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11 de Aug de 2020

Cultura

El último gran maestro

Utagawa Hiroshige fue uno de los mayores expontentes de la xilografía japonesa —'ukiyo-e'—. Sus temas favoritos, los paisajes y fenómenos naturales como la nieve y la lluvia. Sus trabajos se caracterizan por el uso de formatos apaisados y la técnica del degradado de color

Hakone, una de las obras de “Las cincuenta y tres estaciones de Tokaido”.

Hablar de ukiyo-e —xilografía— en Japón, es usualmente sinónimo de Hokusai Katsushika, quien influyó en muchos grabadores, pintores y demás artistas; sin embargo, hoy debe recordarse a otro gran maestro del arte del ukiyo-e, Utagawa Hiroshige.

Antes de Utagawa

Tokutaro Ando (1797-1858) fue el nombre que le dieron sus padres, a los trece años queda huérfano y hereda de su padre el trabajo de bombero del Castillo de Edo, lo que le dejaba tiempo libre para desarrollar sus técnicas artísticas. Un año después es aceptado como pupilo del maestro Toyohiro de la escuela de Utagawa y al terminar sus estudios se cambió el nombre a Utagawa Hiroshige, aunque algunas de sus obras fueron firmadas bajo los nombres de Ichiyusai o Ichiryusai; si bien, en cuanto cantidad de nombres quedó muy detrás de su contemporáneo Hokusai, este maestro fue su principal fuente de inspiración con “Treinta y seis vistas del monte Fuji”.

Cien famosas vistas de Edo , de la Editorial Taschen
“Hiroshige hizo muchas xilografías de los lugares que visitaba: vistas del campo y su gente, edificaciones en su entorno y paisajes”.

Hiroshige vivió en el período Edo (1603-1867) y uno de los títulos con que se le conoce en Japón es “el último gran maestro del Ukiyo-e”, debido a que nueve años después de su muerte, durante el período Meiji (1867-1912), el país se volcó hacia la occidentalización y el ukiyo-e cayó en desuso, lo que es irónico porque estos grabados tuvieron gran influencia en los artistas europeos que los estudiaron, coleccionaron e inclusive se apropiaron su estilo.

Al igual que los xilografistas de la época, comenzó haciendo retratos de actores de kabuki —teatro japonés declamado y musical— y bijin-ga —imágenes de mujeres hermosas, geishas o cortesanas— con el estilo de la escuela de Utagawa.

Sus trabajos

Atagoshita y la calle yabu

Hiroshige hizo muchas xilografías de los lugares que visitaba: vistas del campo y su gente, edificaciones en su entorno y paisajes, pero la característica innovadora que lo diferenció de muchos artistas fue el uso del formato yokoban —apaisado—. Entre sus primeros trabajos se encuentran “Ocho vistas de Omi” en donde se aprecia otra de las características propias, el uso de la técnica del bokashi —degradación de los colores a tonos oscuros o claros—. El proceso artístico consistía en aplicar la pintura con las puntas de las cerdas del pincel sobre el bloque de madera, que era luego humedecido para que la pintura fluyera y se degradara naturalmente y, dependiendo de la obra, aplicaba dicha técnica a los paisajes, edificaciones o personas en las que lograba un atractivo especial. Otra de sus series fue “Lugares famosos de la capital del este”, que contaba con diez impresiones en las que aparecían la nieve, la niebla y lluvia, fenómenos evidentemente atractivos para el autor, quien los utilizó a menudo y por lo cual se ganó el apodo de “El artista de la lluvia, la niebla y la nieve”.

En 1832, debió entregar unos caballos en la corte imperial. La forma de llegar era por la “carretera” del mar del este o Tokaido, que unía a Kioto y Edo (antiguo nombre de Tokio), eran casi quinientos kilómetros con cincuenta y tres paradas entre restaurantes albergues. La ruta atravesaba montañas, valles, campos y pasaba cerca del lago Biwa y el océano. Durante la travesía Hiroshige se embelesó con los paisajes y de ella surgió uno de sus más importantes trabajos “Las cincuenta y tres estaciones de Tokaido”. Cincuenta y cinco xilografías, incluidas las del inicio y final de la travesía. Sobresale el uso del bokashi para crear la niebla y las degradaciones en el cielo y los cuerpos de agua. Personalmente escogemos la número ocho en Oiso y la diez en Hakone. También creó obras en el formato tateban —verticales a la usanza de la época— como en “Tokaido vertical”. Otros trabajos importantes son “Ocho vistas del lago Biwa” y “Sesenta y nueve estaciones de Kisokaido”.

En 1856 Hiroshige se hizo monje budista y gracias a un encargo pagado por adelantado trabajó en la que sería considerada la segundo mejor serie, “Cien famosas vistas de Edo”. Murió, dos años después durante la epidemia de cólera de 1858. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio del templo Togaku-ji en Tokio.

Retrato de Hiroshige, por Kunisada

Su obra sigue siendo admirada y reproducida. En la última exposición de calendarios de la Embajada del Japón en Panamá, se presentó uno con seis vistas hechas por el autor. Las reproducciones son hechas a partir de impresiones originales pues muchas de las tallas en madera se dañaron por el paso del tiempo o sucumbieron ante el fuego. En el sitio bit.ly/Edoukiyoe se puede acceder a la galería: Lugares de referencia de Edo en impresiones xilográficas a color, que acoge a diversos artistas incluido Utagawa. Además la editorial Taschen sacó al mercado en septiembre de 2019 el libro Cien famosas vistas de Edo y en la librería panameña El hombre de la Mancha se encuentran algunos ejemplares de esta magnífica producción de Utagawa. El libro, como es costumbre de la editorial, es de gran calidad en las impresiones y su formato permite disfrutarlas y ahondar un poco en el lugar o acontecimiento que ilustran. Buenas noticias para los amantes del ukiyo-e y los seguidores de Utagawa Hiroshige, en particular.

El autor es Catedrático de la Universidad de Panamá y Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad.