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18 de Oct de 2019

Cultura

Soledad Alvear: ‘Saber vivir y convivir es lo importante'

La abogada y excanciller chilena considera que el rol de la pareja es fundamental para un balance en la vida política y familiar. Desde su experiencia reflexiona que no hay una ‘receta' que sirva para todos los países. Cada uno tiene su propio camino hacia la democracia

Soledad Alvear: ‘Saber vivir y convivir es lo importante'

María Soledad Alvear Valenzuela posee un extenso currículum en el que destacan los puestos políticos que ha ocupado: fue la primera mujer canciller en la historia republicana de Chile —en el gobierno de Ricardo Lagos—, ministra de tres presidentes, senadora y precandidata presidencial. Una trayectoria profesional sólida, complementada por la afabilidad y la espiritualidad.

Propulsora de un movimiento chileno que promueva el humanismo cristiano, Soledad, sin previo aviso, accedió a conversar con MIA Voces Activas durante una visita a Panamá.

Con voz pausada y convincente, mirada siempre fija a los ojos de su interlocutor y aspecto relajado frente a cualquier cuestionamiento, propio de una avezada líder política, Soledad compartió detalles de su vida como madre y dirigente gubernamental.

SE HA DESEMPEÑADO EN DIVERSOS PUESTOS POLÍTICOS EN CHILE. ¿CONSIDERA QUE HIZO BIEN SU TRABAJO A FAVOR DEL PUEBLO CHILENO?

Entregué lo mejor de mí. Me dediqué 100%. Logré objetivos que nos propusimos y en eso me siento contenta. Además, me alegra que en los tres ministerios que ejercí y luego como senadora durante ocho años, formamos equipo entre distintos partidos políticos, que hasta el día de hoy mantenemos una relación.

¿LÍDER O JEFA?

Me siento más líder que jefa. Tengo una actitud de trabajo horizontal. Me gusta que con quienes estemos trabajando formemos equipos y que cada uno sea capaz de conducir las áreas de su responsabilidad.

SI TUVIERA EL PODER DE CAMBIAR ALGO EN LATINOAMÉRICA, ¿QUÉ ELEGIRÍA CAMBIAR?

Me volcaría a superar la pobreza y la desigualdad.

¿DÓNDE SE PROYECTA CUANDO YA NO TRANSITE POR LA POLÍTICA?

Ya no estoy en ningún cargo. Quiero estar detrás de jóvenes, hombres y mujeres que asuman responsabilidades públicas. Apoyando a nuevos jóvenes honestos, honrados, inteligentes, con visión de país y con compromiso público. Me veo detrás de ellos apoyándolos, pero no al frente.

¿CUÁL ESTIMA ES SU MAYOR DEFECTO?

A veces ser demasiado exigente con los demás y conmigo misma.

¿DE QUÉ SE ARREPIENTE SOLEDAD?

Probablemente de no haber pasado más tiempo con mis hijos.

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN MÁS COMPLICADA QUE HA ENFRENTADO?

El accidente de un hijo. Estuvo muy grave y yo recién había sido nombrada como ministra de Relaciones Exteriores. Me tocó una situación compleja. En materia de política exterior era canciller. Chile formaba parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Resolvíamos si se invadía o no por parte de Estados Unidos y otros aliados a Irak. Yo viajaba de noche a Nueva York, donde teníamos muchas reuniones los cancilleres, trabajaba todo el día y volvía de noche para llegar a la clínica donde estaba mi hijo, quien se debatía entre la vida y la muerte. Fue un momento de los más duros que me ha tocado vivir. Ser madre y seguir con mi trabajo. Todavía me cuesta recordar.

HABLANDO DE SER MADRE, ¿EXISTE BALANCE ENTRE VIDA POLÍTICA Y VIDA FAMILIAR?

Puede existir en la medida que el papá se involucre en el hogar; de lo contrario, se hace muy difícil. Por eso, en ocasiones cuesta encontrar mujeres que se dediquen a la tarea pública y a la política. Muchas veces, sumado a la falta de apoyo con sus hijos, sufren el rechazo de sus maridos. La situación también se da al revés. Muchos matrimonios fracasan porque la esposa no logra entender lo que significa dedicación a la política, que es absorbente. Se sienten solas, no entienden y termina en fracaso el matrimonio.

¿A QUIÉN LE TEME SOLEDAD?

A los dictadores.

¿CREE QUE UN PLEBISCITO COMO EL QUE SE CELEBRÓ EN 1988 EN CHILE PARA DECIDIR SI AUGUSTO PINOCHET SEGUÍA O NO EN EL PODER HASTA 1997 ES EL CAMINO PARA QUE PUEBLOS COMO VENEZUELA SALGAN DE LA DICTADURA?

A mí no me gusta dar recetas. Cada país es propio, pero para Chile fue el camino.

SI PUDIERA VIAJAR EN EL TIEMPO, ¿LE GUSTARÍA IR AL PASADO O AL FUTURO?

La respuesta no es fácil. Perdí a mis padres y volver a verlos, volver a la situación de niña y adolescente cuya única preocupación es ir a la escuela a estudiar, es atractivo. Pero mirar el futuro, y ver lo que viene, ver lo que van a vivir mis nietos, también me resulta tremendamente atractivo.

¿CUÁL ES EL MEJOR RECUERDO QUE MANTIENE DE SU ADOLESCENCIA?

El de mi familia y del Liceo Fiscal. Mantengo esos recuerdos maravillosos de vivir la diversidad. En un Liceo Fiscal llega de todo, llegan jóvenes y niñas que vienen de hogares acomodados, hijos de profesionales, pero también de los sectores más modestos, porque es una educación gratuita. Yo venía de la educación privada y mi padre, con toda razón, nos sacó y nos puso en una educación pública. Creo que eso fue una enseñanza de vida, para ver los diferentes ámbitos sociales. Yo podía tener una compañera cuya mamá era lavandera, y te estoy dando casos concretos; otra compañera iba a esquiar a un centro de esquí reservado para la élite, un grupo muy reducido. Todas convivíamos. Saber vivir y convivir es lo importante, independientemente del hogar donde hayas nacido, eso para mí es fundamental.

¿QUÉ QUERÍA SER DE ADULTA CUANDO VIVÍA ESA ÉPOCA?

En un principio quería ser médico, pero mi vocación estuvo siempre inclinada a la pedagogía. Enseñar me gustaba mucho. Tenía una vocación humanística, claramente me di cuenta de eso. Los dos últimos años de educación que existen en nuestro país son especialidades y me fui por el área humanista. Pero mi padre, a quien se lo agradezco hasta hoy, me dijo: ‘estudia derecho, también tienes una vocación de justicia y a la vez puedes dar clases'. Fue la mejor recomendación que me pudo hacer en la vida. He podido hacer las dos cosas, enseñar y al mismo tiempo ejercer una carrera que te permite enfrentar desafíos múltiples.

¿QUÉ HEREDÓ SOLEDAD DE SU MADRE Y DE SU PADRE?

De mi padre tengo el empuje, la capacidad de salir adelante, el saltar vallas. Él siempre me enseñó que podía haber un muro muy alto, pero si seguía caminando, a lo mejor el muro bajaba o de repente estaba roto y encontraba una salida. Que nunca dejara de lado un objetivo que me había propuesto, eso me lo enseñó desde chica. El amor a la patria y el compromiso con el país. El tener la bandera siempre puesta y trabajar con los demás. Que no podía satisfacer mi vida solo con mi familia, sino que tenía que servir a los demás. Los valores de la honestidad y de la sencillez. La frase que me inculcó mi padre —‘vive sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir'—, ha sido mi marca en términos de la sencillez de vida en todos los ámbitos. Yo vivo en la misma casa que tenía antes de ser ministra, pasando por todos los ministerios incluso la Cancillería. He invitado a cancilleres de otros países a mi casa siendo una casa sencilla en un barrio de la capital que tuvo su esplendor en algún minuto, pero que hoy es un barrio antiguo. No están allí los sectores más pudientes, pero allí soy feliz, no necesito más. Eso aprendí de mi padre. De mi madre aprendí el significado de la familia, la atención unida de todos, los cariños, que es necesario entregarse uno a otro, de forma permanente. El permanecer siempre unidos.

¿ALGÚN REFERENTE EN GÉNERO?

Desde chica leí el libro Entrevista con la historia, de Oriana Fallaci, donde entrevista a diferentes líderes mundiales. A mí me impactó Golda Meir, que tuvo la capacidad y fuerza de superar tantas dificultades. Ella siempre decía, cuando estaba como ministra: ‘¿cómo estarán mis hijos?'. Y cuando estaba con sus hijos, decía: ‘tengo tantas tareas importantes que hacer en esta responsabilidad'. Desde chica capté el valor y la responsabilidad con la familia y lo que haces.

SI SE LE CONCEDIERA LA OPORTUNIDAD DE SABER SOLO UNA COSA DEL FUTURO, ¿QUÉ PREGUNTARÍA?

¿Dónde estará el ser humano y su dignidad?