26 de Sep de 2022

Cultura

‘La identidad del panameño está dispersa'

Radamés Pinzón, ganador, por tercera vez, del Concurso Nacional de Artes Visuales ‘Roberto Lewis', conversa sobre su obra galardonada y solicita unión para fomentar la cultura nacional

Radamés Pinzón (Coclé, 1975) es un hombre serio que sabe hablar mirando a los ojos. La pasión que desprende cuando conversa de su tierra (esa musa inspiradora que lo asalta cuando se postra frente a una base en blanco) la conserva mientras gesticula con sus manos que aún tienen manchas de acrílica amarillas y verdes de su última pieza. Pinzón insiste en recordarnos que la pintura nació para expresar la herencia de un país. Con su obra ‘Recuérdame cómo llegar a Santa Ana' volvió a ganar el primer puesto en el Concurso ‘Roberto Lewis', respaldado por el Instituto Nacional de Cultura, una conquista que presume por tercera vez.

La pintura distinguida acoge desde las esclusas del Canal de Panamá, la Casa Miller, el Arco Chato del Casco Viejo hasta una estación del metro. Pocos pintores se aferran a plasmar los lugares emblemáticos de una ciudad en un solo lienzo.

‘La identidad del panameño está dispersa, hay muchísimas cosas que rescatar', dice Pinzón cuando explica la esencia de su obra. ‘Hice un ejercicio de redescubrir la capital y, al mismo tiempo, me redescubrí a mí mismo. Más allá de buscar un premio, fue una obra que tenía que hacer por mi propia necesidad. Quería dar a la ciudad y al país un nuevo sentido, un nuevo sabor de identidad panameña, que tanto nos hace falta', explica.

Pinzón suma teorías del significado de la idiosincrasia local. ‘Nosotros, por la presencia de las bases norteamericanas, lo que desarrollamos fue una personalidad enajenada, y esa enajenación se nos convirtió en una pirámide mental. El panameño no ha podido lograr su propia identidad porque estamos mentalmente secuestrados', denuncia.

Cuando pinta, da detalles sueltos de lo que fue su vida y de su imaginario con alta influencia de literatura latinoamericana. Afirma que todas sus obras son como un ‘buen texto', con fuentes confiables ya constatadas, así como un buen periodista que lanza su anhelada primicia. ‘Mi obra va siempre eligiendo temas enriquecidos con muchas fuentes. Es como un verso que va unido a muchos. Y esas son las cosas que he aprendido de los clásicos de literatura. Por ejemplo, de Gabriel García Márquez, mi escritor favorito. Un libro bueno tiene muchos textos en uno solo; así es mi obra. Una obra con muchas fuentes que concluye la génesis de la ciudad'.

‘Del periodismo a la caricatura, de la caricatura a la pintura', así define su camino Pinzón. Un hombre que abandonó su Coclé natal y decidió, con sus piezas bajo el brazo, expandir su arte. Pinzón agradece a los maestros Mario Calvit, Manuel Chong Neto, Guillermo Trujillo y Alfredo Sinclair, el camino que abrieron en la plástica nacional. ‘Imagino que esa época fue muy difícil. Antes no habían galeristas ni museos. Al menos ahora contamos con el Museo de Arte Contemporáneo, que sin duda hay que mejorar. Siempre hace falta más', expone.

El autor critica la deshumanización y la exhibición de las intimidades de los individuos que nos ha traído la tecnología. ‘La gente vive en un sistema rígido que es el Internet', destaca. También afirma que cuando se dispone a crear no se permite sumergirse en el universo tecnológico, deja a un lado las computadoras y los celulares. ‘Cuando pinto, me prohíbo todo, hasta leer. Me desconecto del mundo real. Mi mundo interior me suple. Así puedo pintar bien mis maderas, tejas y ladrillos', cuenta con un leve gesto sonriente.

‘¿Que si existe la pintura femenina? Sí la hay. Si miras la historia del arte, hay muchas pintoras mujeres que regularmente sus padres fueron artistas. El problema que hubo y que hay es la difusión de sus obras. Pero ahora la mujer se ha preparado, incluso mejor que los hombres y sé que luchará por conseguir la presencia en el arte. Sí es verdad que los museos están llenos de pintores masculinos y eso es lamentable', reconoce.

El hombre, que sintió el impulso de saltar a la pintura por sus caricatura que hacía en los diarios en Penonomé, acompaña la denuncia recurrente de los artistas nacionales: ‘¡Hace falta apoyo por parte del Gobierno para impulsar la cultura!', añade. ‘Hay que invertir muchísimo. El Gobierno debe hacerlo. Debe fomentar las escuelas de canto, proteger el folklore, crear escuelas de danza. Debe preparar un personal para que proteja el patrimonio cultural. Hay que tener arqueólogos, historiadores. No solo nosotros debemos trabajar. Debemos unirnos: especialistas y artistas', invita.