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20 de Jan de 2021

Cultura

Un día en el hipódromo

C ada mañana me levanto siempre con el radiante sol del este, con la misma intención de esforzarme más entrenando, como si nada me detuv...

C ada mañana me levanto siempre con el radiante sol del este, con la misma intención de esforzarme más entrenando, como si nada me detuviera sin dejar a un lado mi sujetor.

Desde mi establo, donde tengo agua y alimento, me entretengo con la brisa de los abanicos. Tengo que en óptimas condiciones para las carreras.

Salgo sujetado por cuerdas y mi jockey guiándome hacia la pista, así mismo cientos de ejemplares a mí alrededor con la misma mentalidad de correr y correr.

Cargo la silla, una mascara de colores, mis cascos pintados y herraduras nuevas. El brillo de mi pelaje sobresale entre los demás. Con la arena entre mis cascos siento la necesidad de correr, la velocidad me llama y buscando la fama; conmigo salen varios deseando llegar primero a la meta, pero nadie me va a ganar.

En medio de la carrera, cientos de personas gritan mi nombre; a mi nombre apuestan y al final lo miran en lo más alto de la tabla de posiciones. Está hecho. Mi nombre es ovacionado con fervor; me colocan una corona de flores sobre mí, y siento la satisfacción de que no solo gané sino que me demostré ser mejor que los demás ejemplares y de que mi nombre sea plasmado en el salón de la fama.

Esta es mi casa, mi pista, mi ambiente, mi vida. Pensando en el día de mañana con la misma emoción de correr hasta el cansancio.