La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Las milagrosas vírgenes y el pintor de un pueblo

Santiago de Veraguas con una bella tradición que nunca morirá

‘A ver si recoges este reto. Pinta esta procesión de virgencitas de una manera como nunca hayan sido pintadas. No lo hagas como un estudiante novato de las escuelas de bellas artes; tampoco lo hagas como un pintor deleitante… hazlo respetando tu estilo y trata de ser lo más novedoso posible, algo que nunca hayamos visto por estos lares...'. Así me decía mi madre, sentados en las escaleras de la catedral de Santiago, bajo el brillante sol de ese festivo pueblo interiorano.

Eran doscientas sesenta y cinco virgencitas traídas en devotas procesiones, desde remotos pueblitos y caseríos de los cercanos distritos, a competir con las aguerridas barriadas santiagueñas. Esas virgencitas suspendidas en lo alto de este celeste cielo se derretían en las pupilas de todos los feligreses, que cantaban alegres tambores y alabanzas.

Este evento es único en todo el país, se trata de la conmemoración de la Virgen de la Medalla Milagrosa —así conocida desde antaño—, que se celebra cada 28 de noviembre y que, este año, fue anticipada para el domingo 25 de noviembre.

Allí, sentado en la escalera de la catedral, reflexionaba sobre la particular petición de mi madre: ¿Pintar estas escenas de manera novedosa?

‘Culminé estas ocho obras y corrí a mostrárselas a mi madre, mi corazón parecía una locomotora cargada de emociones',

A. UREÑA RAMOS

ARTISTA

Pensé en lo que diría mi madre. Cuando era pequeño, ella trabajaba de forma genial el papel chino, como también el crespón. Realizaba múltiples trabajos que aún llevo en mi memoria; usaba las escamas de pescado para enfilarlas con hilos dorados para los tembleques santiagueños, con pepitas de porcelanas y encajes de metal de oro. Las telas de satín, de organdí y los encajes de Estambul eran tesoro en sus manos de los que poco a poco surgían objetos, ornamentos que embellecían nuestra casa. Cuando recordé, supe dónde colocar mi mirada con esas múltiples sensaciones para realizar mis pinturas.

Aunque la idea me preocupaba, acepté el reto. Trabajé lo más rápido posible, imaginando mis emociones con celeridad, apresurando las pinceladas, pensando en la multitud, el cielo y la virgen. Necesitaba de un todo nuevo, sin perderme dentro del dinamismo y respetando lo mío… ¡Vaya reto!

Culminé estas ocho obras y corrí a mostrárselas a mi madre. Mi corazón parecía una locomotora cargada de miles de emociones. Colocó las obras frente a ella para observarlas. Callado, esperaba su reacción. Poco a poco, su cara brillaba y en su rostro apenas se dibujaba un intento de sonrisa. Sentí que había golpeado el centro de su atención y mirándome fijo a los ojos, sentenció: ‘No está mal, diría que hubo empeño de tu parte' y poniendo la cara seria, se sumergió en un silencio.

Sentí algo dentro que me desorientó momentáneamente y ella continuó diciendo: ‘Son bellas e interesantes. En verdad, hermosas'. Hizo una larga pausa y continuó ‘pero tú puedes ir más allá, porque estás dotado de un sin número de posibilidades. Miles de virgencitas deben entrar dentro de ti y debes abrirles tu corazón; ellas dan esas luces que tú ya sabes captar con ojos distintos. Pues ahora puedes empezar a trabajar este tema con más tenacidad, libre, sin mirar lo que queda detrás de ti', añadió.

MIS CONCLUSIONES

He descubierto por qué soy pintor y por qué soy un creador, pues las artes son una disciplina con metas maravillosas que nos inducen a esforzarnos por alcanzar altos valores. Y es a través de esas conductas que aprendemos lo necesario para ser siempre mejores personas.

Desde mi infancia he sido estimulado en esta dirección y hoy día doy gracias a las virgencitas milagrosas de Santiago y a los azotes de mi madre que me han dotado del tesón necesario para sostener con destreza un pincel.