Temas Especiales

04 de Jun de 2020

Cultura

De cerros, pagos y camellos

Aullido de loba

Que paren Panamá que yo me bajo. Allá ustedes si quieren seguir sufriendo esta locura. Yo tiro la toalla y me rindo. No lo entiendo. Hay cosas que me superan y no soy capaz de manejar las informaciones que día a día me bombardean. Hace dos meses todos mirábamos al cielo, ‘no llueve', clamaban las voces sedientas de los campesinos y ganaderos de provincias centrales. ‘¡Necesitamos agua!', las vacas caían desplomadas en los potreros y sus esqueletos se calcinaban bajo el sol inclemente talcualmente como en un espagueti western. De pronto llueve. Los ríos se llenan de nuevo y con la memoria de piojo que tenemos ya hemos olvidado aquellos secanos. Así que, unos cuantos iluminados deciden que es una buena idea permitir la tala del Cerro Canajagua. Y la gente de la zona no los pone en la picota en la plaza pública para inyectarles desahuevatosol en vena. No entiendo nada.

Los diputados dejaron de llamarse legisladores hace unos años, nunca llegué a comprender la razón del cambio hasta hace unos días, cuando una de la jarca legislativa apareció en televisión dando explicaciones acerca de una fotografía suya en ‘chorchuchón' al lado de un camello. Fue tanta su labia y su capacidad de retentiva que ni siquiera supo decir correctamente el nombre del Frente Polisario a pesar de haber escrito, (ella dixit), un informe de veinte páginas sobre el periplo. Una vez escuchadas las explicaciones, decía, todo me queda claro, se cambiaron el nombre porque en realidad no legislan, sino que se dedican a negociar el aumento de becas de carreras no tradicionales. Entonces, ¿cómo deberemos llamar a los funcionarios de la Cancillería y del Ministerio de Educación? ¿Cuáles serán a partir de ahora sus funciones? No entiendo nada.

El lumbrera que dirige la Autoridad de Turismo reconoce que le pagó un cuarto de millón de dólares a un cantantito para que viniera a rodar un video a nuestro país. Mientras tanto, en la Cinta Costera se roban parte del letrero que pusieron con tanta ilusión después de pagar un platal de nuestros impuestos y que ya había tardado mucho en ser vandalizado. Los museos agonizan, los teatros se caen, y los gestores culturales independientes pilan por el afrecho para ver de donde sacan lo suficiente para poder subsistir. Sigo sin entender nada.

Mientras la ciudad colapsa cada vez que caen más de cuatro gotas (¡y vivimos en un clima tropical húmedo, por la Madre de todos los dioses!); mientras cuatro gatos mal paridos cierran una calle y secuestran dentro de sus carros a miles de ciudadanos antes de que los antimotines se decidan a intervenir, mientras todas esas cosas pasan, digo, el panameño se dedica a elucubrar acerca de la identidad de Reynaldo.

Se hacen memes sobre Reynaldo, Reynaldo y su mamá se convierten en trending topic en la redes sociales, en los chats se habla de Reynaldo, de cómo habrá salido del problema, de si la mujer es una loca o si él es un desgraciado. Nada más importa, ni la dilapidación de los impuestos en visitas a mercados exóticos, ni la degradación de la calidad de vida de miles de panameños que pierden años de su vida en tranques infernales, ni la impotencia de los que tratan de llevar a cabo proyectos culturales y la desidia y la ‘burrocracia' los anula. Ni la codicia de unos cuantos politicastros de medio pelo que está terminando con nuestros bosques y nuestros manglares. Lo que está en boca de todos es Reynaldo.

Yo no entiendo nada. Pero estoy pensando unirme a la inconsciencia colectiva.

COLUMNISTA