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27 de Nov de 2020

Cultura

Que no muera ‘El tambor de la alegría'

Es prácticamente un himno de los panameños

Que no muera ‘El tambor de la alegría'
Que no muera ‘El tambor de la alegría'

Hoy es martes de carnaval, fecha en las que se viven tradiciones, tanto en la ciudad como en el campo. Mientras en el interior de la república continúa la eterna disputa entre Calle Arriba y Calle Abajo, en la ciudad de Panamá la fiesta se maneja de forma distinta. Sin embargo, todas terminan de la misma manera: con el baile en un toldo.

A principios del siglo XX, cuando se celebraban los primeros carnavales, el asunto no era tan diferente. Los carnavales de la ciudad de Panamá se realizaban en San Felipe y cuando la fiesta terminaba en el Club Unión, los que tenían ganas de seguir la juerga asistían a algunos toldos ubicados en Santa Ana.

Carmen Lagnon, oriunda de Martinica, se asentó en Panamá. Su casa quedaba en Calle 12, Santa Ana. Era muy conocida por sus comidas. También por los toldos que llegó a establecer.

Juan Antonio Aragón, en nota publicada en el diario Crítica Libre en 1999, establece que Lagnon ‘montó en 1914 su primer toldo que se llamó El Verano. Al año siguiente tuvo uno que se llamó La Martinica, hasta que en 1916 nació El Tambor de la Alegría. Era relativamente pequeño. Un metro salía de la acera y se extendía a lo largo de ella desde Calle A hasta avenida A'.

En los tiempos del toldo, los hombres pagaban dos balboas con 50 centésimos, pero tenían que entrar con invitación. Eso era de rigor. Las mueres formaban parte del toldo y eran la atracción del mismo y todas las que pertenecían a él, llevaban cintas de colores alrededor del cuerpo, con el nombre del toldo en ellas.

En una de esas noches de baile surgiría una de las canciones más emblemáticas de Panamá: ‘El tambor de la alegría'. La pieza tiene varios méritos: ser la canción más cantada y más reconocida como panameña. Otra, ser el jingle publicitario más exitoso de Panamá.

Y es que ‘El tambor de la alegría' no es más que un ruego de una persona que le pide a su pareja ‘yo quiero que tú me lleves al tambor de la alegría'.

Juan Pastor Paredes escribió la letra, mientras que Lagnon le puso música. El tamborito data de 1918.

Destaca Aragón en su escrito que ‘El tambor de la alegría' ‘es un tambor urbano, distinto a los tambores norte y corrido de la región de Azuero y que se acompañan con tambores y caja, además del estribillo que sigue a la cantalante'.

Lagnon también le daría vida a otro tema muy conocido llamado ‘Alfredo si tú te vas', dedicado a Alfredo Alemán, conocido como el Mayor, con quien le unía una amistad cercana. Tanto así, que eran compadres.

Carmen Lagnon era muy conocida. ‘Para los tiempos de Navidad, la gente adinerada hacía fila para comprar los tamales que ella preparaba, los buñuelos...', recuerda Euclides Arjona, quien la conoció muy bien.

Él vivió en aquella casa en Calle 12 con su hermano Juan mientras terminaban sus estudios. ‘Ellas nos daban comida, nos daban albergue, y ni siquiera éramos familia', dice.

Además de alegre, Lagnon fue una mujer muy generosa. ‘Ella y su hermana eran muy amigas de mi abuela. Al morir, mi abuela le encomendó a mi mamá y a su hermano y ellas asumieron esa responsabilidad no solo con ellos, sino con nosotros, sus hijos', detalla Arjona.

Al lado de El tambor de la alegría estaba ubicada la Botica Arjona, donde trabajaba en ese tiempo Juan Bautista Arjona. Al frente, vivían los Rodríguez. ‘Allí se conocieron mi papa y mi mamá. Más adelante se mudaron a Pesé, pero cuando estábamos creciendo nos mandaron a Panamá para que estudiáramos', recuerda.

Pero los Arjona no fueron los únicos en gozar de la hospitalidad de la señora Lagnon y su hermana. ‘A esa casa iba un montón de gente, entraban y salían, y si cuando estabas comiendo te levantabas y dejabas tu plato de comida, llegaba otro y se la comía', dice de forma jocosa.

Fuera del chiste, Arjona reconoce que ‘gracias a esas dos viejitas somos lo que hoy en día somos. Ellas nos dieron albergue, nos alimentaron, velaron por nosotros'. Y lamenta que con el paso del tiempo Lagnon, gestora de una pieza musical tan emblemática, cayera en el olvido.

‘No se le ha hecho un homenaje; Toño Díaz intentó hacer algo en su momento, pero no se ha hecho más nada', lamenta.

Aragón, en su nota de 1999, ya lo decía. ‘$< El único homenaje que recibió Carmen Lagnon fue durante los IX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, cuando Toño Díaz organizó el primer homenaje nacional a los mejores compositores de música típica de todos los tiempos el 8 de noviembre de 1969'.

Lagnon falleció en 1978 sin haber recibido regalías por su archiconocido tema musical. Sugirió Aragón en ese momento que un buen homenaje póstumo sería nombrar la calle 12 Oeste, del barrio de Santa Ana, con el nombre de Carmen Lagnon.

Arjona, por su parte, propone conservar aquella casa y mantenerla como un recordatorio de aquellos tiempos tan diferentes a los de hoy. ‘Me dolería mucho que la demolieran, es parte de la historia, no se debe perder', concluye.

TAMBORITO

Inspiración para el baile y la poesía

-El primer disco panameño, un tostón de 78 RPM para el sello RCA Victor se grabó en 1925 y fue el tema ‘El Tambor de la alegría'. El lado B fue ‘Bonito viento para navegar'.

-El tambor de la alegría ha sido grabado por numerosos artistas panameños y extranjeros, ha aparecido en películas, y en repertorios de orquestas sinfónicas y de cámara. Es considerado un himno de los panameños. También sirvió de inspiración para que la premio Nobel Gabriela Mistral escribiese un poema dedicado a Octavio Méndez Pereira.

-Mistral viajó a Panamá en el año 1931, como parte de una gira a varios países de la región. Durante su visita, además de varios compromisos oficiales, atendió una cena que ofreció Méndez Pereira y su esposa. Se dice que ‘Tamborito panameño' es una muestra de agradecimiento por las atenciones de Méndez Pereira durante su corta visita. Once estrofas que hablan sobre el ritmo del tambor y el efecto que causa en quienes lo escuchan, lo bailan y lo disfrutan: ‘¡Vamos por ningún sendero, que el sendero sobraría, por el tumbo y el jadeo del tambor de la alegría!'.