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20 de Sep de 2020

Cultura

Perú: la reputación de una nación 199 años después

“El Perú es, desde este momento, libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende.

“El Perú es, desde este momento, libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!”, dijo el militar argentino nacido en Yapeyú ante las más de 16 mil personas que se reunieron para escucharlo en la Plaza Mayor de la, hasta hace poco, Lima virreinal. Fueron las palabras del generalísimo José de San Martín y Matorras, conductor de la Corriente Libertadora del Sur, Protector del Perú y fundador de la República. Nace así, en un mismo acto, el legado a una nación y el paradigma del hombre altruista.

Perú: la reputación de una nación 199 años después

Con la intensa emoción explicable en quienes conmemoramos la fecha en que nuestros ancestros, mediante su abnegación y la fuerza incontrastable de su propósito, lograron poner la piedra millar de la peruanidad, debemos celebrar la gloriosa efeméride en que los fundadores de nuestra nacionalidad, animados de excelso patriotismo y conscientes de la hora suprema en que les tocó actuar, asumieron el papel que es el símbolo, el credo y el impulso de los pueblos libres: la jura de la independencia aquel 28 de julio de 1821 de manos de la egregia figura del Libertador San Martín.

La conmemoración del 199° aniversario de la independencia nacional, que consolidó la estructura de las democracias libres de América, permite recuerdos evocadores de la gran epopeya emancipadora, uniéndolos a un núcleo de hombres y mujeres del Perú de hoy y de ayer. Ninguna personalidad del país más indicada que José de San Martín, María Parado de Bellido, Hipólito Unanue, José de la Torre Ugarte, José Bernardo Alcedo, José Gregorio Paredes y los cientos de héroes ciudadanos que se enfrentan ahora contra la actual pandemia, para recibir este modesto homenaje que, desde Panamá, se formula a la patria.

El Perú es hoy un Olimpo guerrero en donde todos los héroes locales se transfiguran para convertirse en adalides americanos por su sentido de solidaridad con el prójimo. Hoy, como en 1821, se rescató la nacionalidad peruana que ha revelado su potencia en casi dos siglos de transformaciones y levantamientos con un martirologio de héroes y proscenios memorable. Hoy, como en 1821, los peruanos no han perdido, sino reforzado su anhelo de hermandad continental, ya que con la misma fe y enérgica resolución con que lucharon nuestros padres por la libertad, luchamos hoy para constituir la unidad las naciones latinoamericanas anclados en el más hondo, transcendental y puro americanismo.

Conmemorar la independencia del Perú es también rendir un homenaje a las naciones de América, sin excluir a ninguna en esta hora propicia a solidaridades y devociones. La independencia peruana significa dentro de un concepto amplísimo de americanismo, la fusión de todos los pueblos para conseguir la libertad, y más que eso la fraternidad indubitable e inevitable de las democracias del continente, fraternidad hecha acción ese 28 de julio de 1821, jornada de la que no es posible hablar sin que a los labios acuda un clamor de gloria. Latinoamérica tiene que ser fiel a su tradición de libertad, democracia y confraternidad, los tres ideales abrazados por nuestros progenitores –con la pluma y la espada– en las batallas de la independencia. La gesta emancipadora es la base moral sobre la cual reposa la democracia en América.

En efecto, los peruanos hemos sido leales a los principios que proclamaron nuestros próceres. A través de luchas cruentas e incruentas, las generaciones de ciudadanos de la República han extendido cada vez la órbita de la soberanía popular diversificando las preciosas y preciadas manifestaciones de la nación en la búsqueda de las ansiadas dignidad y justicia sociales.

Nos corresponde ahora, con la experiencia adquirida y las perspectivas del futuro, desplegar un perseverante y creciente esfuerzo para enriquecer las conquistas democráticas, que son la atmósfera de las obras perdurables. Invocando el inmortal recuerdo de nuestros precursores y héroes, acompañados por nuestra fe en Dios, los peruanos reiteremos nuestra voluntad inquebrantable de salvaguardar la democracia con la decisión de quien, impulsado por un alto ideal, no vacila ante ningún género de sacrificios.

El 28 de julio de 1821 representa para las convicciones democráticas de nosotros los peruanos, la ratificación de una convicción: la satisfacción de habernos hecho dignos de la tradición de nuestros mayores y la ratificación de la doctrina política que aquellos consagraron.

¡Firme y feliz por la unión! ¡Viva el Perú!

Embajador del Perú en Panamá