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24 de Sep de 2020

Cultura

‘Que no se vuelva un barrio muerto’

PALABRA. Sentado frente a su casa en el Casco Viejo, Hilberto Ergido vende tabaco, tarjetas para celular y, si no llueve, sombreros de P...

PALABRA. Sentado frente a su casa en el Casco Viejo, Hilberto Ergido vende tabaco, tarjetas para celular y, si no llueve, sombreros de Panamá. Aquí no paga alquiler, tan solo aguarda a que llegue la orden de expulsión, consciente de que tarde o temprano alguien se presentará en su puerta con un cheque para que salga de su casa. Mientras la lluvia cae ininterrumpidamente, Hilberto me señala un cartel encubriendo unas obras en el que puede leerse ‘Patrimonio Histórico’.

A 10.200 kilómetros de distancia, en Rusia, un grupo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decide mantener la designación del Casco Antiguo y de Panamá Viejo tras expresar que se deben hacer verdaderos estudios sobre el proyecto de la fase tres de la Cinta Costera, además de mostrar su preocupación por los problemas de vivienda del sitio, así como la inestabilidad estructural de muchos de los edificios del Casco Viejo.

En el expediente de solicitud de inscripción en la lista del Patrimonio Mundial, se menciona que el 70% de los edificios del Distrito Histórico de la ciudad de Panamá se encuentran deteriorados, estructural o funcionalmente, y sólo un 5% se encuentran en un estado de conservación aceptable. A mediados del 2008 sólo el 16% de los inmuebles había sido objeto de restauración, y actualmente hasta 66 edificios presentan problemas graves de estabilidad o están directamente derrumbados, según cifras de la UNESCO.

La Cinta Costera III -cuyos trabajos ya comenzaron en la zona- incluirá un viaducto marino de 2.8 kilómetros y ocupará una superficie de 6.68 hectáreas, a una distancia de 200 metros de la muralla del Casco, según el estudio de impacto ambiental.

Mientras 34 lugares pujaban por entrar en la lista de la UNESCO, dos de las propuestas para el Patrimonio en Peligro eran panameñas: el Sitio Arqueológico de Panamá Viejo y Distrito Histórico de Panamá y las Fortificaciones de la Costa Caribeña, Portobelo-San Lorenzo, que definitivamente fueron incluidas como ‘en riesgo’.

‘El interés de preservar era básicamente las fachadas; los interiores originales han sido reemplazados por edificios típicos de clase media con aire acondicionado, cerrados, donde la gente ya no habita la calle. En San Felipe hay dos poblaciones que se ignoran mutuamente, es un barrio esquizofrénico’, considera el ecologista Mir Rodríguez.

Digan lo que digan organismos internacionales, UNESCO, Oficina del Patrimonio, Oficina del Casco Antiguo, Instituto Nacional de Cultura y demás instituciones, el patrimonio del Casco Antiguo, Mary, una moradora del popular barrio, considera ‘que el patrimonio humano ya se ha perdido’. Durante la década de los 90, la inversión privada y por ende la especulación inmobiliaria mermó la población de San Felipe en un 30%. ‘El Gobierno puede más que nosotros los pobres, este es un patrimonio de ricos’, cuenta Mary.

UNA HISTORIA QUE SE REPITE

El Estado posee 38 inmuebles bajo propiedad del Banco Hipotecario, que por Ley N° 4 del 17/01/2002 están destinados a la construcción de viviendas de interés social. En la anterior legislatura se rescataron cuatro de ellos y fueron transformados en ‘viviendas asequibles’: 54 apartamentos de alquiler subsidiado, de una y dos recámaras, con un monto que varía entre los $50 y los $100 dólares al mes.

La rehabilitación de otros 3 edificios quedó en proceso cuando un inmueble de inquilinato se desplomó hace cinco meses y los habitantes del lugar invadieron los edificios sin terminar ‘al mejor estilo Casco Viejo’, dice Patricia Pinzón, presidenta de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo (AVACA).

El propietario de un inmueble histórico tiene un plazo de dos años para presentar un proyecto de restauración. Sin embargo y pese a los incentivos fiscales, la especulación inmobiliaria ha congelado este proceso, y en 2010 más del 80% de los 940 edificios con calificación patrimonial no habían sido restaurados. Los precios varían desde los $800 dólares el metro cuadrado hasta los $3 mil de uno en buen estado.

No hay censos ni estadísticas poblacionales oficiales, por lo que el proceso de desalojos sufrido en los últimos años ha generado también un ‘negocio de las indemnizaciones’, señala Pinzón. ‘Los desalojos deben ocurrir. Pero el Gobierno también tiene que garantizar vivienda social para evitar que el Casco Antiguo se convierta en un barrio muerto’, añade.

‘La desregulación es el brazo fallido de todo el problema que arrastra San Felipe’, considera Pinzón, que atribuye a la débil legislación y a la permisividad institucional el abandono de la restauración del barrio y la atroz especulación.

DOBLE PUÑALADA

El ‘no’ a la cinta costera III, el polémico proyecto que revalorizará el precio del metro cuadrado en el Casco y pondrá en riesgo la designación de este como Patrimonio Histórico, suma ya 30 mil seguidores en su página de Facebook. En cualquier caso, ‘con cinta o sin cinta, necesitamos un techo’, reclaman los habitantes.

La especulación sigue avanzando y los barrios de Santa Ana y El Chorrillo están en el punto de mira de los inversores. ‘Santa Ana ’is coming’; es el futuro porque ahora todavía se puede comprar barato’, señala Clara Hardin, representante de la inmobiliaria Arco. Colindando con San Felipe y con algunos edificios dentro de la demarcación de patrimonio, Santa Ana comienza a mover capital.

Pero de construirse la Cinta Costera III y completarse el relleno delante de las playas de El Chorrillo, este barrio se llevará la peor parte. ‘En El Chorrillo muchos no han actualizado su valor catastral, porque no pueden o porque no les conviene -si el valor es inferior a $30 mil dólares no se pagan impuestos de vivienda-, y las indemnizaciones -para aquellos que poseen los títulos de propiedad- no se corresponden con el valor de mercado’, explica Pinzón. La vocera señala que en cualquier caso la indemnización será todavía menor cuando pierdan también la prioridad de estar en primera línea de playa, después de que se edifiquen rascacielos delante del barrio. "Eso es una doble puñalada", puntualiza.