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07 de Mar de 2021

Cultura

Ballenas y vallenatos en el CILE

Gabriel García Márquez volvió la cara con toda amabilidad hacia aquella mujer que por fin conseguía dirigirle la palabra tras abrirse pa...

Gabriel García Márquez volvió la cara con toda amabilidad hacia aquella mujer que por fin conseguía dirigirle la palabra tras abrirse paso en la conversación. Un grupo de periodistas y el escritor colombiano miraban hacia el mar desde la embarcación en la que navegaban cerca de Los Cabos (México) con la esperanza de avistar algunas ballenas. Todos ellos participaban esos días en la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa de marzo de 2004. ‘Y dígame’, le interpeló Elizabeth Dulanto, directora de la revista peruana Cosas: ‘¿Qué tienen que ver con las ballenas esos ballenatos que cantan en su país?’. Y el premio Nobel le respondió con toda cordialidad: ‘No, señora, el vallenato es con uve’.

El I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas (México) en abril de 1997, se recordará sobre todo por aquel discurso inaugural en el que García Márquez bromeó contra la ortografía del español y propuso acabar con ‘esas haches rupestres’ y con la diferencia entre la ge y la jota, o entre la ‘be de burro y la ve de vaca’; esas letras, dijo, ‘que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos, y siempre sobra una’.

La propuesta se quedó en la memoria de millones de hispanohablantes, pero ningún movimiento cultural importante se tomó en serio la humorada, nadie la desarrolló o la planteó para su aplicación; lo cual, de haber ocurrido, habría terminado haciendo inservibles millones de libros, habría destruido tal vez la unidad ortográfica y habría contribuido a borrar muchos de los cromosomas que apreciamos inconscientemente en las palabras escritas, como sucede con ese ‘vallenato’ que procede de un valle colombiano, y más exactamente de los natos de ese valle, los valle-natos. ‘Vallenato no viene de ballena’, agregó García Márquez, según el recuerdo todavía fresco de su interlocutora. ‘Viene de Valledupar’.

Los congresos trienales de la lengua celebrados hasta ahora no adquirieron repercusión internacional por los trabajos presentados en sus reuniones, algunos de gran rigor científico, ni por las mesas redondas para un público reducido o de especialistas, sino por aquel discurso iconoclasta de García Márquez. O también por la entrañable reflexión sobre Las malas palabras que regaló el negro Roberto Fontanarrosa en Rosario (2004), con una defensa cerrada de la voz ‘carajo’; o por aquel homenaje sobrecogedor a Ernesto Sábato, con una ovación de diez minutos. O por la cara de susto con que fueron retratadas en Valparaíso, Chile (2010), las personalidades que estaban prestas para la jornada inaugural, arruinada por el tremendo terremoto. O por el autoplagio de Camilo José Cela en Valladolid (2001), quien repitió el texto que había pronunciado tres años antes en la ciudad mexicana. (El hecho lo descubrieron algunos asistentes a ambos actos, y al día siguiente lo contó en exclusiva mundial la periodista Helena Madico en El Día de Valladolid).

EXPECTATIVA EN EL ISTMO

El VI congreso que se desarrollará en la ciudad de Panamá del 20 al 23 de octubre próximos ofrecerá igualmente al gran público algunos motivos de recuerdo y muchas anécdotas, tal vez; pero, como los anteriores, su celebración no se justificará solamente con eso.

Sí contribuirán a conseguirlo algunos otros hechos programados para aprovechar este tirón mediático. Por ejemplo, la Asociación de Academias de la Lengua Española incorporará a su página www.asale.org el Diccionario de americanismos (hasta ahora consultable solamente en un voluminoso libro impreso), cuya aplicación está lista para sumarse a las que se pueden hallar en www.rae.es: el diccionario usual (el DRAE) y el Diccionario panhispánico de dudas (el DPD), entre otras mejoras de la oferta cibernética de la institución.

Y se les añadirán en esa misma dirección la Nueva gramática de la lengua española (2009) y la Ortografía de la lengua española (2010). Y en el terreno del papel, se imprimirá para su distribución el nuevo manual Ortografía escolar, que saldrá con un precio de cinco euros en España y tres dólares en América.

El congreso servirá igualmente como cámara ecoica para los avances en el Nuevo diccionario histórico del idioma español, dirigido por el académico José Antonio Pascual, y para la presentación del Corpus del español del siglo XXI, que recoge en soporte informático 350 millones de formas (el 70% de las cuales procede de América) bajo la dirección del académico Guillermo Rojo.

En la reunión de Cartagena en 2007, Bill Clinton, expresidente de EE UU, que participó con un discurso, dijo que él había leído Cien años de soledad en inglés cuando tenía 25 años, y que ahora su hija lo estaba leyendo en español. Sobre ese empuje de nuestra lengua en aquel país pueden hablar ahora Enrique Durand y Jon Lee Anderson, anunciados ambos como ponentes en las reuniones de Panamá.

Durand, periodista estadounidense de origen argentino, que ha sido durante 14 años responsable de los servicios informativos de la CNN en español (desde Atlanta para toda América), cree que nuestra lengua goza en EE UU de una ‘bendición mixta’ con el aporte enormemente diverso de hispanohablantes que proceden de todas las latitudes latinoamericanas y de España. ‘Digo mixta’, precisa, ‘porque a la variedad de vocablos que incorporan se une el descuido de las normas para su uso, debido a las mezclas idiomáticas, incluida la influencia del inglés, y eso afecta a la precisión con que se emplean las palabras’.

Durand se refiere por ejemplo a los ‘falsos amigos’ entre las dos lenguas (como traducir library por ‘librería’ en vez de ‘biblioteca’). Él los ha perseguido durante años cuando se colaban en los textos informativos, pues siempre ejerció como atento mejorador del idioma de las noticias.

El aumento de hispanohablantes en la zona de Atlanta, donde Durand reside y donde trabaja como consultor de medios informativos, no parece haber producido sin embargo un mayor apetito por libros escritos en español. ‘Uno de los factores’, precisa Durand, ‘ha sido la desaparición de Borders, una de las grandes cadenas de librerías, que solía ofrecer una discreta colección de títulos. La cadena superviviente tiene una modesta selección, en su mayoría de traducciones del inglés al español o de libros inspiradores, con muy pocos de literatura hispana original’.