Panamá,25º

09 de Dec de 2019

Cultura

Infantitez

Aullido de loba

El que tiene boca se equivoca, reza el refrán, que todos metemos la patita alguna vez, y que el que esté libre de errores que tire el primer peñasco.

Así que sí, tiene razón el inventor de palabras, en este país hay mucha infantitez. Los panameños son como niños chicos, infantes balbuceantes que aún no han pasado de la etapa del ‘mío', del ‘no' y del humor del ‘caca', ‘culo', ‘pedo', ‘pis'.

Efectivamente, la educación no aporta nada al fisco, la educación es un barril sin fondo, y los hombres y mujeres educados son unos abusones porque siempre quieren más, más educación, de mejor calidad, más oferta universitaria, más acceso a postgrados. ¡Algunos hasta exigen hacer doctorados y otras carreras! ¿¡Habrase visto!?

Sin aportar nada a las arcas nacionales el ministro de Educación pidiendo millones y millones para mantener y arreglar las escuelas… ¡pero si esos ñángaras hasta pretenden pagarles a los maestros cada quincena en lugar de darle todos los sueldos caídos de un solo tanganazo una vez cada nueve meses!

Si es que somos unos cándidos y no sabemos cómo se mueven las cosas en la política. No sabemos las presiones a las que se ven sometidos los pobrecillos. Ellos, que se suben el sueldo porque con más de una decena de miles de dólares no les da para sobrevivir, si es que no los entendemos y encima los obligamos a que se bajen mil dólares, sin darnos cuenta del desbarajuste que eso va a suponer en el próximo supermercado del cuitado.

Que sí, que sí, que tienen toda la razón, que nos quejamos porque somos todos maricones. Hasta yo soy maricona. Y estamos envidiosos de ellos. Yo muchísimo, lo reconozco, porque debe ser maravilloso no tener honra, ni dignidad, ni vergüenza, ni padre que te enrostre tus maleanterías. Porque mi padre… uuuf, así como ustedes lo ven con sus setenta más que bien cumplidos, si me ve haciendo alguna de las vainas que estos señores y señoras hacen y dicen, aún saca fuerzas en el bíceps para partirme los morros de un solo guantazo bien dado. Y que siga caminando derechita y por la sombra, no sea que me gane el segundo.

Así que sí. Soy maricona y envidiosa. Envidio su capacidad para que no les importe el prójimo, ni el país, ni sus hijos. Y me gustaría ser como ellos.

Me encantaría no ponerme nerviosa cuando veo a alguien robando en una tienda y me gustaría no sentirme cómplice si no delato. Me gustaría no enfadarme como una mona cuando el vivazo de turno trata de colarse en el carril desde el hombro, me gustaría ser capaz de entenderlo y pensar ‘hoy por ti y mañana por mí', pero no soy capaz porque sé que yo jamás seré capaz de hacer lo mismo. Aunque me encantaría. Envidio la capacidad de ir con la cabeza alta por la calle a pesar de saber que todos sabemos que son unos mangantes. Que ojito, nadie es moneda de oro y sé que muchos piensan que soy prepotente, orgullosa e infumable, pero que tooooodos crean que eres un sinvergüenza. A mí me daría vergüenza, así que envidio su desparpajo.

Con lo cual, sí, los panameños somos infantiles y maricones envidiosos. Ellos tienen razón. Y saben muy bien que la educación no aporta al fisco, con lo cual, no moverán un dedo por ella.

Es una infantitez que pretendamos que los políticos no nos roben, que no nos traten de imbéciles y que se comporten como Homo sapiens en lugar de como golfos apandadores si los que los votamos aún no hemos salido de la niñería.

COLUMNISTA