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22 de Oct de 2019

Cultura

The Politics of Race in Panama

A partir de aquí es posible entonces discutir más a fondo el caso de escritores recientes como Melanie Taylor y Wynter Melo

The Politics of Race in Panama

El estudio publicado por Watson, The politics of Race in Panama (Afro-hispanic and West Indian literary discourses of contention), es el primero que compara autores de ascendencia africana provenientes del Caribe anglófano o de Panamá. Conocemos otros estudios monográficos al respecto, pero el de Watson se extiende, desde finales del siglo XIX, hasta el presente.

El trabajo está dividido en cinco capítulos y su problema es discutir la relación de esta población, afrodescendiente, con la existencia de un Estado-nacional como Panamá.

Parte del principio que los afrodescendientes hispanos están más identificados con el objetivo fundacional del Estado y los antillanos más preocupados por la ‘diáspora negra' alineándose a sí mismos con otros desplazados. Es una tesis fuerte, sin duda alguna. Y como toda buena tesis de este calibre, la autora analiza la obra de poetas como Federico Escobar y Gaspar Octavio Hernández, obras que, en Panamá, son consideradas dentro del corpus fundacional de las letras de la república, que se constituyo bajo el principio del ius solis .

Hay que decir, por ejemplo, que, a pesar que a Hernández ‘le dolía la piel', como dijera Roque Javier Laurenza, su poema ‘Canto a la Bandera' es parte del corpus histórico del nacionalismo panameño. En este sentido, Watson tiene toda la razón.

Por supuesto, no se puede decir lo mismo de los escritores y poetas antillanos que, según el nacionalismo cultural (reaccionario), no eran panameños por lenguaje y religión. Aquí hay otra tesis fuerte de Watson al afirmar que la raza, el racismo, fue motivo de exclusión de este corpus literario de la nación, herida que todavía no está cerrada.

En efecto, la autora analiza los textos de Beleño, que está en la encrucijada de una articulación compleja de nación y racismo, identidad y la ocupación norteamericana en el país. Y como muestra entonces de su tesis sobre la identidad diaspórica de la literatura escrita por los de origen antillano, que son (además) bilingües, como Russell, Lowe de Goodin, Maloney y Wilson, la autora compara con fluidez sus textos y, en efecto, todos ellos negocian su relación tanto con el Estado-nacional panameño y la diáspora africana. Hay diferencias entre estos autores, pero me parece un error buscar en autores afrodescendientes, como Escobar y Hernández, un tema – aparte del racismo – que jamás existió en ellos por diversas razones.

Sin quitar a Beleño del paisaje, quizás la única figura que hubiera trabajado la diáspora en sus textos habría sido Armando Fortune, pero no era poeta ni cuentista, pero sí era ensayista y escribió ampliamente al respecto.

Es de aquí que si hay una observación crítica que se le pudiera hacer a la autora es que pareciera que cometiera una especie de esencialismo cultural al considerar que, los escritores afrodescendientes de origen hispanos o latinos, no pueden pensar y re-crear la diáspora en sus textos.

A partir de aquí es posible entonces discutir más a fondo el caso de escritores recientes como Melanie Taylor y Wynter Melo.