03 de Dic de 2021

Cultura

Doscientos años de historia en interesantes relatos

El pasado 9 de noviembre, el escritor Andrés Villa puso a consideración del público su más reciente publicación, 'Relatos Bicentenario 1821', historia novelada que acerca al lector a nuevos héroes y protagonistas. La presentación del libro estuvo a cargo de Esther Arjona

Doscientos años de historia en interesantes relatos
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Mariano Arosemena y La Miscelánea del IstmoOloguagdi
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Panamá, ciudad amuralladaOloguagdi
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Andrés, el contrabandistaOloguagdi
Doscientos años de historia en interesantes relatos
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Doscientos años de historia en interesantes relatos
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Doscientos años de historia en interesantes relatos
Doscientos años de historia en interesantes relatos

Para Andrés Villa, la historia es mucho más que una afición. A ella ha dedicado sus más recientes publicaciones: “Leyendas, cuentos y tradiciones, 500 años de la ciudad de Panamá”, para el V centenario de nuestra ciudad, “9 de enero la novela”, para el cincuentenario de la gesta de los mártires; “Crónica 100 años del Canal”, para el centenario de la vía interoceánica, “Runnels el verdugo del Yankee Strip” y “Correoso, arrabal ardiente”.

La celebración del bicentenario de la independencia de Panamá de España sería para él la mejor oportunidad para referirse a una época de la que poco conocemos, no necesariamente porque los historiadores panameños no hayan hecho su trabajo, más bien, porque el inicio de la vida republicana en 1903 acapararía los reflectores.

Villa nos ofrece en esta ocasión una serie de relatos, con diferentes características, y que no debe ser confundido con una novela corta. Cada uno de ellos aborda un tópico diferente y cuenta con personajes diversos cuyas vidas se entretejen a medida que estos se van sucediendo.

Como ha hecho Villa en sus obras anteriores, en “Relatos bicentenario 1821”, da voz a aquellos que han sido excluidos por la historia oficial. Es una oportunidad para presentar un panorama mucho más amplio, que involucra a toda la sociedad porque, como nos lo deja saber, la historia la forjamos todos, aunque en los libros solo se registre la parte que interesa a quienes detentan el poder.

Y es así como en “Relatos bicentenario 1821”, Andrés, el contrabandista; Candita, esclava de un comerciante judío, la gente del arrabal santanero, incluyendo a Monaguillo y a Serapio, el aguatero y la familia Pérez Miró, de San Felipe, tienen tanto peso como Mariano Arosemena, el general José de Fábrega, el Libertador Simón Bolívar, Juan Eligio Alzuru, Buenaventura Correoso y Justo Arosemena, solo por mencionar a algunos.

La interacción entre estos personajes nos permite tener una idea más cercana a cómo funcionaba la sociedad de la época, en la primera mitad del siglo XIX. Porque, aunque haya personajes ficticios, el autor se ha mantenido fiel a los hechos. Y aquellos tiempos fueron muy convulsos.

España perdía el control de sus colonias mientras luchaba contra Napoleón; Inglaterra no cesaba en sus intentos por apoderarse de Panamá. La Ilustración agitaba ideas de libertad y de igualdad. Los colonos estaban hartos de financiar guerras que solo les perjudicaban más. Nacían los movimientos independentistas y el istmo se debatía entre mantenerse fiel a la corona o emanciparse. Y esta preocupación no era exclusiva de la población intramuros. Muchas cosas estaban en juego:

El contrabando era forma de vida no solo de los comerciantes, sino de arrabaleros y cholos que arriesgaban su vida atravesando el istmo en mulas. Toda una red se tejía desde Perú, hasta colonias inglesas, holandesas y francesas, y con las mercancías también se intercambiaban ideas.

Se hablaba mucho de libertad, aunque solo se contemplara para los blancos. La esclavitud duró más allá del coloniaje y esa división de clases aún nos sigue pesando. La muralla que defendía a la ciudad de ataques foráneos también excluía a una población creciente que no encontraba oportunidades. Pero a pesar de que las diferencias en estos dos bandos tan distantes eran mayúsculas, siempre hubo un entendimiento al enfrentar un factor externo que afectara a ambos.

También se vivía una notable separación entre la ciudad y los poblados del interior. Esto se hace evidente los días posteriores al grito de La Villa de Los Santos, el 10 de noviembre de 1821, cuando el Cabildo de Panamá se debatía entre acuerpar a los independentistas o repeler la revolución. Panamá no tenía grandes ejércitos, la fuerza del istmo no estaba en el fuego, la tenían los comerciantes que se jugaban su futuro con esta decisión.

Estaba en el tapete el proyecto de Bolívar de una Latinoamérica unida. El Libertador había identificado en el istmo un lugar muy especial: “Qué bello sería que el istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el de Corinto para los griegos”, habría escrito en su carta de Jamaica. Y los istmeños se identificaron con esta meta por la que tanto luchó y no logró cristalizar.

Las pugnas por el poder continuaron en La Gran Colombia, en el resto de Sudamérica y también en el istmo. Panamá heredó los conflictos del país que ahora rige su destino. También sus partidos políticos y sus guerras.

El arrabal y la elite... liberales y conservadores, algunas estructuras se mantienen, se presentan nuevas encrucijadas en las que lo que beneficia a unos perjudica a otros. Pero también surgen nuevos líderes, así como nuevas fórmulas. Una que trajera muchas esperanzas fue el Estado Federal del Istmo, proyecto de Justo Arosemena y los mandatos de Buenaventura Correoso.

Este complejo escenario se presenta en “Relatos bicentenario 1821” como historia novelada, con diálogos sencillos en un lenguaje muy comprensible, pero con gran contundencia que facilitan la tarea de comprender aquellos complejos momentos. Sus personajes son más que creíbles, sus descripciones precisas. Un narrador omnisciente alimenta al lector a lo largo de sus páginas salvo en dos ocasiones en que intencionalmente uno de los personajes toma la palabra y hace el relato. Una forma más directa de que este lector empatice con lo que ellos cuentan.

¿Conocemos nuestra historia? Tal vez no lo suficiente. Y es la razón más poderosa por la que Andrés Villa ha querido dejarnos esta obra donde plasma que “es un error pensar que en este proceso independentista no hubo la gloria de las batallas que se dieron en otras partes. Si se estudian bien los hechos anteriores y posteriores relacionados con 1821, encontrarán algunos que pueden ser tildados de epopeyas”.

Sirva esta colección de relatos para acercar a jóvenes y no tan jóvenes a deshacernos de prejuicios, descubrir nuevos héroes que no necesariamente tendrán uniformes militares o nombres pomposos, a conocer más nuestra historia y a mirarla con otros ojos.