La Estrella de Panamá
Panamá,25º

18 de Oct de 2019

Cultura

Capitán Blood

Es mejor ser solamente un avatar, un estado, una historia, una foto

Corrían los últimos años cuarenta del siglo pasado y aquella noche, Errol Flynn, borracho como una cuba, se escapó del Club Unión cuando aún quedaba en San Felipe. Deambulando por las callejuelas lo encontró, ya bien entrada la madrugada, una planchadora; la mujerona, reconociéndolo, lo recogió y se lo llevó a su casa a que durmiera la mona.

Imagínense a Errol Flynn, en la mesa de una humilde casa de vecindad, desayunando en calzoncillos, café y tortillas. Mientras en la calle se arremolinaban los carrazos de las señoronas rabiblancas esperando a que el astro apareciera.

Memorias que pocos recuerdan. Historias que se perderán por la desmemoria selectiva que aqueja a los panameños. Patrimonio intangible de un país que se desliza, desde siempre, por la pendiente del no recordar.

Hay en estos tiempos en Panamá una manía absurda por hacer famosos y darle relevancia a aquellos que no se la merecen. Hablan de ellos en las redes sociales, hablan de ellos en los noticieros. Y aunque, al parecer sus detractores los asolean, en la real de la leyenda, cuando van por la calle la gente los saluda como si nada.

Tenemos, en este pequeño país una tendencia a reconocer en vida los méritos de los ladrones, y envidiarles su savoir faire y su viveza, pero a los buenos, a los grandes, a los que realmente lo merecen, a esos solo se les reconocen los méritos cuando se mueren. Y ahí sí todo el mundo busca taquilla subiendo fotos con el muerto, con frases cursis y copiadas de quién sabe qué página de autoayuda.

El Festival Panamá Negro, que se desarrolló durante el fin de semana pasado concedió el Premio de Honor a Ernesto Endara. Brillante. Fantástico. Maravilloso personaje. Un escritor genial. Una persona excepcional. Memoria viva de una ciudad que ya no existe, de unos barrios gentrificados que ya no retienen ni memoria, ni patrimonio, ni verdad, ni historia.

Neco habló en la ceremonia con Mario García Hudson, otro de los imprescindibles para entender nuestra memoria cultural, y habló de personajes. De música y de cantinas que ya no existen. De una ciudad puerto, de una ciudad de fiesta y bebida, y peleas a puñetazos.

Mientras ellos dos, en el escenario, desgranaban historias y el público que asistió al teatro Gladys Vidal lo hacía retumbar con las carcajadas, yo, entre risa y risa, pensaba en el caballero que ha escrito tanto y tanto sobre la ciudad. En el hombre honorable y brillante que, orgulloso, cuando le ofrecieron unas condiciones laborales que lo degradaban, no consideró el jugoso sueldo, sino la humillación, y ante el 'Lo tomas o lo dejas', lo dejó.

Quizás por eso, porque quedan pocos como él, en estos tiempos ya no se hacen películas como las que protagonizaba Errol Flynn. Ahora exaltamos al Guasón, un criminal, un loco.

Ya no hay honor ni entre los ladrones y es mejor ser solamente un avatar, un estado, una historia, una foto. Una frase copiada y pegada. Es mejor no escuchar a aquellos que mantienen la memoria de un tiempo pasado que sí, que fue mejor. Más limpio. Más honorable. Más luminoso.

Porque, a pesar de las risas, o por debajo de ellas, queda un regusto amargo, a hiel e inocencia perdida, tras escuchar al gran Ernesto 'Neco' Endara hablando de su gallada, hablando de aquel Panamá que ya no es y declamando la frase de su película favorita, 'Capitán Blood', mientras lanza un mandoble hacia un enemigo imaginario, quizás el olvido. Quizás la ingratitud. Quizás es que aquí también encaja la frase de Errol, “En Hollywood tienen mucho respeto por los muertos y ninguno por los vivos”.

Columnista