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15 de Aug de 2020

Cultura

Gracias, madre

Me mandaron hace unos meses un video de esos que se suponen graciosos, y que ciertamente lo son, en un primer momento. Pero que, por lo menos a mí, que a todo doy vueltas y vueltas, cada nueva reproducción me hacía pensar en algunas otras cosas y al final, viéndolo en bucle, me hizo confirmar que nos estamos volviendo idiotas.

Me mandaron hace unos meses un video de esos que se suponen graciosos, y que ciertamente lo son, en un primer momento. Pero que, por lo menos a mí, que a todo doy vueltas y vueltas, cada nueva reproducción me hacía pensar en algunas otras cosas y al final, viéndolo en bucle, me hizo confirmar que nos estamos volviendo idiotas.

Hoy es el día de la madre y no voy a hablar aquí de los informes PISA y de la estulticia que, cual jinete apocalíptico, cabalga y corta el viento mientras pasa por el colegio caminito a la universidad. No. Que voy a hablar de la maternidad. En serio. Y de las consignas estúpidas y absurdas con las que nos están adoctrinando.

Pero empecé esto hablando de un video, y no crean que me he olvidado de él, pueden ustedes buscarlo en la red: 'Gata pierde la paciencia y empuja a gatito'. La madre hierática mira al cachorro que remolonea, calcula altura y distancia hasta el fondo de la caja de cartón, la gata sigue mirándolo, el cachorro hace un intento, se retaca, y ella, sin aspavientos, le pega un empujón con la zarpa que lo manda de cabeza y sin escalas al fondo de la cajeta y lo deja instalado en la cama.

Zasca. Sanseacabó. Y ahí estallan los bienpensantes: una madre debe ser siempre amorosa, (no creo que Medea estuviera muy comprometida con lo de la dulzura maternal cuando escamochó a sus dos hijos, no sin antes haberse cargado a la pelandusca de la Creúsa, pendejita, que donde pisa una yegua no borra la huella una potra). Hay que explicarles las cosas, nunca imponerlas; jamás utilices la violencia; no le estires el brazo que le puedes luxar el hombro; no lo zarandees jugando que se le golpea el cerebro, (busquen el video de un chimpancé jugando 'al avión' con una cría…).

Hay algunos otros video fantásticos que los amantes de la etología disfrutamos como disfrutan los gochos mientras hozan buscando trufas cuando saben que se las van a poder comer ellos. Madres primates arrastrando al hijo de una pata mientras el cachorro chilla y trata de volver a subirse a la rama a jugar. Una madre mona comiendo con parsimonia mientras sujeta al retoño por un tobillo mientras él se engarabita a una rama. Ven p'acá y ni te menees.

En fin, videos que demuestran, no lo que pretende la gente, “Mira qué adorables, ¡pero si los animales son casi humanos!”, sino que los humanos no hemos dejado de ser animales, aunque estemos tratando con todas nuestras fuerzas de convertirnos en alguna otra cosa, en una quimera, porque aún no sabemos muy bien qué queremos ser. Y mientras tanto, en lugar de dejar que el sentido común, lo que ha permitido que hayamos sobrevivido millones de años a un medio ambiente completamente adverso, nos guíe en la tarea de ser madres, nos empeñamos en escuchar a los y las gurús.

Yo, la verdad, me alegro muchísimo de tener a dos hijos ya criados, mal o bien, he hecho mi trabajo lo mejor que he podido, porque lo que viene bajando es la victoria de los idiotas.

Y, mamá, gracias por permitirme meter la pata y callarte esperando a ver si yo sola podía sacarla. Gracias, madre, por dejar que me raspara las rodillas, y que llorase. Gracias por no sacarme las castañas del fuego. Gracias por dejarme crecer. Gracias, porque un empujón de una madre está fríamente calculado para que el cachorro caiga en blando, mientras que los hijos de puta que te encuentras en el mundo real suelen tirar a matar.

Columnista