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15 de Dec de 2019

Cultura

'El pintor de almas'

Barcelona vuelve a ser la protagonista y el modernismo, movimiento que le dio a la ciudad condal su sello inigualable en el campo de la arquitectura y la decoración, el telón de fondo de esta nueva novela de Idelfonso Falcones

'El pintor de almas'Cedida

El escritor catalán Ildefonso Falcones, que ha vendido más de 10 millones de libros desde que empezó a publicar novelas (2006) cuando se estrenó con La catedral del mar, ha irrumpido con fuerza otra vez con su nuevo libro El pintor de almas, que salió a fines de agosto en España y Latinoamérica bajo el sello Grijalbo. Afectado por un cáncer que le ha demorado la finalización del libro ya que recibe tratamiento de quimioterapia, duda si éste será su último libro.

Tal como La catedral del mar, donde el protagonista es la ciudad y la iglesia de Santa María del Mar, en El pintor de almas Barcelona vuelve a ser la protagonista y el modernismo, movimiento que le dio a la ciudad condal su sello inigualable en el campo de la arquitectura y la decoración, el telón de fondo de esta historia entre un artista, pintor, ceramista y una combativa mujer y todos los imponderables que se levantan entre ellos.

La historia empieza a inicios del siglo XX, en 1901 y se desarrolla por unos 30 años, pero su énfasis es en la lucha obrera que se dio durante la época en que estalló con fuegos de magia y creatividad el modernismo, por los arquitectos Antoni Gaudí, llamado el arquitecto de Dios, y otras figuras tan importantes como él, como Lluís Domènech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch, Josep Maria Jujol y otros que adoptaron el lenguaje de la naturaleza y el empleo abundante de las líneas curvas y asimétricas.

El pintor de almas

'El pintor de almas'

Los personajes de Falcones son generalmente muy potentes, enfrentan situaciones en extremo complicadas y hasta tristes, y en este caso, no hay excepción. Dalmau Sala es un pintor que inmortaliza el alma de aquellos que posan para él y su mujer, Emma, es una líder social, codiciada por los hombres a su alrededor por su voluptuosidad. Se desarrolla en una Barcelona donde la lucha obrera y reivindicativa está en su punto máximo, explota el modernismo, y la iglesia católica se distancia de la realidad de los más necesitados, aliándose con la burguesía.

“Siempre me pareció una idea tremendamente atractiva escribir sobre el modernismo que se desarrolló en esa Barcelona a caballo de dos siglos, planteando una trama que no se centrara en una obra concreta, sino que ofreciera una visión de conjunto de ese estallido de magia y creatividad”, ha destacado el autor en una entrevista en medios españoles cuando el libro salió a la venta. Una ciudad convulsionada por los reclamos de los obreros, inundada de trinxeraires (niños mendigos), y una febril actividad en torno a la construcción de los iconos arquitectónicos con que hoy se identifica. Dalmau es protagonista activo de esas construcciones, pues trabaja en un taller de cerámica cuyo dueño, un ultraconservador contratista que lo pone en contacto con la Barcelona del lujo y la ostentación, también pinta y su maestro, además de librarlo del servicio militar, exhibe los dibujos que hace de los rostros de los trinxeraires.

Su lectura es adictiva porque es muy ágil la secuencia de situaciones que se van dando, y en ella podemos recrear la construcción de la Casa Batlló, la Pedrera y del Palau de la Música, que se trató de desvirtuar posteriormente como que era inadecuado para escuchar conciertos allí. También incorpora otras obras emblemáticas de la ciudad condal, como el hospital de Sant Pau, obra de Lluís Domènech i Montaner. Es importante la descripción de cómo llega el artista a dominar la técnica del “trencadís”, característica del movimiento modernista que consiste en armonizar los pedazos de cerámica entre sí.

“En esta poderosa novela no faltan las escenas de erotismo, de ternura y de venganza. La descripción de la ciudad bien merece volver a recorrerla con todos sus monumentos”.

La trama se desarrolla entre pasiones personales de Dalmau y Emma, su madre y afectos, y una insistente trinxeraire, Maravillas, que en cierta forma se enamora del artista y al tiempo que le roba, pretende protegerlo. Cuando Dalmau y Emma dejan de verse, él, capturado por su maestro, se desatan pasiones que llevan a ambos a sucumbir al mismo infierno (en el caso de Dalmau, se entrega a la bebida y las drogas).

Maravillas lo rescata llevándolo a un antro donde todo tiene precio, a cambio de que el pintor le haga un cuadro al contrabandista que maneja ese lugar que se conoce como Pekín. Mientras tanto, se cura de su adicción a la morfina por la abstinencia y en cierta forma, por su fuerza de voluntad. Al regresar a la vida de la Barcelona del trabajo, y por causa de un daño irreparable que causó involuntariamente a su maestro, se ve impedido de trabajar como ceramista y llega a ser hasta cargador de materiales. Pero vuelve a pintar y vuelve a destacarse, siempre perseguido por la sombra del maestro que le cierra todas las puertas para que exponga, para que trabaje, para que se haga famoso. En un acto de desesperación, Dalmau le roba un objeto sagrado al maestro para pagar la cuenta que tiene pendiente con él, por haberlo librado del ejército, y que fue la causa de que le embargaran hasta la máquina de coser de la madre, que era su instrumento de trabajo y que generaba su sustento.

La historia de Emma no es menos dramática, es una mujer de carácter y fortaleza, cocinera, líder nata que se encarga de la capacitación de los obreros y que, después de perder al marido y ya teniendo una hija (en el lapso en que Dalmau se desapareció de su vida) se va a vivir con la madre de éste, porque su familia la desahucia.

Después del modernismo

Tras la explosión del modernismo, caracterizado por una imaginación exuberante, Barcelona se fue al extremo del racionalismo estricto, el “noucentisme”, que exigió reflejar los 'valores de orden' de los catalanes. La historia, por la extensión que abarca la novela, nos lleva a leer lo que representó la “Semana Trágica” que se desarrolló entre julio y agosto de 1909 y durante la cual se quemaron templos, conventos y seminarios católicos. Hay escenas dignas de la caída del imperio romano, con Barcelona en llamas vista desde la azotea de la Pedrera “porque las iglesias ardían mientras los burgueses estaban de fiesta”. Se relatan los conflictos que existían entre los bereberes (de Marruecos) que desembocó en la guerra del Rif. Poco después, antes de que terminase ese año de 1909, el 18 de diciembre, las autoridades españolas firmaban un tratado de paz por el que ponían fin a ese conflicto.

Como todos los relatos de Falcones, en esta poderosa novela no faltan las escenas de erotismo, de ternura y de venganza. La descripción de la ciudad bien merece volver a recorrerla con todos sus monumentos, sus recovecos y sus sitios emblemáticos. De la misma forma, los detalles de vestuario de los protagonistas (hasta de los trinxeraire) están muy bien tratados. Emma no es una protagonista secundaria, es tan importante como el pintor de almas, y su fuerte personalidad, su determinación y los sacrificios que tiene que hacer para mantener su trabajo y de esa manera ayudar a la madre de Dalmau, Josefa, y criar a su hija, Julia, son inmensos.

Al final, uno termina el libro maravillado de la magnífica novela que ha podido escribir Falcones, especialmente en momentos por los que atraviesa, que le es hasta doloroso teclear.

Su primera novela, La catedral del mar fue llevada a serie y se puede ver en Netflix, y ahora está a la espera de la culminación de la producción de la serie de su último libro, Los herederos de la tierra. Falcones es también autor de La mano de Fátima y La reina descalza, todas novelas poderosas, que tienen protagonistas fuertes, recios, decididos y las mujeres son muy feministas, decididas e íntegras.