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22 de Jan de 2021

Cultura

‘Estamos en un punto sin retorno’

En la familia de Rosario Arias de Galindo la política fue siempre una pugna entre caballeros.

El año pasado cuando Rosario ‘Mami’ Arias de Galindo se enteró de que había un tal José Domingo Arias estaba corriendo por la presidencia, comenzó a preguntar entre sus seres más cercanos para averiguar si, de casualidad, se trataba de una familiar suyo. Pero le fue difícil encontrar a alguien que le diera referencias del candidato de Cambio Democrático y Molirena. Finalmente, después de una revisión exhaustiva de su árbol genealógico, logró establecer que el mentado ‘Mimito’ procedía de otra familia, de ‘otros Arias’. ‘Para mi es doloroso, tener que votar por una persona de la que no sé absolutamente nada’, lamenta la ex presidenta de Editora Panamá América (EPASA).

La política es un tema que a Doña Rosario le apasiona, a pesar de nunca haber desempeñado un cargo público. Lo que sabe lo aprendió de su padre, Harmodio Arias Madrid, quien asumió la presidencia en 1932; y de su hermano Roberto ‘Tito’ Arias, que ocupó una curul en la Asamblea Nacional. ‘Yo era la mujer. No tenía sentido involucrarme en política, como si lo hicieron mis cuatros hermanos’, comenta después de sentarse en un sillón en la sala de su apartamento, bajo un retrato suyo firmado por el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. Se lo vendió por 500 dólares, una transacción que no fue del agrado de su progenitor. ‘¿Por qué te le vendió si te lo dedicó a ti?’, reclamó su padre en aquella oportunidad.

Mientras se remonta al pasado y cuenta una historia que transcurre entre los barrios de Bella Vista y Paitilla (donde reside en la actualidad), viajes al extranjero y la redacción del Panamá América (que perteneció a su familia hasta su venta en el 2010), los alargados y venosos dedos de su mano se curvan, como intentado extraer las vivencias acumuladas durante 94 años.

Es uno de esos gestos que en Doña Rosario denotan autoridad y refinamiento, y que expresan una exquisita educación impartida en centros educativos en Chile y Bruselas.

LA EDUCACIÓN PRIMERO

La suya fue una formación privilegiada, a la que lastimosamente no tiene acceso el panameño común. ‘Actualmente la educación no está para que los panameños se paren en sus dos pies, para que decidan por su cuenta qué es lo que nos convendría hacer’, afirma.

Asegura que si se hubiera sentado en la silla presidencial, tal como lo hizo su padre, el tema educativo habría sido una de sus prioridades. No los megaproyectos o la difusión de promesas electoreras sin fundamento. ‘Por ahí hay un candidato que anda diciendo que si gana en todas las escuelas del país van a enseñar inglés. ¿De dónde van a sacar los profesores? Ahora mismo no tienen ni para el Instituto Nacional’, plantea.

Otro problema que identifica en el actual sistema educativo es el derivado de la eliminación de la materia de relaciones entre Panamá y Estados Unidos. Califica como un desacierto por parte del Ministerio de Educación el haber ignorado la relevancia de esta materia en un país que siempre ha mantenido estrechas relaciones con los Estados Unidos. ‘Hemos funcionando demasiado unidos a los ’gringos’ durante muchos años, para que de la noche a la mañana se deshaga el ’matrimonio’. Está bien ser independientes, pero también es preciso mantener relaciones cordiales con los Estados Unidos’, sugiere.

LA DAMA DEL PERIODISMO

Si bien se retiró del periodismo, sigue el acontecer noticioso con una mente que, a pesar de su edad, mantiene su agilidad para el análisis político. Ha evaluado, con una perspicacia curtida durante sus años en el Panamá América , cada una de las propuestas electorales que se han presentado de cara a las inminentes elecciones del cuatro de mayo. Aunque afirma conocer a Juan Carlos Navarro desde hace años, coloca sus apuestas en Juan Carlos Varela, de quien destaca la laboriosidad que siempre ha caracterizado a su familia.

Del candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD) destaca lo que, en su opinión, es su principal debilidad: la absoluta certeza de que ‘ya le toca’ ser presidente. ‘No creo que la presidencia nunca le toca a nadie. Opino que todos tenemos derecho, siempre y cuando no lo perdamos’, advierte.

Le preocupa que en el próximo torneo electoral salga elegido el candidato del oficialismo, ya que el gobierno continuaría funcionando como lo ha hecho durante estos cinco años, como una empresa privada, en la que se privilegian ciertos sectores que demuestran mayor potencial, en detrimento de otros. ‘Esa no es la manera de manejar una nación... Panamá es un país pobre y hay muchas cosas atrasadas. Gastamos en lo que no debemos. Siempre han existido políticos con prioridades equivocadas’, precisa.

De imponerse Domingo Arias Doña Rosario teme que el ex integrante del gabinete de Ricardo Martinelli tenga que enfrentarse a la compleja situación de gobernar un país donde la mayoría de su población se opone a la gestión de Cambio Democrático.

En cuanto al fenómeno de los independientes, que han tenido una participación más activa en la presente campaña, reflexiona que ‘no van para ninguna parte’, ya que requieren de la organización de un partido político. De una maquinaria como la que apoya a Domingo Arias, Navarro y Varela. ‘Al panameño le gusta sentirse parte de un grupo, sentirse protegido. Van a pasar años antes de que un independiente gane’, apunta.

POLÍTICA DE CABALLEROS

Además de la posible continuidad del actual gobierno otro aspecto que identifica como alarmante es la ausencia de ética entre los candidatos. Recuerda que en su tiempos las cosas eran diferentes. Campañas sucias como las de ahora eran impensables, debido al nivel de decencia que mantenían los adversarios políticos. ‘Nunca debimos haber llegado esto, a tener que hacer una campaña en contra de los insultos personales’, expresa entrecerrando unos ojos vidriosos.

Recuerda que cuando su progenitor corría para la presidencia, su adversario era el padre de una de sus mejores amigas. Para aquel tiempo, ambas se encontraban internadas en una escuela de monjas en Chile. Las sacerdotisas leían las cartas que sus familias les enviaban desde Panamá.

A cada una le comentaban lo que el padre de la otra afirmaba sobre su contrincante. Para las monjas era un misterio como podían seguir siendo amigas íntimas. ‘Nos enseñaron que la política era un punto aparte, que no se debe tomar a nivel personal. Eso se ha perdido’, lamenta. Considera que cuando los políticos se degradan hasta el punto de meterse con la familia de un contrincante se llega a ‘un punto desde el que no es posible el retorno’.

Opina que los mejores políticos son los que hacen su trabajo de forma tranquila y callada, sin caer en aspavientos ni diatribas. Son aquellos que, para ella, representan la antítesis de personajes como Sergio ‘Chello’ Gálvez.

Esto no quiere decir que los aspirantes a un puesto de elección electoral deban ser insulsos, desprovistos de carisma, un elemento que parece no ser necesario si se cuenta con una campaña publicitaria reiterativa e impactante. ‘Mi generación exigía ver a los candidatos en el Parque Santa Ana, en la Catedral, para hacerles preguntas, ver al ser vivo... No a los candidatos artificiales que aparecen hoy en día en la pantalla’, puntualiza.

La entrevista ya ha finalizado. Pero la conversación con Doña Rosario no. Se asoma a uno de los ventanales de su apartamento. A la izquierda están las islas artificiales del señorial proyecto Ocean Reef, en Punta Pacífica; a la derecha se observa el Casco Viejo, cuyo horizonte evocador de mil romances y poemas ha sido reemplazado por un anillo de concreto.

A pesar de los cambios que han tenido lugar en el barrio y en la ciudad, el espacio de refinamiento, decencia y buen gusto que Doña Rosario ha procurado para sí permanece inalterado. A resguardo están las fotografías y reliquias de la familia; la comodidad de todos, incluso la de la servidumbre, está asegurada. Mientras tanto afuera reina la desigualdad y la incertidumbre, se erigen torres y se derriban reputaciones.