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26 de Nov de 2020

Cultura

Nacido en la ruta de los frailes

Un nuevo vino llega a Panamá. Su botella azul custodia el alma pura de los albariños

En los caminos hacia Santiago de Compostela no solo germinó la fe. Justo al inicio de una de las kilométricas rutas que seguían los monjes, específicamente los que venían de Centroeuropa, para llegar a la tumba del apóstol Santiago también prosperaba el destino de una de las bebidas más exquisitas que existen hoy. A una orilla del Mar de Frades (mar de los frailes) se levantan los viñedos que le dan sabor a la botella rotulada con el mismo nombre de la porción de agua salada.

El vino Mar de Frades, que ya se encuentra en 60 países, llega a Panamá. Este mar hecho vino es un albariño puro. A diferencia de otras bebidas con igual especificación, el claro líquido que se refugia en la botella azul con gaviotas en relieve, proviene al 100% de uvas albariño, sin lugar a mezclas. Esto lo hace especial, asegura Javier Schoendorss, director comercial de la marca.

LA DENOMINACIÓN

Rías Baixas (O Rías Bajas) es la zona de donde proviene la etiqueta, una denominación que apenas y cumple unos 15 años, es relativamente nueva si se compara con otras centenarias. Pero en el poco tiempo que tiene ha ganado terreno con rapidez. En ocho años —comenta Schoendorss— sus ventas se han triplicado y se ha puesto de moda por su aroma y sabor.

Es que la uva albariño tiene un gusto ligero y frutal, lo que atrae a nuevos paladares, como los panameños, que se han convertido en un importante mercado. La población de Panamá, que no supera los 4 millones de habitantes, tiene un consumo de vino similar al de un gran país como Brasil. Esa fue una razón suficiente para traer al exclusivo Mar de Frades, y se dieron cuenta —según el director de la marca— que los vinos blancos están en la mente de lso consumidores cuando tienen que descorchar una botella.

EL CULTIVO

Las albariño son propias de Galicia, y las utilizadas en Mar de Frades son obtenidas de pequeños viñedos, cultivados por micro agricultores que son monitoreados por los productores de la fina bebida. Cuenta Schoendorss que les dan seguimiento a los procesos de cultivo, para así mantener la esencia pura. Han acogido esta medida ya que solo cuentan con ocho hectáreas propias, que no son suficientes para abastecer la demanda.

LA BOTELLA

El color azul de la botella también lo hace diferente, y como todo evoca a sus orígenes no podía ser otro que el tono del mar, acompañado de elegantes gaviotas.

La etiqueta hace algo más que anunciar el nombre, ella tiene una tinta termosencilble, que hace aparecer un barco de color azul cuando el vino llega a la temperatura adecuada para su servicio. Al ocurrir eso, quien lo vaya a consumir sabrá que está al frío adecuado; una vez desaparezca la nave hay que ponerlo a enfriar otra vez.

MARIDAJE

Como se trata de un vino blanco es obviamente un buen acompañante para mariscos y pescados. Pero si nos salimos de los usual —recomienda el representante del vino— es excelente con la comida peruana, ceviches, y con platillos asiáticos.