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21 de Jan de 2020

Cultura

Mi mamá y el Mustang del “66

Yo digo que los años y el tiempo son la misma cosa siempre. Todo se entremezcla en la memoria

Hace un largo, lánguido y perezoso sol en mi península. Es 3 enero de 2016. Año bisiesto. Sobre los años bisiestos encuentro en Wikipedia la siguiente información: es una expresión que deriva del latín bis sextus dies ante calendas martii (sexto día antes del mes de marzo repetido), que correspondía a un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero por Julio César.

En el calendario gregoriano, calendario hecho por el papa Gregorio XIII, este día extra se colocó al final de mes (29 de febrero). El 24 de febrero era el sexto día antes de las calendas (primer día del mes) de marzo. Los romanos no contaban los días del mes del 1 al 31, sino que tomaban tres fechas de referencia: calendas, nonas e idus. Para contar se incluía el día de referencia (en este caso, el 1 de marzo).

Me parece grandioso. ¿Y? Yo digo que los años y el tiempo son la misma cosa siempre. Esta tarde de sol es idéntica a la que viví en enero de 1984 cuando mi madre intentó conducir un auto por primera vez y nos fuimos a una zanja camino a la playa. Hubo que llamar a una grúa para sacar el auto modelo Ford Mustang de 1966 que todos conocemos por las películas que incesante, alevosa y, por tanto, manipuladoramente llegaban del país del norte que años después nos invadiría y lanzaría, también incesantemente, alevosa y (por tanto y más) manipuladoramente, bombas sobre el barrio del Chorrillo con la excusa de desmantelar el Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa y llevarse al señor Piña, quien, por su lado, ya se había refugiado bajo la sotana de Monseñor Laboa, apellido que, dicho sea de paso, originó chistes y comentarios de doble sentido que hasta el día de hoy siguen vigentes en cantinas y galleras (a propósito de la destrucción del Chorrillo, he leído por ahí que algunos panameños de mucha autoridad histórica dicen que fueron miembros de las Fuerzas de Defensa de Panamá los que no se sabe si incesante y manipuladora pero sí alevosamente les prendieron fuego a las casas de madera del populoso vecindario; vaya usted a saber, la cuestión es que las fotos que vi hace unos días en las que aparecían un montón de cadáveres de panameños son muy fuertes, muy explícitas y difíciles de discutir; y, bueno, si a eso vamos, la foto que tomó el difunto reportero de guerra Juantxu Rodríguez Moreno no parece cosa de Photoshop, programa que además ni siquiera existía en 1989 cuando una bala gringa mató al Juantxu; pero algunos compatriotas míos podrían aludir cualquier cosa; por ejemplo, que los que aparecen allí en la foto no estaban muertos sino que estaban posando y que al segundo después de que Juantxu disparara la cámara se pusieron de pie y se chocaron las manos y se rieron celebrando ser parte de la pantomima; o finalmente podrían decir que esos muertos son producto de bala de algún miserable Macho de Monte, nombre por el cual se conocía a una de las Compañías más populares dentro de las Fuerzas de Defensa. El que quiere demostrar algo siempre puede hacerlo siempre que sea inteligente. También viene bien ser psicópata. Caramba). Pero no nos distraigamos, yo estaba hablando primero de un sol largo, lánguido y perezoso y luego del origen del término ‘año bisiesto' y de cómo los años y el tiempo son la misma cosa siempre y de cuando mi mamá condujo un Ford Mustang de 1966. Sí, eso, mi mama, puedo decirlo con cierto orgullo medio mama-huevo-de-los-gringos-y-sus-símbolos-de-bonanza-económica, condujo alguna vez un Mustang. Eso era lo que quería decir en realidad. Que mi mamá condujo ese auto y que por inexperiencia al volante lo llevó rumbo a una zanja y que luego hubo que sacarlo con grúa. Eso. Que tengan buen año 2016.

MÚSICO Y POETA