30 de Nov de 2022

Cultura

Rogelio Ortúzar, el Hombre Habano de Cuba

En su finca, en la comunidad de Puerta de Golpe, Ortúzar logró un rendimiento de 1.87 toneladas de hoja por hectárea

Rogelio Ortúzar y Virginio Morales
Imagen del 18 de octubre de 2019 de Rogelio Ortúzar (i), conversando con Virginio Morales (d), ambos en la finca de Ortúzar.Joaquín Hernández | Xinhua

Al filo de los 70 años, Rogelio Ortúzar es desde hace mucho tiempo el mejor cosechero de tabaco de Pinar del Río, la más occidental de las provincias cubanas y cuna de las mejores hojas con las que se elaboran los afamados habanos. 

En su finca, en la comunidad de Puerta de Golpe, a unos 22 kilómetros de la ciudad capital de la provincia, Ortúzar logró un rendimiento de 1.87 toneladas de hoja por hectárea, el más alto del territorio que produce casi el 70% del tabaco Premium cubano. 

Su dedicación a la dura labor del campo le valió ser declarado por el estado cubano como Héroe Nacional del Trabajo en 2015, el mismo año en que fue proclamado como Hombre Habano, una distinción anual que se entrega en los festivales del habano que se realizan en Cuba. 

"Hay muchos factores para el éxito de la cosecha, pero uno de ellos, que es fundamental, es la calidad de la semilla", dijo a Xinhua mientras recorre sus semilleros junto a Virginio Morales, otro Hombre Habano, pero del año 2018. 

Ambos hombres, que son profundos conocedores de la siembra y procesamiento de la solanácea, tienen una entrañable amistad, cimentada precisamente en lo que en la isla llaman "cultura del tabaco". 

Ortúzar nació en la finca que hoy dirige y que fue fundada por su abuelo español en 1927, y después continuada por su padre. 

Ahora cultiva en 67 hectáreas, el límite permitido por la ley cubana para evitar el latifundio, donde además del tabaco, que es el principal cultivo, tiene sembrados 20 hectáreas de frijoles y 27 de arroz. 

Las áreas dedicadas al tabaco y los frijoles las alterna cada estación con la siembra de maíz, aunque mantiene pequeños cultivos de yuca (mandioca) para el autoconsumo. 

"También hay que respetar a rajatabla las épocas de siembra, porque cada cultivo tiene su momento y hay que hacerle a cada planta lo que lleva cada día", agregó como quien confiesa un gran secreto. 

Durante más de 20 años, Ortúzar dirigió la "Cooperativa 26 de Julio", que es la más grande del país con 647 socios, quienes trabajan en más de 3,000 hectáreas y generan unos 80 millones de pesos (igual al dólar al cambio oficial) en producciones agrícolas que venden al estado. 

Serios problemas de salud le hicieron abandonar la dirección de la cooperativa, que ahora preside Gilberto Izquierdo, quien consideró a Ortúzar como un sabio asesor con quien consulta muchas de las decisiones. 

Bajo la dirección de Ortúzar, la cooperativa construyó con sus recursos tres escuelas primarias, una farmacia y un consultorio del médico de la familia, obras que reanimaron a la comunidad y que hoy todos agradecen.

 Este tabacalero, que estudió hasta el grado 12 y se quedó a las puertas de su sueño de ser ingeniero, vive junto a su esposa Ursula, su compañera de casi 50 años de matrimonio y madre de sus dos hijos, y a quien considera como un importante sostén en su labor agrícola. 

Ursula es una mujer afable que está pendiente no solo de las palabras de su esposo, sino de sus medicamentos y hasta de la ropa que se pone. 

"Ella ha sido imprescindible", dijo Ortúzar entre risas, mientras Ursula se acerca y lo abraza con cariño. 

Ortúzar sigue al tanto de lo que se hace en la finca porque, afirmó, hay que tener amor a la tierra y ese es el único secreto de la cosecha tabacalera cubana.