanginetti vino a cortar un cable tenso y ponerlo a corcovear como uno de alto voltaje que se zafa en una tormenta. Se cortó el 24 de enero en Toronto y el primer corcovo lo dio el el 4 de abril en Sackville, Canadá. De allí, las consignas de ‘mi vestido no es un sí’, ‘este cuerpo es mío, no se toca, no se viola’ o ‘no es no, sin excusas’, saltaron al otro lado del océano: Londres, Ottawa, Vancouver, Montreal y España.

La marcha llegó a Latinoamérica: Costa Rica, México, Buenos Aires y, ahora, viene corcoveando hacia Panamá. El próximo 25 de octubre, frente al Ministerio Público, en Calidonia, a las 4:00 pm, las panameñas levantaran sus reclamos de ya está, basta de abusos, déjame en paz.

La frase de Sanguinetti unió a grupos de mujeres de los cinco continentes, que -además de organizar marchas- informan de forma cohesionada las estadísticas (48 violaciones por hora en el Congo, por ejemplo), y dan a conocer presupuestos históricos sobre la hegemonía de la masculinidad, el control de los cuerpos de las mujeres como un mecanismo de opresión patriarcal y análisis sobre el predominio de modelos masculinos buen os en los relatos literarios.

Todo lo cuentan en el grupo de facebook ‘SlutWalk’, que recopila desde la primera hasta la última acción, y lo replican en todos los idiomas de todos los países con nuevas comunidades que arengan y desafían con el ‘todas putas’. Cuentan, muestran, recorren las calles tomadas por mujeres con minifaldas, portaligas, panzas al aire y mini short con tacones. Y debaten: ¿será buena la idea de llamarnos putas a nosotras mismas? Y mientras debaten, enfrentan la hegemonía masculina con un ‘todas putas’ pintado en el pecho, la espalda, las paredes.

El verbo de Sanginetti soltó el cable tensado por una cultura que en todo el mundo ataca a las mujeres, las marca, quema, penetra por la fuerza y, luego, las juzga. Eso queda claro con la salida de miles de mujeres en miles de lugares. Eso resalta Heather Jarvis, una de las fundadores de la Slut Walk en Canadá: ‘Hay un potente engranaje que nos inculca que allí está nuestro cuerpo, disponible para ser penetrado. Hay una operación inconsciente que desmiente de alguna manera aquello de que ‘si vas vestida de puta te la estás buscando’’.

Contra eso pretenden marchar las panameñas el 25 de octubre, tras la bandera ‘Ni putas, ni santas. Solo Mujeres’. Nos vemos.