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13 de May de 2021

Cultura

Zuruité y el Amazonas

Gutiérrez observó la luna y el terreno del inminente combate. Respiró hondo y el bravo panameño gritó a todo pulmón “España ¡España!”

Al anochecer, tras un rato de truenos y relámpagos, rompió el aguacero con fuerza sobre la selva. El aire olía a tierra húmeda y a enemigos cerca. Gutiérrez, joven sufrido y prudente que no se dejaba exasperar por toda aquella agua, había conducido su pequeña hueste hasta la retaguardia de la columna lusitana que se retiraba en Zuruité hacia el río Pará después de sus “correrías”. Gutiérrez observó la luna y el terreno del inminente combate. Respiró hondo y el bravo panameño gritó a todo pulmón “España ¡España!”. Su reducida tropa se lanzó al ataque contra la curtida ‘tropa de resgate’ y sus aliados.

A inicios del s. XVIII, cuando en Madrid se producía el cambio de monarca de los Habsburgo a los Borbón, Portugal estaba en guerra con España y esa guerra se llevó al Alto Amazonas. En 1708 Antonio de Andrade, acompañado de once soldados portugueses y cien indígenas aliados, llega a Nuestra Señora de Yurimaguas, le prende fuego a la misión jesuita y se lleva presos a más de cien yurimaguas e ibanomas. A finales de año la Real Audiencia de Quito recibió una cédula real ordenando despachar un destacamento al Amazonas. Mientras eso acontecía, otra tropa portuguesa, en febrero de 1709, subió el río y obliga a los misioneros a retirarse de la zona. 

Una fuerza expedicionaria española conducida por el capitán Fernando de Itúrbide –que tenía como segundo al panameño Benito o Benítez Gutiérrez- y constituida por sesenta soldados regulares y varios cientos de indígenas como tropas auxiliares, salió de la localidad de San Joaquín (en el actual Trapecio Amazónico Colombiano) el 25 de julio de 1709. 

Por donde pasaba, la tropa liberaba a los indígenas capturados que estaban siendo obligados a explotar especies. Al llegar a la misión de Guapapaté en la región de los indios Aizuares rescataron doscientos yurimaguas. En Zuruité se produjo la única escaramuza de la campaña, treinta soldados españoles se enfrentaron a cinco portugueses y un afrolusitano que, habiéndose imprudentemente separado de su columna, se rindieron casi sin lucha lo mismo que una parte de sus tropas auxiliares. Esta acción permitió rescatar a indígenas omaguas de cuatro pueblos arrasados por la incursión portuguesa. Aizuares, omaguas y yurimaguas fueron reasentados en el río Huallaga, hoy en el Perú (Ullán, 2007). La acción de Zuruité la condujo el panameño Gutiérrez, pero su mérito quedó sin reconocimiento porque en junio de 1710 Andrade remontó el río con diez canoas de guerra lusitanas. 

Los jesuitas evacuaron precipitadamente las misiones de San Joaquín y de San Pablo, la tribu omagua fue diezmada y los sobrevivientes fueron relocalizados por los portugueses en el río Pará. La Audiencia Real de Quito envía unos pocos soldados desde Borja para defender el asentamiento de La Laguna y tratar de detener la embestida lusitana que “rápida como el relámpago dejó tras de sí una estela de mortandad” (Ullán, 1999). Gutiérrez se destaca en la lucha, pero ello no es suficiente para que la región ancestral de los yurimaguas y de los omaguas quede en manos portuguesas. 

A finales de 1710, el jesuita Fritz escribía “[…] toda la Omagua está despoblada” (Fritz, 1738, citado por Maroni, 1988). Las hostilidades en el Amazonas concluyeron en 1714 con la firma de un tratado de paz entre las dos Coronas que fijaba una devolución recíproca de prisioneros, pero las misiones jesuitas conquistadas no fueron devueltas y ‘de facto’ se asumió que la frontera entre ambas zonas de influencia fuese la boca del río Jutaí (Guedes, 1991, citado por Ullán, 2007).

Las consecuencias del conflicto hispano-lusitano significaron, para los omaguas (conocidos como cambebas en Brasil) y yurimaguas, su casi desaparición. Las misiones de San Joaquín de Omaguas y Nuestra Señora de Yurimaguas fueron refundadas en 1712 pero, como señala Ullán “[…] con el tiempo, los indígenas reducidos en aquellas misiones acabarían por convertirse por aculturación y mestizaje […] en ciudades amazónicas” mezcladas con colonos de la costa y sierra peruanas.