18 de Sep de 2021

Cultura

Futuro del trabajo: ¿estamos preparados?

Estar preparados para responder a las nuevas exigencias del mercado y las emergentes oportunidades laborales es esencial. El aprendizaje continuo, la curiosidad y la flexibilidad son competencias fundamentales que han de desarrollarse

El mundo está cambiando a una velocidad sorprendente. Cada vez más escuchamos hablar sobre el avance de la tecnología y su impacto en el trabajo. Robótica, inteligencia artificial, machine learning y blockchain son algunos de los nombres que más resuenan.

Futuro del trabajo: ¿estamos preparados?

Si bien el hombre siempre ha perseguido una mejora en su calidad de vida y su trabajo, a través la creación de nuevos procesos e instrumentos, es en la actualidad que el desarrollo de la ciencia y la tecnología es cada vez más acelerado. Para intentar alcanzar una noción más clara de lo que se viene, podemos mencionar algunos datos impactantes. En su libro “¡Sálvese quien pueda!”, Andrés Oppenheimer hace referencia a un estudio publicado por la Universidad de Oxford en 2013, en el que predicen que el 47% de los empleos en Estados Unidos corre el riesgo de ser reemplazado por robots o computadoras con inteligencia artificial durante los próximos 15 o 20 años. La consultora global McKinsey publicaba un informe, en mayo del mismo año, advirtiendo de que las nuevas tecnologías dejarían sin empleo entre 110 millones y 140 millones de oficinistas y profesionales para el año 2025. El Foro Económico Mundial publicó en su informe “Future of Jobs 2018”, que el 29% de las tareas laborales son realizadas por una máquina, y debido a los avances tecnológicos en 2025 esta cifra significaría la pérdida de 75 millones de empleos.

Estos datos nos hacen reflexionar sobre el futuro del trabajo y un inevitable cambio de paradigma. Necesitamos estar atentos al futuro que se aproxima para no vernos sobrepasados por estos nuevos escenarios que comienzan a emerger. Pensando en cómo afectarán estos cambios al mundo laboral y al estilo de vida en general, podemos referir algunas ventajas y desventajas. En el primer grupo podemos mencionar la desaparición de barreras como la distancia, posibilitando el desempeño laboral y la conexión entre los lugares más remotos; mayor eficiencia en la productividad y la posibilidad de contar con información en tiempo real, además de crear nuevas profesiones. Entre las desventajas, las organizaciones se vuelven más dependientes de la tecnología, de modo que una falla tecnológica puede interferir en la actividad laboral; la necesidad de inversión constante en nuevas tecnologías para seguir siendo competitivas y en personal idóneo con nuevas capacidades y competencias.

A raíz de estos inminentes cambios en el mundo del trabajo, la reflexión que resulta necesaria es: ¿Cómo van a afectar estos cambios a nuestro rol laboral? ¿Estará mi trabajo incluido en alguno de aquellos puestos que tenderán a desaparecer? Son interrogantes que puedan causar incertidumbre, ansiedad y sobre todo dudas con relación al futuro, es decir, nos sacan de nuestra estabilidad, de la zona de confort.

Estar preparados para responder a las nuevas exigencias del mercado y las emergentes oportunidades laborales es algo esencial. En respuesta a esto aparece la capacidad de aprendizaje continuo, la curiosidad y la flexibilidad como competencias fundamentales que las personas deben desarrollar o potenciar. Sin dejar de lado las habilidades sociales, el pensamiento crítico, la autonomía, la resiliencia y el autoconocimiento.

Es en este punto en el cual el coaching se vuelve relevante, como disciplina capaz de contribuir a desarrollar ese ser flexible, capaz de reinventarse para enfrentar los nuevos desafíos. “Aprender a aprender” requiere la habilidad para soltar modelos mentales que han llegado a convertirse en formas repetitivas y automáticas de hacer las cosas.

Para lograrlo en el coaching se cuestiona, con respeto, el tipo de observador que somos frente a las situaciones, para poder cambiar así aquellas creencias y paradigmas que ya no resultan útiles, aunque en el pasado puedan haberlo sido. De esta manera se abren nuevas posibilidades de ser y de hacer, que sean más efectivas para enfrentar los actuales desafíos.

Es una decisión personal el estar dispuesto a observarnos y desafiarnos para seguir en el camino. La buena noticia es que todos tenemos la capacidad para rediseñarnos, para transformarnos y evolucionar. Y tú, ¿cómo te estás preparado para enfrentar el futuro del trabajo?

La autora es coach ejecutiva y de carrera. Miembro de ICF capítulo Panamá