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31 de May de 2020

Cultura

Vélez y la estética de la colaboración

H umberto Vélez es uno de los artistas panameños más reconocidos en la escena contemporánea global y el menos convencional. Aunque lleva...

H umberto Vélez es uno de los artistas panameños más reconocidos en la escena contemporánea global y el menos convencional. Aunque lleva 22 años viviendo fuera de Panamá, su cultura y su gente siguen presentes en su vida y en su obra.

Ya desde inicios de los 90 comenzó a ejercer un impacto en artistas jóvenes, por el enfoque novedoso de su arte y por su voluntad de comunicarse con ellos. Su muestra individual Instalaciones, que ocupó todo el Museo de Arte Contemporáneo en el 2000, ejerció una influencia decisiva en la generación emergente de artistas panameños. Nadie antes en Panamá había usado una gama tan amplia de materiales y técnicas apropiados del ámbito popular y digital, la tradición y la actualidad.

El grueso de su trabajo en la última década trasciende el objeto de arte y se sale del espacio aislado del museo. Vélez llama a esta nueva práctica ‘estética de la colaboración’ porque concibe y desarrolla sus proyectos colectivos desde los estratos populares, en distintos lugares del mundo, uniendo a individuos y comunidades étnicas, artesanos, atletas, músicos o asilados políticos para que trabajen en conjunto.

Se trata de performances o acciones públicas que son el desenlace de una larga y compleja colaboración entre el artista y los participantes. Vélez invita a participar en procesos de creación y ‘exhibición’ a gentes que están fuera del circuito del arte. Sus obras motivan a la reflexión crítica sobre el trato hacia grupos humanos marginados, ya sea por su sexo, etnia, clase social o modo de vida. Su inclusión contribuye a su empoderamiento social y cultural.

Luego de una larga preparación colectiva, los performances de Vélez exhiben éticas y estéticas que a menudo contradicen la norma, y están muy influidas por su formación cinematográfica. Son ritos festivos que invitan a conocer y compartir otras miradas, otros imaginarios sociales. Pero como el cine, sus acciones se alimentan de fuerzas en tensión que llevan a un clímax y a su desenlace.

Vélez sabe que la identidad individual o colectiva se va construyendo mediante la ‘repetición estilizada de actos’, como diría Judith Butler. Lo bello, lo feo, lo femenino, lo masculino… todo es una construcción, una puesta en escena, que va fijándose en la conducta y el inconsciente. De ahí la importancia de la actuación y del rito, dos estrategias clave en las obras del panameño.

El grueso de su trabajo se sustenta en las relaciones sociales. Es una especie de nómada paradójico: aquel obsesionado con lo local porque cada rincón del mundo constituye un cruce de caminos marcado por diferencias, similitudes, tensiones, dinámicas y cambios.

Su objetivo es compartir ideas y experiencias, revelar la capacidad de las comunidades para crear sus propias estéticas y reapropiarse de los espacios públicos.

En buena medida, el éxito de todas las performances del ex actor radial radica en su flexibilidad y capacidad de adaptación al flujo de los acontecimientos inesperados, e incluso a los proyectos que pueden ser considerados como ‘fracasos’.

Él comprende de sobra que los contratiempos son parte integral del proceso porque detonan fricciones, revelan realidades subyacentes y tocan nervios en las dinámicas políticas que rigen las sociedades. Todo lo contrario a la obsesión tradicional por la obra ‘perfecta’.

CRÍTICA DE ARTE