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20 de Nov de 2019

Cultura

Coworking musical

Atelier Cultural es el primer espacio colaborativo para la enseñanza musical y artística. Además de clases, el centro ofrecerá un programa cultural enriquecido con la participación de estudiantes y maestros

Rodrigo Esquivel y la guitarrista Teresa Toro

Como músico en Panamá, Fernando Bustos sabe que el trabajo es mucho más complejo. No se trata solo de estudiar y entrenar para sus presentaciones. También hay que dedicarse a la gestión cultural, la producción, la administración y la promoción para poder hacerse un espacio y lograr buenos resultados.

Y es que los recursos son limitados, así como el mercado, por lo que hay que ser ingeniosos para poder avanzar y llevar las disciplinas artísticas, sobre todo la música, a un nivel superior. Por ello, desde hace algún tiempo pensaba en un proyecto colaborativo que hace poco abrió sus puertas.

Atelier Cultural es “un espacio para la instrucción personalizada en diferentes instrumentos, para niños, jóvenes y adultos, tanto principiantes como profesionales ya formados donde pueden preparar alguna obra y llevar a cabo ensayos más profesionales”, explica Bustos.

Así, se deja de depender de espacios altamente comprometidos y que no siempre cumplen con los requerimientos necesarios.

Fernando Bustos, director y cantante

“Nuestra intención es habilitar un espacio para desarrollar un coworking. En un horario equivalente a las horas de enseñanza, los maestros cuentan con un espacio de oficina con una persona dedicada a las labores secretariales y puedes hacer reuniones. Otro elemento importante es que el espacio te ayuda a conectarte con proyectos que están llevando a cabo los colegas y nacen interesantes colaboraciones”, detalla el cantante.

“Se necesita que el público tenga un buen primer contacto con la música, de la mano de gente experta, porque no todo el mundo va al conservatorio, no todo el mundo va a la universidad, hay otras vertientes más desde el lado de la enseñanza privada que también merecen ser atendidas y hay espacio para eso”, asegura Bustos.

La intención es que el espacio se sostenga económicamente desde la academia, y eso permita que también funcione como centro cultural. Salones multifuncionales permiten al emprendedor cultural atender sus necesidades a un costo accesible, gracias al espacio colaborativo.

“Se necesita que el público tenga un buen primer contacto con la música, de la mano de gente experta, porque no todo el mundo va al conservatorio, no todo el mundo va a la universidad”.

“Mientras los alumnos tienen sus espacios para hacer periódicamente sus muestras, desde el centro cultural vamos a poder hacer una temporada. Que una vez al mes, por ejemplo, puedes venir y escuchar música de cámara, o jazz, clásica o barroca y en la medida en que los alumnos vayan rindiendo sus frutos, se les va incorporando en ese tipo de sesiones”, comenta entusiasmado.

El lobby se transforma en un lugar de recitales que pronto contará con un piano 1/4 de cola que puede ser utilizado para ensayos, clínicas o clases maestras.

Hay dos salones de canto-piano habilitados con pianos verticales. Un salón adicional permite clases uno a uno, donde se pueden dar lecciones de guitarra, violín, violoncelo o clarinete. Al fondo, un salón más grande ofrece la posibilidad de ensayos para ensambles donde se proyecta ofrecer cursos de iniciación musical para niños, método Dalcroze, o clases de canto armonizado-coral o tecnología de la música.

  • Coworking musical
    Andrés Uzcategui y el clarinetista Alexis Fong
  • Coworking musical
    Mariam Chokor y la violinista Oryana Racines
  • Coworking musical
    Sofía de Torres y la violonchelista Karina Nuñez
  • Coworking musical
    La pianista María Inés Rodríguez y Enzo Carrera Loureiro
  • Coworking musical
    La academia musical utiliza el método atelier.

Unas tablillas ubicadas empiezan a albergar libros relacionados con la cultura la música, escritos por artistas panameños.

Atelier Cultural ofrecerá cursos de estimulación temprana e iniciación musical, clases privadas de canto, piano, guitarra, violín, violoncello, contrabajo y clarinete, así como composición, dirección y diversas materias teóricas bajo el método atelier, el cual atiende tres enfoques fundamentales de la enseñanza musical: académico, recreacional y terapéutico.

Estos cursos serán dictados por un equipo de profesionales que incluye músicos que pertenecen a la Orquesta Sinfónica Nacional como miembros de ensambles locales como Consort-Musik y Paisaxe, docentes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá y el Instituto Nacional de Música y gestores de festivales como la Muestra Internacional de Clarinete y la Asociación de Pianistas.

También se ofrecerá asesorías a quienes participen en una actividad artística formal o aspiren a ingresar a conservatorios o universidades en Panamá o el exterior.

Justamente el hecho de tener que hacer “de todo un poco” es lo que ha dado la preparación a Bustos para echar a andar este nuevo emprendimiento del cual pueden surgir, en adelante, infinitas posibilidades.

“Hay que dejar de quejarse y pensar en las nuevas posibilidades. Ya tenemos un lugar que gracias al modelo colaborativo hace las cosas más sencillas. Ninguno de nosotros puede afrontar esos costos solo. Entonces, hay que unirse”, propone Bustos. “Es un buen momento porque hay un mundo de cosas por hacer”, agrega.

Una gran ventaja es que quienes participan no deben abandonar sus puestos en escuelas y otras instituciones. “En la medida en que vayamos creciendo, cada quien puede mantener sus espacios, pero podrán estar activos en diferentes lugares y con diferentes servicios y, mientras más alumnos haya, más público habrá para las demás actividades”, sostiene.

La generación de públicos es clave para el crecimiento de la escena cultural. Y esta no se logra sin la debida educación. Una educación que no suene a imposición, sino que vaya afinando sus intereses a través de la formación. Por ello, Bustos tiene claro que no hay que limitarse con respecto a géneros, instrumentos o periodos musicales.

“Más allá de que yo trabaje en una vertiente, el servicio hay que ofrecerlo, en lo que demande el público, eso sí, que esté bien hecho, algo que sirva para mejorar el nivel profesional. Y mientras más colaboración haya entre socios diferentes, más ricos serán los resultados”, asegura.

La escena cultural panameña está creciendo. “Hay más demanda y así mismo debe crecer la oferta, pero una oferta que crezca no solo en variedad, sino en calidad”, asevera el emprendedor. Y Bustos espera, con este modelo colaborativo, ya existente en otros campos profesionales, impulsar a la comunidad artística a echar adelante nuevos proyectos y enriquecer esta creciente escena cultural.