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21 de Jan de 2021

Cultura

Las Guabas, el taller de los artistas valientes

En un rincón de la Facultad de Arquitectura de la UP, Guillermo Trujillo e Iván Zachrisson se ensuciaron las manos de barro para modelar un sueño

Guillermo Trujillo hacía sus diseños de flores, Manuel Chong Neto pintaba a sus gordas, se paseaba por ahí el pincel de Alfredo Sinclair, de Juan Manuel Cedeño y de Alberto Dutary, luego venía Iván Zachrisson y esmaltaba las piezas con la habilidad de un artesano puro y sencillo, pero dueño de la técnica. ‘Era el experto en sacar los colores', recuerda la gestora cultural Nancy Calvo. Hace 38 años, fue testigo de una corriente artística que se gestaba dentro de cuatro paredes blancas: el Taller Las Guabas.

‘Ahí se reunía la gente más interesante del arte nacional, había de todas las corrientes, hasta escritores. Era como un bau haus', formula el diseñador Dickey Velarde, quien pertenece a la primera generación de Las Guabas, donde aprendió no solo cerámica, sino apreciación artística.

ESCENA DESDE EL BARRO

Pequeñas nubes de humo se paseaban dentro de un taller frente a Las Guabas. Los cigarrillos de arquitectos, artistas y escritores dibujaban en el aire los nuevos bocetos de obras aún por ejecutar. Se hablaba sobre las promesas hechas a una galería, sobre piezas originales que emulaban las corrientes creativas de otras latitudes.

Era la tertulia intelectual que promovía el Taller Las Guabas. Un encuentro concebido como el divertimento de unos pocos artistas valientes, y al que muchos llegaban con la excusa de pedir solo un café para disfrutar del placer de presenciar el asombroso proceso de producir algo de la nada.

‘Frente a Las Guabas estaba el taller de grabado Los Algarrobos, que junto con el primero formaron este relevante punto de encuentro de artistas, escritores y culturosos de la época', corrobora hoy el pintor Guillermo Mezza, decorador de cerámica en Las Guabas, alumno del profesor Alberto Dutary y asistente de los pintores Guillermo Trujillo y Manuel Chong Neto.

Trujillo era el artista y el alma del taller, y tenía ayudantes-aprendices como Alvin Cerrud, Carlos Diez y el propio Mezza. Mientras tanto, Zachrisson desarrollaría y formaría los aspectos técnicos del taller y el manejo del barro, teniendo también aprendices.

La disciplina principal del centro fue, desde su origen en 1973, el arte de la cerámica, la forma que toma el barro —agua y tierra— bajo el efecto del fuego; nada más telúrico, más primario, más esencial... Los más jóvenes de la mano de los maestros. Todos en torno al horno y su mágica transformación.

‘Lo que exigía Trujillo era calidad y capacidad de trabajo para laborar en los talleres', sostiene Mezza. ‘La calidad de sus piezas y la firma del maestro promovió una valoración de la cerámica como objeto de arte'.

Las cabezas de todo eran Trujillo y Zachrisson. Uno arquitecto graduado de la Universidad de Panamá con estudios de cerámica y paisajismo en España, el otro recibido del Instituto Nacional de Bellas Artes de México con el título de Maestro en Cerámica y becado en 1965 por la UNESCO para realizar estudios sobre técnicas de cerámicas usadas en España, Francia e Italia. El primero encargado de la parte artística, el segundo de la discreta parte técnica.

UN ATELIER DESAFIANTE

La mayoría de los artistas pasaban por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá, ya fuera para enseñar o aprender, rememora Nancy Calvo. De hecho, varios arquitectos eran pintores, tenían una carrera paralela porque no existía la carrera de pintor como tal.

‘Las Guabas influyó bastante porque era un lugar de encuentro artístico que en Panamá no existía', añade.

Llegaban estudiantes de arquitectura porque tomaban el Taller como materia electiva, pero como trabajar bien la cerámica era difícil —sobre todo con las voces de maestros de aquel calibre guiando los pulgares sobre la masa—, lo abandonaban pronto y se quedaban solo los que tenían verdadera vocación y habilidad.

‘Yo era profesor de torno, Trujillo de modelado', explica Velarde. ‘Trujillo además decoraba y los platos de cerámica, la gente se los quitaba de las manos'. Con el tiempo, el público solicitaba vajillas completas de Las Guabas para regalarlas en bodas o las apreciadas cajas de Zachrisson como elementos originales de decoración.

‘Hacíamos también piezas utilitarias, jarras y bandejas, con las firmas de los maestros como piezas únicas de colección', continúa el diseñador. Los maestros de Las Guabas hicieron incluso intervenciones de grabado y mosaicos en algunos puntos de la ciudad, en casas, piscinas, instituciones gubernamentales, era un momento de alta producción creativa, añade el experto, quien hoy dicta clases en el taller de cerámica de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá.

Entre pieza y pieza, en el intermedio creativo, los tertulianos artistas volvían a entregarse al café, los cigarrillos y las charlas en ‘la oficina de en frente', que a ratos también hacía las veces de taller de grabado de Trujillo, el gran ‘magneto'.

El Taller Las Guabas era a todas luces el punto de encuentro de los intelectuales de la escena artística panameña, rememoran con nostalgia Calvo, Velarde y Mezza.

EL DECLIVE

Por aquellos tiempos, la Galería Nova, Etcétera y el Instituto Panameño del Arte (hoy Museo de Arte Contemporáneo) tenían sus puertas abiertas a la producción de Las Guabas, que ya se había hecho con una reputación.

‘Había como una necesidad de que algo pasara', reseña Calvo. Todas las piezas creadas en el taller Las Guabas se comercializaban con facilidad. ‘Carmen Alemán fue la que impulsó el valor de la producción de actividades de cerámica', agrega Velarde. Alemán, historiadora y curadora de arte, creó en conjunto con Graciela Eleta y la Junta Directiva de Panarte ‘El Sótano', en el cual se exhibían las cerámicas policromadas del taller dirigido por los dos maestros.

Pero la jubilación del maestro Trujillo, uno de los artistas más completos del país —diestro en dibujo, acuarela, óleo, cerámica, escultura, grabado (su taller era Los Algarrobos), serigrafía, tapices con técnicas como el petit-point, y hasta molas— cambiaría el horizonte de Las Guabas.

‘Cuando se fue Trujillo el taller comenzó a caer', apunta el diseñador Velarde. ‘Se quedó sin la fuerza artística y liderazgo. Dejó el listón muy alto. Fue imposible remplazarlo'. Al poco tiempo, Iván Zachrisson también se jubilaría.

Unos 38 años después de coincidir en Las Guabas, Calvo y Velarde vuelven a encontrarse entre las paredes blancas de un taller, el barro, los hornos y tornos. Parece el mismo, pero es el de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá.

‘No hay nadie que sea artista y que se dedique a enseñar, apunta Velarde. ‘El taller era como un imán, era un lugar donde la gente se reunía. Ahora cada uno tira por su lado', complementa Calvo.

Con el Instituto Panameño de Arte cerrado y la ausencia posterior de Zachrisson en Las Guabas, cada artista empezaría a coger su rumbo.

Hoy no es ni la sombra de lo que fue antes, plantea el diseñador. ‘Actualmente Las Guabas como tal no existe, solo queda el espacio físico', adiciona Guillermo Mezza. Pero no hay que descartar la posibilidad de que renazca de sus cenizas, así es el arte.

El taller está hoy a cargo de Alvin Cerrud, alumno avezado de Trujillo, quien sin llamarse artista reconoce que es el único capaz de reproducir, ‘desde el respeto y la admiración por su obra', el mismo trazo del maestro, del que conoce ‘casi de memoria' toda su paleta de colores. ‘Fue un padre artístico para mí y sin su apoyo, el taller languideció poco a poco, se quedó huérfano', señaló Cerrud.

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‘Ahí se reunía la gente más interesante del arte nacional, había de todas las corrientes, hasta escritores. Era como un bau haus'

DICKEY VELARDE

DISEÑADOR, EX MIEMBRO DEL TALLER LAS GUABAS

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PERFIL

IVÁN ZACHRISSON, EL HÉROE DISCRETO DE LA CERÁMICA LOCAL

La gestora cultural Nancy Calvo recuerda que Iván Zachrisson, hermano del maestro Julio, nunca se hizo tanta propaganda como artista. Pero fue gracias a sus conocimientos en técnicas de cerámica —que compartía con sus alumnos, igual que Guillermo Trujillo— lo que hizo que el Taller Las Guabas, el cual cofundó, solidificara su esencia y rendimiento en producción.