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31 de Oct de 2020

Cultura

Grosz, el artista del ‘No’

La obra del dibujante que le dio la espalda tanto al nazismo como al comunismo se expone en el MAC. Denuncia de una sociedad en crisis

Hay una razón por la que los nazis quemaban los dibujos del pintor alemán George Grosz. Sus dibujos que reflejaban la esencia de una sociedad corrupta y convulsionada, como lo era la Alemania de los años veintes, resultaban ofensivos para los miembros del nacional socialismo, que apelaban al orgullo teutón con fines políticos. ‘Los nazis eran los que miraban hacia el pasado en busca de jerarquías militares e imperiales, de antiguas estructuras de poder’, comenta Lutz Becker, curador de la muestra ‘George Grosz: El Gran No’, que fue inaugurada el pasado miércoles en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

Compuestas por más de 100 fotolitografías tomadas de los dibujos originales, que datan de 1923 y 1928, ‘El Gran No’ ofrece un vistazo al trabajo del que es considerado, según Becker, como uno ‘de los mejores dibujantes del siglo XX’.

La muestra, que estará en exposición en el MAC hasta el 26 de abril, está dividida en las colecciones ‘Ecce Homo’ y ‘Hintergrund’. En ambas Grosz realiza un ‘retrato social’ de la República alemana que le siguió a la Primera Guerra Mundial, exponiendo a sus ciudadanos como arrogantes, ambiciosos y destructivos. ‘Cabe recordar que 1923, año en que se publico ‘Ecce Homo’ fue el mismo año en que Hitler organizó su primer golpe de estado en Bavaria. Grosz trataba de reflejar la increíble tensión en que vivía una sociedad, dividida entre aquellos que disfrutaban de privilegios increíbles y otros que estaban sumidos en la pobreza. Sus obras nos enseñan que incluso el vecino más inofensivo puede tener una carácter malicioso’, apunta el curador.

Señala que entre el espectador y los dibujos de Grosz se entablaba un juego de emociones: amargura, rabia, ironía, etc. ‘Primero te atrae, hace que te identifiques con el personaje, que lo reconozcas; luego te enseña a rechazarlo. De esta forma juega con nuestro sentido natural del bien y del mal’, indicó.

EL DESENCANTO Y EL EXILIO

Fueron precisamente sus destrezas en la crítica social (una función que recuerda los grabados de Goya, a pesar de las diferencias estilísticas) las que provocaron que en 1933, meses después de que Grosz emigrara hacia los Estados Unidos, los nazis quemaran parte de su obra. Becker asegura que de no haber escapado a tiempo el artista hubiera perdido la vida frente a las huestes nazis.

Once años antes, en 1922 Grosz viajó a la Unión Soviética. Cuando retornó a su país, el desencanto con las ideas de Lenin y Stalin era tal que el artista decide abandonar el partido comunista. ‘Si tu eres una persona que ama la libertad y vas a un lugar que crees que es libre, y te encuentras con gente que vive dentro de una gigantesca sociedad autoritaria, puedes perder tus ilusiones’, expone Becker.

Exiliado y desilusionado, trató de abrirse paso entre el mundo del arte estadounidense, tal como lo había hecho en Alemania, en el que llegó a ser cofundador del célebre grupo berlinés Dadá. Si bien Becker se dedicó a la enseñanza y exhibió sus trabajos en los museos estadounidenses, le fue difícil ganarse un espacio entre el público estadounidense, que nunca lo dejó de percibir como a un forastero.

Grosz retornó a su tierra natal en 1959. Becker, quien ese entonces era un adolescente, recuerda cómo fue recibido el artista que había llegado a formar parte de la mitología de la ciudad de Berlín.

Becker ha presentado ‘El Gran No’ en Inglaterra, país donde reside con su esposa Iradia Icaza, de nacionalidad panameña. Ella fue quien lo convención de montar esta exhibición en Panamá. ‘Pienso que estas imágenes de rabia y desesperación, propias de una sociedad deshonesta, le pueden interesar a las personas de este país’, precisó.